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Al rescate de Fannie Mae y Freddie Mac

La Casablanca ha anunció ayer un paquete de medidas para acudir al rescate de las entidades de financiación hipotecaria Fannie Mae y Freddie Mac, cuyas perdidas acumuladas en los últimos trimestres (más de 11.000 millones de dólares) y los rumores recientes sobre una posible intervención han sido uno de los causantes de las caídas de las bolsas en los últimos días.

Ambas entidades son financieras esponsorizadas por el gobierno federal, y cuya actividad es ofrecer y garantizar préstamos, en definitva compran hipotecas en el mercado secundario a bancos, las empaquetan y las revenden, es decir son una pieza clave en los Estados Unidos para otorgar liquidez al mercado hipotecario y su fallida seria una auténtico terremoto.

Que el horno no estaba para bollos lo demuestra que por ejemplo las acciones de Freddie Mac, en poco menos de un mes, han pasado de 25 a 7$. Entre las medidas adoptadas este domingo, tenemos solicitar al Congreso un crédito de 2.250 millones de dólares para cada una, y autorizar al Tesoro a comprar acciones de las compañías. Veremos cómo sentaran estas medidas al mercado, pero de momento parece que no se produce el peor escenario para los inversores en acciones de las dos entidades (una compra por un tercero al estilo del realizado a Bearn Stearns).

Por cierto aprovecho para poneros un gráfico que encuentro en Econobrowser, donde nos muestra cómo el mercado de vehículos de deuda hipotecaria en los EEUU se ha secado totalmente.

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2 comentarios

  1.    Responder

    Hace pocos días en Estados Unidos el Indy Mac Bancorp, especializado en la concesión de hipotecas, quebró; estos dos que dice el artículo (Fannie Mae y Freddie Mac) están como mínimo complicados; en Inglaterra la cosa parece que no está mucho mejor; Dinamarca ha sido la primera economía de la Unión Europea en ceder al embate de la crisis y entrar en recesión y ¿acabará aquí?

    Me encantaría pensar que si, pero en realidad lo dudo.

    En 1945 explotaron las bombas atómicas, Hiroshima y Nagasaki fueron devastadas, en 1986 explotó la central de Chernobyl; ambos acontecimientos dejaron un tendal en el momento y las consecuencias de las radiaciones se mantienen hasta el presente.

    Con estos antecedentes, o sea el de daños a través del tiempo, sobre hechos puntuales es que veo un símil preocupante.

    La actual situación no es ni por asomo comparable con esos sucesos terribles que al principio enunciaba, pero algo me hace pensar que sus consecuencias, al menos bajo el punto de vista psicológico se manifestarán en algunos en forma contemporánea y en otros, quizás muchos, algún tiempo más adelante.

    La sumatoria de efectos ocurridos en los últimos 10 o 15 años, marcados por las consabidas y archiconocidas baja inflación, bajas tasa de interés (obviamente), bajo precio del petróleo, mucha inversión, mucho trabajo, buenos sueldos, excelente calidad de vida y gran movilidad social, será un recuerdo que nos perseguirá como a un adolescente pauperizado el recuerdo de una su infancia feliz en un castillo.

    Esa generación regada con la lluvia de la fantástica bonanza, formada principalmente por los hijos del Baby-boom y quizás también por sus padres, están en vías de despertar del sueño y por lo menos por algunos varios que conozco, me dan la sensación que siguen remoloneando en la cama, tapándose con la almohada, para que el sol de la mañana no les penetre por los ojos.

    Llega el alba, suena el despertador, la noche ya pasó hay que levantarse, estas consignas metafóricas parecen no querer ser escuchadas y me pregunto que sucederá el día después.

    Si la ola viene de paliza aquí y en Estados Unidos, en Inglaterra y en Dinamarca por citar sólo algunos lugares donde la crisis financiera se está haciendo sentir con elocuencia, donde las subprime están dejando huellas, como si fueran disparadas desde el Enola Gay, existen varias razones y posibilidades para atrincherarse y aguantar el bombardeo.

    Una posibilidad es aceptar la situación, achicarse en lo que se pueda, no asumir nuevos compromisos, bajar a la realidad, poner los pies sobre la tierra y guardar la tarjeta para casos de extrema urgencia o suponer que es pasajero, que aparecerán soluciones antes que nos afecte personalmente y que mientras tanto la van a pasar mal otros, pero yo no porque….., siempre que llovió, paró.

    Si esta es tu opción no pierdas el tiempo en seguir leyendo, aprovecha las rebajas, todavía quedan carteras Louis Vuitton a precios más que convenientes y en las agencias de viajes que plazas para la Polinesia, a precios que quizás nunca se repetirán.

    Tu mismo.

    Pero si continúas, podemos seguir compartiendo algunas dudas:

    No dejo de preguntarme como será el día después, cuando los que se han negado a asumir esta cruda realidad, deban convivir con ella y de una manera u otra tengan, sin más, que reducir el consumo y hasta resignar la calidad de vida, porque a no dudar que si esto se profundiza, como todo parece indicarlo, más de uno deberá cambiar el coche por el autobús y la gran superficie cubierta por otra descubierta, mercadillos, que le dicen.

    ¿Qué pasará con esta generación que se acostumbró a independizarse junto con la entrega del piso, cuando deban postergar la compra de la última tele de superplasma hasta la próxima vez, por las dudas?

    ¿Estarán debidamente enterados que el tema que se viene es la flexibilización laboral, o sea la reducción de costes en las contrataciones incluyendo los congelamientos de salarios y fuerte reducción de las indemnizaciones?

    Fuera de cualquier sentimiento alarmista, alcanza con ver como diariamente los medios dan cuenta de estos temas, todos tratados o impulsados por los más diversos tertulianos o influyentes generadores de opinión.

    ¿Qué pasará en ese momento ¿ ¿Despertarán malhumorados como chiquillos que deben ir a la escuela?

    ¿Se darán un chapuzón en el lago de la humildad o por el contrario tomaran aire en las altas cumbres del resentimiento?

    Poco importa si a esta situación se la llama crisis o si se la designa con otro nombre, la cuestión es la magnitud que supera cualquier disquisición semántica y si el debate se centra en la denominación, estaremos dando una muestra escasa de madurez, es no más que evitar o no poder asumir la obligación de aportar ideas realistas amparados en el nombre de la cuestión, un planteo entre infantil y enfermizo, en límite con la paranoia.

    La reducción del IVA en la construcción puede ser un camino, no hay que descartar ninguno pero quizás acompañado de otras iniciativas concretas, ofrezca mejores resultados y en un plazo de tiempo menor se puedan ver los resultados.

    La retracción del consumo tiene su componente psicológico y está bien que así suceda, lástima que eso no se dio con un grado de mayor responsabilidad en el pasado, que ahora sea producto de las circunstancias y no de un razonamiento debidamente inducido, ya que está claro que estas instancias de perspicacia no fueron la constante general de la última década.

    Quienes han vivido inmersos en esta burbuja, no sólo inmobiliaria, sino de forma de vida, serán la clase dirigente del futuro no tan lejano y sería bueno que fueran preparándose para ello, sin la carga emocional que puede llegar a representar el recuerdo de haber sido y el dolor de ya no ser.

    No hay dudas que el aprendizaje será duro, no será fácil pasar de una economía de bienestar y del todo poder a una situación distinta, donde hasta el más mínimo gasto deba ser analizado en cuanto a si es absolutamente necesario o no lo es.

    Deberá cambiar, aunque suene fatal; el querer por el poder, sin necesidad de enloquecer luego de tomar la decisión, ya que cuando llueve, llueve para todos, pero cuando no llueve, también no llueve para casi nadie.

    Hay muchas cosas por descubrir, el autobús, la medicina de la seguridad social, los pisos sin piscinas, los trabajos pagados casi al valor del convenio, el desagobio, la escuela pública, etc., por citar sólo algunos ejemplos, que más vale que se asuman antes que la situación convierta a los poseedores de hipotecas y deudas varias en engrosadores de las listas de morosos y subastados.

    Y luego a “empezar de nuevo” pero esta vez sabiendo que las cosas pueden tener un final, que ningún futbolista se retiró a un paso de la jubilación, que la vida no es eterna y que cuando uno menos se lo espera puede cambiar el clima y hace falta un abrigo.

    Muchos se la creyeron y lo que aún es peor, todavía no la entienden, aunque digan que tienen un amigo que trabaja, trabajaba o trabajó en una constructora o en una inmobiliaria y que ahora está en el paro.

    Todavía se está a tiempo, no dejemos pasar la oportunidad, la máquina pisa-tontos no se detiene y puede hacer estragos.

  2.    Responder

    Esta gente han perdido los papeles,estamos jodido con ese personal ;(


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