Casi siempre suele resultar válido el refrán que dice que no hay mal que por bien no venga. Si hace poco comentábamos los efectos que tenían para los consumidores el fuerte incremento en el precio de ciertos productos agrícolas, ahora leemos en The Economist, que al menos, en los países desarrollados, el aumento de los precios nos permitirá ahorrar una cifra significativa de los fuertes subsidios destinados a compensar la falta de competitividad en nuestras agriculturas.
Ya en el 2006, el importe total desembolsado en ayudas a sus agriculturas en los países más ricos del mundo, ascendió a 268 mil millones de dólares, un cifra que aunque colosal, presenta una significativa reducción respecto a los 281 mil millones desenbolsados en 2005 y que aún se podría ver reducida de forma considerable en 2007, debido a que el fuerte incremento de precios a nivel global de los productos agrículas a permitido reducir las diferencias entre los precios de los productos que los agricultores de los países ricos necesitan para asegurarse una mínima rentabilidad y los precios de los mismos productos en el mercado mundial.
A pesar de esto, los consumidores de los países ricos, aún seguimos pagando de media los productos agrícolas un 21% más caros que si los adquiriéramos a los precios que se venden en el mercado mundial. No hace falta indicar que a mi está política de ayudas colosales a la actividad agrícola en los países desarrollados no me acaba de convencer para nada.

Entre las causas que se me vienen ahora a la cabeza tendríamos (y no por orden de importancia), el sobreprecio que pagamos los consumidores, la ingente cantidad de recursos que dedicamos todos a sostener el 0,5% de la población de los países ricos que se dedican a actividades agrícolas, y el perjuicio a los países del tercer mundo que ven que en aquellos productos que son competitivos y que podrían generar riqueza en sus países no pueden ser exportados libremente a los países ricos, y el grueso de las ayudas no las percibe el pequeño agricultor sino grandes empresas o terratenientes.


















