Banco Malo y Rescate: las caras de una misma moneda

Manuel Caraballo | 12 de Septiembre de 2012 | (28)

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pobreza

En una de las partes de “el efecto pobreza” comentaba que de la buena gestión que se haga del “banco malo” dependerá en buena medida que seamos los contribuyentes los que paguemos los excesos de la fiesta inmobiliaria, y dejaba claro que el precio que se asignen a los diferentes activos es una variable clave en todo este asunto.

Por un lado, “si los activos se valoran demasiado altos, debiéndolos vender posteriormente a un precio inferior, ningún inversor estará interesado en participar y por tanto serán los contribuyentes quienes asumamos esos costes; y si se valoran demasiado bajos, el “banco malo” será una inversión interesante, pero los contribuyentes deberemos acudir al rescate de los bancos para evitar su quiebra”.

En cualquiera de los dos casos parece que los contribuyentes no saldríamos bien parados, salvo que en el segundo caso, el dinero público no salga al rescate de los bancos en quiebra y sean sus propios accionistas los que hagan las aportaciones correspondientes a través de ampliaciones de capital, los que se hagan cargo de dichas pérdidas. Igual que cualquier otro tipo de empresas.

Por otro lado, si tememos los daños hacia los acreedores –básicamente bancos e inversores internacionales que prestaron alegremente dinero a bancos que se dedicaban a financiar una burbuja– resulta que se trata de inversores, que por propia definición deben asumir riesgos. A veces los negocios salen bien y otras mal, de ahí que se cobre un interés por el riesgo asumido. Hasta aquí, nada que no esté en cualquier manual de economía básica.

Una alternativa para estos acreedores es que los bancos transformen esas deudas en acciones del propio banco. Es justo lo que muchos bancos han hecho con importantes empresas promotoras y constructoras de las que eran acreedores. Éstos sólo tienen que esperar el tiempo suficiente para recuperar su inversión, o recuperar una parte de ella si deben buscar liquidez de inmediato y resulta que los valores de venta de esas acciones han bajado en relación al momento que las recibieron.

Lo del temor de nuestro gobierno a la “sistematicidad” de nuestros bancos (o ex-cajas), me inclino a pensar que tal problema no existe –si exceptuamos al Santander, BBVA y tal vez a CaixaBank–, y que realmente lo que se está haciendo es defendiendo los intereses muy concretos de una parte de nuestra casta financiera, además de intentar tapar la penosa gestión de entidades dirigidas por políticos y sindicalistas. Y nada más que eso.

De la correcta elección de las alternativas que tiene el gobierno en estos momentos, valoración alta o baja, dependerá la recuperación de nuestra economía –entre otros muchos aspectos–, y me explico:

Valoración demasiado alta:

Los activos deben venderse posteriormente con un descuento que hará caer en pérdidas a la entidad gestora (banco malo). Esto hace que los inversores no quieran entrar en el capital de dicha entidad, debiendo asumir todos estos costes el FROB, es decir, el contribuyente.

Por lógica, los directivos de la entidad esperaran tiempo para ver si el mercado reacciona, si los precios pueden repuntar durante algún tiempo, tal vez años, y finalmente deberán asumir, como ocurre permanentemente en el sector desde hace cinco años, que los precios de mercado son inferiores y que no queda otro remedio que asumir las pérdidas.

Esta forma de proceder hace que el nivel de precios inmobiliarios de la economía, al comportarse la entidad gestora como un oligopolio, bajen pero de forma demasiado pausada, en lugar de producirse en ajuste rápido de los mismos.

Todos estamos de acuerdo que esa ralentización de los precios durante todos estos años de crisis contenidos por la propia banca, es la responsable en buena parte de la falta de crédito “normal” para las inversiones y el principal aniquilador de empresas y puestos de trabajo en nuestra economía. Dotar al sistema de un fuerte argumento para seguir con la misma política supone condenar a España a una larga y dolorosa travesía en una crisis con el 25% de desempleo, o más.

Valoración demasiado baja:

Participar como inversor en la entidad gestora (banco malo) puede ser interesante. De esta forma el FROB efectivamente sólo entrará a participar con el 50% tal como se ha indicado por el Decreto-Ley correspondiente aprobado por el gobierno.

Los activos que se vendan posteriormente lo harán a precios de mercado –necesariamente inferiores a los actuales niveles a los que los vende la banca–, la liquidación definitiva de esos activos será más rápida y la limpieza del sistema financiero sería total.

El problema es que la compra de esos activos a precios “demasiado bajos” producirá la quiebra de varias entidades financieras.

He repetido en varias ocasiones que en EE.UU. han quebrado más de 200 entidades en lo que vamos de crisis, y salvo una o dos importantes, las demás han pasado por los periódicos, sin pena ni gloria, excepto para los accionistas, inversores que asumieron un riesgo y por el que cobraron intereses en su día, como cualquier accionista de una empresa normal y corriente.

Por contra, la economía estaría liberada de este lastre, habría más confianza en los agentes, la prima se reduciría, habría motivos para que el crédito fluyera (no como en la época de la burbuja, que para eso es una burbuja), sino a un nivel “normal”. La economía tendría oxígeno para recuperarse, amén de otras medidas de política económica que no vienen ahora al caso.

 

La cuestión es la siguiente, ¿estamos obligados los contribuyentes a rescatar a entidades privadas con enormes aportaciones que arrastrarían a España a una situación de riesgo inasumible?, o ¿es preferible una quiebra ordenada de las entidades menos eficientes y que asumieron unos riesgos excesivos?

Recordemos que la primera opción, una valoración demasiado alta, hará sin lugar a dudas que la mala gestión de las entidades financieras deban ser cubiertas con dinero del contribuyente y, dado el monto de las mismas, España irá directa al rescate. De ahí que esas dos opciones en la gestión del banco malo y el rescate sean las caras de una misma moneda.

Foto vía Manuel Caraballo


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  • Tino Blanco

    Banco Malo o Banco caído del Guindo.
    El Estado adquiere los activos tóxicos con dinero público, es decir con dinero del ciudadano.
    El FROB se surte en gran parte con dinero público o con fondos que están respaldados por el Estado y que luego tendrá que devolver con intereses. ¿Sobre quien recaerá? Sobre el ciudadano. El Estado avalará si es preciso las operaciones financieras de otros Bancos que participarán en el Banco Malo. ¿Con qué avala el Estado? Con dinero público, o lo que es lo mismo, de los ciudadanos. ¿Adivinan quien saldrá perdiendo si el Banco Malo no se pudo deshacer de estos activos tóxicos en el plazo de aquí a quince años? Yo se lo digo, el ciudadano.
    Luego no entiendo bien esto, si los bancos se hicieron con estos inmuebles, ahora activos tóxicos en las ejecuciones hipotecarias, y además de tener una parte de la hipoteca liquidada, las adquiere por la mitad de la deuda o por debajo de tipo de subasta, quiere esto decir, que si ahora vende por la mitad o el 30% ó el 40% del valor del inmueble, tiene que haber muchos casos en los que ya se recuperó el importe del crédito concedido. Pero resulta que además, en otros tantos casos, el deudor, después de ser despojado forzosamente del bien, siguió debiendo dinero al banco. Hay algo que no me cuadra en todo esto.
    Creo que hay quien está haciendo negocio,pero lo que no me cabe ninguna duda, es quien sale perdiendo en todo caso. El Ciudadano.
    En cambio, si hubieran dejado quebrar al Banco, únicamente perdería el Banco y los accionistas. ¿Que hubiera sido mejor?
    Para mí dejar caer al banco, por supuesto.
    ¿Se acuerdan del Lazarillo de Tormes? cuando aquello de … Lázaro, engañado me has; ¡juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres!
    -No comí- dije yo-, mas ¿ por qué sospecháis eso?
    Respondió el sagacísimo ciego:
    -¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos, y tú callabas.
    Pues eso, aquí hay quien no se las come de tres en tres, se las come todas de una tacada.
    Se me olvidaba, ¿A cargo de quien van los gastos de mantenimiento, de la contribución y de comunidad, etc. etc., que conlleva la propiedad de estos inmuebles denominados activos tóxicos?

  • twitter_ARQUITASAcat

    Buen artículo.
    También hemos hablado de ello:
    http://www.arquitasacatalunya.cat/page/2/?lang=es

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  • Pingback: ¿Crecer como Francia y Alemania? « Manuel Caraballo

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