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Firmar un contrato con el banco es un acto muy riguroso en teoría pero lleno de zonas grises en la práctica. Todos sabemos que las comisiones son regateables, que ser amigo del banquero ayuda, y que hay muchas cosas que nunca quedarán reflejadas en el papel. ¿Debemos permitirlo y fiarnos del acuerdo oral? ¿Hasta dónde?
El último escándalo de participaciones preferentes de la CAM, o la Caixa con el canje de las preferentes de CaixaBank u otros productos de otras entidades ha destapado una realidad: lo que prometieron los banqueros (“cuando lo necesites, podrás tener tu dinero en 48 horas”) no se ha cumplido. Y eso que en este caso no se trataba de desinformación ni de mala voluntad sino de que, a causa de la desconfianza en la solvencia de nuestros bancos, las participaciones preferentes han dejado de ser “colocables”. ¿Resultado? Ahora lo que prima es el contrato y lo que dice el contrato es que si vendes o no vendes es cosa tuya y que el banco no tiene obligación de devolverte el dinero. ¿Qué hemos aprendido?
Al contratar un depósito se pueden cerrar al menos 2 acuerdos que no constan por contrato: (1) eliminar las comisiones de la cuenta asociada y (2) poder cancelar antes del plazo sin penalización. En estos casos no solía haber problemas hasta que los múltiples SIP, fusiones y absorciones de cajas y bancos han puesto patas arriba cientos de oficinas: directores de sucursal destituidos, nuevas políticas repentinas… ¿Resultado? “No sé qué te prometió el anterior pero eso ahora no puede ser”. ¿Qué hemos aprendido?
Las denuncias por cláusulas abusivas, como suelos o swaps, tienen algo en común: los afectados aseguran no haber sido debidamente informados por su banquero aunque en el contrato constaran todas las condiciones. ¿Qué hemos aprendido?
En general, regatear o tener un trato favorable extracontractual con el banco puede sernos favorable cuando se trata de cosas pequeñas o poco importantes: ahorrarnos comisiones en cuenta, medio punto arriba o debajo de rentabilidad… Ha sido una práctica habitual hasta el momento. Lo que no es aconsejable, sobre todo en tiempos de cambios e incertidumbre como los actuales, es correr riesgos con los ahorros de toda la vida, un seguro que vamos a pagar durante 10 años, etc. Ahí, el papel manda y a las palabras… se las lleva el viento.
NOOOOOOOOO
Los empleados de banca, muchos no saben lo que venden, otros que lo saben solo defienden a sus señores, Cuidado con los engaños, sus palabras hoy por hoy no valen nada, solo vale lo que firmamos.
Hay mucho inmoral y golfo entre los empleados de banca
¿Se pueden negociar los contratos? sería más bien la pregunta. Como empleado en entidad financiera mi respuesta es que el margen es muy pequeño. Si bien es cierto que algunas comisiones (cada vez menos) y tipos (cada vez más altos) se pueden negociar, al leer el clausulado de los contratos te puedes topar con que dejas la puerta abierta a la entidad para “suspender” o “revocar” las condiciones en ciertos supuestos (que rozan la discrecionalidad). Sucede casi igual que cuando contratamos un seguro, una línea de teléfono… etc.
Ahora bien, que esto no sirva para demonizar a los empleados de banca. Nunca es bueno generalizar. Las participaciones preferentes tenían una liquidez de 48 h. hasta el cambio de legislación de este pasado año. No olvidemos que se comercializaron a principios de siglo.
La penalización por cancelación anticipada ha existido siempre. Una imposición a plazo siempre tiene mejor tipo que una cuenta remunerada por la certidumbre del precio.
Por cierto, en esta epoca de mercado convulso, donde el crédito está más difícil, se estan pagando “extra tipos” sobre el precio del dinero y todavía no he leído ninguna queja al respecto. ¿Si no cobras más por los créditos como pagas los extratipos?. Y aquí también la legislación (Basilea) es la que origina esta cadena.
En cuanto a los derivados, muchos se comercializaron de buena fe, pensando en una inminente subida de tipos que nunca llegó. Me consta que en las ejecuciones hipotecarias se esta “condonando” el cobro estos productos.
Nada más. Quería romper una lanza a favor de la profesionalidad de la inmensa mayoría de los empleados de banca. Recalcar que la mayoría de los productos comentados, también se comercializaron a familiares y amigos de los propios empleados. En estos próximos meses vamos a ser los más afectados por las más que probables fusiones. Si, también nos llega la crisis. No pretendo dar lástima, sino defender nuestra profesión, tan digna como cualquier otra.
No, pero no de los banquero sino de nadie.
El problema con los banqueros es que mucha gente se piensa que son asesores financieros pero lo que evidentemente son es comerciales. Asi que no hay que fiarse de ellos, y hay que buscar asesores financieros reales que nos permitan comparar productos de manera objetiva.
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