Bueno, pues parece ser que la Reserva Federal estadounidense, a tenor de las manifestaciones de Bernanke a finales del mes pasado, y tras el anuncio del billón (americano) de dólares para el FMI y la reactivación del comercio, va finalmente y como no podía ser de otra forma, a darle al botón de imprimir billetes.
¿Por qué? Porque necesitan cantidades ingentes de pasta gansa para poder financiar los desaguisados de bancos, la ineficiencia energética de los productos de automoción americanos, y los otrora tan felizmente celebrados excesos inmobiliarios de todos en general, entre otras cosas. Como era de prever, pero casi nadie previó, para poder consumir cada vez más y más, en el nombre del estado de bienestar, nos tuvimos que endeudar, creando una bola de nieve en la que, para poder seguir con el tren de consumo, necesitábamos cada vez endeudarnos más.
Se nos olvidó que las deudas hay que pagarlas, si bien no creo justo echarle la culpa sólo al consumidor, como bien apunta Onda de Elliot al final de su post, la fiesta fue celebrada por todos. Nosotros, los de este lado, entramos al crédito fácil cual corderitos que van al matadero. Esto es lo que gobiernos y bancos centrales, como reguladores del cotarro, deberían haber protegido más: El consumidor es la pieza fundamental de este sistema económico, y no tiene ningún sentido atarle las manos a la espalda.
Resumiendo, que lo que han conseguido es exactamente estrangular la gallina de los huevos de oro a base de engordarla y luego exprimirla.
De lo que no cabe duda, es que con el tiempo, saldremos de ello. Mejor o peor, con más o menos perspectivas de recuperación rápida, pero saldremos. Ahora bien, la pregunta es ¿Y luego? ¿Cuál y cuándo será la próxima burbuja?
¿Podría darse el caso de una burbuja global? Esta vez, nos hemos acercado bastante a ello… Propongo un ejercicio mental un poco extraño: Para simplificar, vamos a suponer por un instante que el mundo es un gran mercado y a intentar ver los continentes y países más representativos como empresas. Así, siguiendo una clasificación estilo “Peter Lynch” tendríamos las sólidas (EEUU), las lentas (Europa y Australia), las recuperables (Japón), y, sobretodo, las de crecimiento rápido: Asia, Países del Este de Europa, Latinoamérica y África (este último caso, cuando consiga despegar, por supuesto). Supongamos que el problema del hambre no existe como tal, y que la gente vive en un estado de “bienestar” mínimo en que no ha de preocuparse por encontrar agua, tener pan o por enfermedades gravísimas.
Olvidémonos en lo posible de consideraciones políticas, nacionales y religiosas, simplifiquemos al máximo, para tener una visión muy reducida, cierto que falsa, pero sin condicionantes. ¿Cómo se va a comportar este mercado? Y lo más importante… ¿Cómo nos vamos a comportar nosotros?
Los mercados en los tres continentes del primer mundo, están prácticamente saturados. Las empresas necesitan abrir nuevos mercados. Bien, para eso están los emergentes… Pero los habitantes de esos emergentes no tienen dinero: no hay problema, les damos acceso a ello vía créditos, aunque los endeudemos con narices, todo sea por un cuartillo más en los resultados trimestrales o por un puñado de votos, según el caso.
Cada vez más y más, principalmente debido a su natural tendencia a intentar mejorar, pero también potenciado por una cierta inconsciencia, la gente entra al trapo y concierta préstamos, algunos muy necesarios, y otros bastante superficiales, primero para una casa, cuestión de primera necesidad. Después viene el coche, que el cuatro latas lo tengo ya un pelín cascado, y me lo financian con sólo treinta mil euros más en la hipoteca. Luego, un apartamento de vacaciones, que lo merecemos todos además de ser un buen sitio donde poner los ahorrillos con un crédito al consumo me ventilo la ropa de la niña (de marca, que se note que podemos) y el coche teledirigido con motor de gasolina en cuatro tiempos, regalo de fin de curso para el niño (hay que motivarle, que sólo le han quedado tres). Que no les falte de nada, que para eso mi abuelo hizo la guerra y pasó hambre y frío de narices…
Desde el otro lado de la ventanilla, también es fiesta: Si además de la hipoteca les “vendemos” a estos pardillos unos creditillos a interés variable bajo, les ponemos dos lazos al cuello. La hipoteca engordará solita cada vez que suban los tipos que ahora estamos bajando, y el crédito al consumo… Bueno, ese nos lleva directamente a la burbuja, pero ¡Qué narices, de eso ya nos preocuparemos! Si lo vemos muy mal, emitimos deuda para hacer líquido y tapar el boquete. Y más tarde, para pagar esa deuda, le damos al botón de imprimir, endeudándoles más automáticamente. De momento, las empresas producen y hacen dinero a mansalva, lanzándose borrachas de éxito a comprar otras empresas por un precio ridículo, pero no importa: todo va viento en popa… ¡No sea usted agorero, leñe…!
Tiempo después, posiblemente lustros, todo el globo está endeudado hasta las pencas. La pregunta obvia es: “Y entonces… ¿Qué?” Pues en esa situación, sólo caben tres vías: La primera es endeudar más al consumidor, para seguir con el ritmo de consumo. Y eso es una huida hacia delante que ya sabemos donde lleva, con el agravante de que entonces no tendremos ningún mercado emergente del cual tirar, al menos en este sistema solar…
Otra posibilidad es imprimir billetes. Las consecuencias de ésta medida se explican bastante mejor de lo que yo lo haría en este post del Blog “Cifras Ocultas”. La última opción es deshinchar la burbuja de golpe, pero da miedo pensar en ello, pues las consecuencias pueden llegar a ser catastróficas: recordemos que, una vez más simplificando muchísimo, buena parte de las causas económicas de la Segunda Guerra Mundial se gestan en el crack del ’29.
No me gustaría terminar este post sin dar al menos un atisbo de solución, aunque sólo sea parcial y probablemente discutible. Seguro que a vosotros se os ocurren más y mejores soluciones para ello. En mi humilde opinión la cadena se empezaría a romper con dos medidas.
La primera, con educación financiera. Tenemos que salir del analfabetismo financiero general en que estamos sumidos. Requiere esfuerzo, algo a lo que quizá no estamos acostumbrados, perder tiempo leyendo, aprendiendo, y también algo de dinero confundiéndose. También requiere mantener el foco siempre en el futuro, intentando mirar siempre a largo plazo, no dejándose seducir por la inmediatez del corto plazo. Igual es mejor que mi hijo se quede unos años sin el coche teledirigido y aprenda a desearlo y a luchar por ello ahorrando, y mi niña no necesita ir vestida como la reina de Saba para ser la más bonita del mundo.
Tener todo no va a cambiarles la vida. Pero sí lo puede hacer enseñarles a ahorrar y consumir con cabeza, a endeudarse cuando no quede más remedio y gastar lo que sea necesario, guardando lo que sobre para cuando vengan mal dadas. No digamos la estupenda herencia que les puedo dejar si me endeudo en exceso y por alguna razón, desaparezco. Informémonos y pensemos antes de actuar. Nos crean necesidades que no tenemos, añadidas a las que sí tenemos, de tal forma que un consumidor medio no sea capaz de distinguir unas de otras, y así cuando uno compra algo, la última pregunta que se hará es “¿Realmente necesito esto?”.
La otra medida no depende tanto de cada quién, sino de los distintos gobiernos, ahora que se reúnen tanto: La vuelta al patrón oro (bueno, oro, trigo, piedras o lo que sea). Si los países no pueden imprimir más papel que lo que marquen sus reservas de algo, tenemos un freno de mano estupendo para no permitir que la máquina se vuelva loca (ver apartados “Desapalancando” y “El insoportable peso de la Deuda” en este post) y nos ahogue a todos en papeles sin valor. Recuerdo vagamente un artículo que vi hace mucho tiempo en una revista en que unos arqueólogos del futuro intentaban reconstruir cómo vivíamos hoy en día mediante el estudio de un edificio de oficinas en que todos habían quedado atrapados por una avalancha de papeles. Así, los científicos deducían toda suerte de hilarantes conclusiones, como por ejemplo que el “rey” era uno que había sido sorprendido por la avalancha en el baño, sentado en el “trono”, leyendo un periódico, y la escobilla era el cetro. Que no nos ocurra eso mismo, que no nos entierren entre billetes verdes que, además, no tengan valor alguno.
Nota: Si alguien recuerda el artículo que menciono, por favor, estaría muy agradecido si me pudiera dar alguna indicación de cómo encontrarlo. Gracias por adelantado.
El video Zeitgeist ya fue recomendado por Pujator.
“When you are old enough to read these words
Their meaning you’ll unfold
These words are all that’s left
And though we’ve never met, my only sun, I hope you know
That I‘d have been there to watch you grow
But my call was heard and I did go
Now your mission lies ahead of you
As it did mine so long ago…”
“Defender”, Manowar. Introducción narrada por la voz original de Orson Welles dos años antes de su muerte.



















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