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Globalización y contaminación ¿un tópico?

contaminación globalización inversión países emergentesMuchas veces hemos oído la idea de que las grandes multinacionales abren plantas de producción en países en vías de desarrollo para aprovecharse de una legislación mediambiental menos estricta.

Tras leer el libro de Tim Harford “El economista camuflado” (the undercover economist) del cual me proclamo abiertamente fan número 1, he encontrado un par de reflexiones que nos arrojan bastante luz respecto a lo expuesto en el párrafo anterior.

El fin de cualquier empresa es el beneficio económico y por tanto el retorno de la inversión a sus accionistas. El principal problema se divide en dos partes:

  1. la dificultad de cuantificar el coste de la externalidad asociada a la contaminación producida por una planta. Si esto fuera relativamente fácil, podría repercutírsele a la empresa en cuestion, de forma que ésta estuviera interesada en minimizar dicho impacto, por la cuenta que le trae a ella y a sus accionistas.
  2. al efecto anterior se le suma la disparidad de criterios (diferencia de regulaciones entre país y país) que hace que el coste económico de la contaminación en algunos páises sea mínimo (si existe).

La visión de Harford va más allá. Él argulle que la motivación de una empresa para situar o mover una planta a un país es el de la búsqueda de la mano de obra más económica y no el hecho de contaminar a un menor coste. De hecho las nuevas plantas que se contruyen suelen ser más eficientes y por tanto menos contaminantes, ceterir paribus.

Para soportar lo anterior, afirma que las inversiones que más han crecido durante los últimos 10 años en EEUU son las asociadas a las industrias más contaminantes. Ésto no es debido a que la regulación en EEUU sea especialmente laxa, sino al tipo de industria (seguro que la legislación angoleña, si existe, es más permisiva). El tipo de industria que va a los países en desarrollo suele ser intensiva en mano de obra: téxtil, calzado, juguetes, agricultura, etc. Por el contraro EEUU atrae industria intensiva en capital, en definitiva grandes plantas de producción automatizada, que buscan la estabilidad política. ¿Tiene sentido trasladar a Angola una planta química para ahorrar los costes asociados a la regulación mediambiental? Rotundamente no. De hecho dudo que nadie haya tomado una decisión basándose en este criterio.

Como colofón, entre 1985 y 1995 la contaminación del aire en las ciudades de china en partículas por millón ha descendido conforme se han ido incrementando la inversión extranjera directa.



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14 comentarios

  1.    Responder

    esta muy interesante esta informacion !!1 los felicito muchachos :))

  2.    Responder

    PEP, te recomiendo que abras los ojos … Echale un vistazo a Zeitgeist en Google Video… Y mira como el gobierno de los EEUU masacra a su gente constantemente con excusas.

  3.    Responder

    Pep, lo que haces no es una argumentación, es una falacia ad hominem, cargarte un argumento desacreditando a quien lo pronuncia. Y eso de que es una argumentación “efectiva y no necesita de mayores explicaciones” es tope sólido.

    Por otra parte y puestos a desacreditar a la gente, ¿sábes la cantidad de millones que mueve el negocio del cambio climático? 😉 Subvenciones, plazas para investigadores, fondos para campañas, donaciones, etc… Hay más de uno y más de dos que han hecho un carrerón con el cambio climático, empezando por Gore y acabando por los asesores para el cambio climático y la sostenibilidad pillando plaza en ayuntamientos de 10 mil habitantes… todos ellos, obviamente independientes, veraces y comprometidos 😉

    Ahora si quieres investigar sobre “el apareamiento del saltamontes moteado en el Gobi” no tienes más que retitular tu investigación “la influencia del cambio climático en el apareamiento del saltamontes moteado en el Gobi” y date por financiado. Eso sí, las matrículas para ingeniería nuclear o física nuclear han caido en picado 😉

    Es posible que la esposa del césar además de ser casta deba parecerlo, pero en todas partes cuecen habas.

  4.    Responder

    Curiosas las credenciales de la mayoría de personas que salen en el video, ¿verdad?
    http://www.desmogblog.com/node/1316
    http://www.desmogblog.com/node/1279

    Detrás de ellos, lobbies, industria energética, etc.

    Sí, sí, es una argumentación fácil pero efectiva y no necesita de mayores explicaciones: “Dime con quien andas y te diré…”

  5.    Responder

    La gran mentira del calentamiento global:

    http://www.viddler.com/explore/unrebeldemas/videos/1/15.345

  6.    Responder

    airgraphics mercy loach sphaerium coffeepot unrestrainable pained sakel
    Swayo.org
    http://www.segnet.com/

  7.    Responder

    Alvaro, gracias por el enlace. Lo añado a mi lista de cosas para leer.

  8.    Responder

    Ivan, en el enlace tienes el capítulo 2 del libro de William Baumol, Good Capitalism, Bad Capitalism, (de hecho está el libro completo) en el que se habla de los límites del crecimiento, de su influencia o no en la globalización, y otros temas sin alarmismos. El libro habla del capitalismo como de una máquina de innovación y eficiencia, no exenta de partes oscuras y problemas. Pero de hecho con una visión más optimista que otra cosa.

    http://www.yalepresswiki.org/wiki/Good_Capitalism%2C_Bad_Capitalism/Chapter_2

    Pep, no todos los autores opinan como los que citas. El problema que yo veo es que el ecologismo de corte utópico ha sido adoptado como bandera por la izquierda desde la caida del Muro. Y el caballo de batalla ahora es cuestionar el modelo capitalista en base a la presunta insostenibilidad del crecimiento, con argumentos de un malthusianismo más bien rancio.

    Para mi esta politización del ecologismo puede ser (y creo que está siendo) contraproducente, en tanto puede producir rechazo hacia el propio movimiento y muchas de sus iniciativas, que son positivas.

  9.    Responder

    Gracias Pep.

    Leeré estos libros para seguir profundizando en el tema de la imposibilidad del crecimiento infinito. También le echare un vistazo al documento de la European Environment Agency. Me parece una magnifica iniciativa por parte de la UE el dejar claro cual sería el coste de actuar y cual el de no hacerlo desde una perspectiva económica. A la gente en cuanto le tocas el bolsillo, todo lo entiende 😉

  10.    Responder

    Iván, no soy ningún experto pero justamente estoy empezando a leer sobre estos temas.

    Un par de libros cuya lectura (algunas de sus partes, no los he leído enteros) me ha parecido muy interesante:

    – Carpintero Redondo, Oscar (1999). “Entre la economía y la naturaleza”. Fundación 1º de mayo.
    – Martínez Alier, Joan (1984). “L’ecologisme i l’economia”. Edicions 62, Barcelona.

    En el primer libro, entre otros temas, se argumenta sobre la insostenibilidad del crecimiento indefinido desde una perspectiva de sistemas. Carpintero inscribe el sistema económico dentro del sistema humano, y el sistema humano dentro del sistema natural. Si admitimos unas fronteras o limitaciones al sistema natural, deberemos forzosamente admitir unas fronteras al sistema humano y en consecuencia también al sistema económico.

    La tecnología puede ayudar a rentabilizar más y mejor los recursos de los que disponemos, pero mientras estos sean limitados (y lo son, nadie lo discute), seguiremos teniendo límites al crecimiento. El tema es ver en si nos afectan o no a corto, medio o largo plazo. A través de los años, los más catastrofistas han creído que el fin era inminente y, aunque al final se ha desmentido (véase Malthus) y el lobo no ha apareciedo, no es para tomar a broma su presencia.

    El segundo libro es de un autor, Joan Martínez Alier, que haría las delicias de muchos contertulianos: un economista marxista/guevarista convertido al ecologismo hace muchísimos años. A pesar de su perfil, en el libro expone algunas reflexiones curiosas e interesantes, también discutibles.

    Por ejemplo, demuestra la insostenibilidad del programa brasileño de producción de biocombustible a partir de un balance energético. Estos cálculos vuelven a estar de actualidad, pero en 1.984 ya se plantearon. Por eso, el libro da una perspectiva histórica interesante.

    Después, últimamente tienes el informe de la European Environment Agency (2007). “Climate change: the cost of inaction and the cost of adaptation”.

    Por último, sobre la insostenibilidad del crecimiento indefinido, está bastante bien argumentado tanto en el libro de Oscar Carpintero como en el libro de

    Pascual Trillo, Jose Antonio (2000). “El teatro de la ciencia y el drama ambiental”. Miraguano, Madrid.

    en el que hace una reflexión sobre las ciencias ambientales y la necesidad de aplicar una visión sistémica a nuestro entorno.

  11.    Responder

    Pep, grácias por tu reflexion. Muy enriquecedora. ¿Podrías darnos algunas referencias más sobre esos libros de los que hablas que tratan estos temas?

    Yo soy sólo un aficionado a la economía. Y últimamente me asalta una duda que me gustaría plantear a ver si alguien me puede ayudar a encontrar la respuesta recomendandome algún libro que hable de ello. Mi pregunta es: ¿Por qué todo el mundo da por hecho que la economía debe de crecer y crecer indefinidamente? ¿Acaso no es eso insostenible eternamente? ¿No hay un punto de equilibrio en el que, de algún modo, estemos lo suficiente o razonablemente bien como para que no crecer no suponga empeorar? Se que estamos lejos de ese punto, pero supongo que algún día (quizas dentro de 4 siglos 🙂 ) deberíamos llegar a él.

    Gracias

  12.    Responder

    A cuento de “la dificultad de cuantificar el coste de la externalidad asociada a la contaminación producida por una planta”, es muy interesante la lectura de distintos libros y artículos sobre ecología y economía.

    En http://www.eoearth.org/article/Total_economic_value, la economista ambiental Dominika Dziegielewska se refiere a la cuantificación del valor total de un producto. Por un lado, diferencia entre el valor de uso y el valor de no uso. El valor de uso, lo divide entre el “Valor de uso directo”, “Valor de uso indirecto” y “Valor potencial”. El valor de no uso lo divide entre el “Valor de existencia” y el “Valor de legado”.

    Esta diferencia es muy interesante porque, según argumenta la autora, el mercado es capaz de determinar bastante bien “Valor de uso directo”. Sin embargo, se muestra incapaz de revelar correctamente el resto de valores, cuya suma a menudo sobrepasa de mucho el primero. De tal manera, es necesario hallar mecanismos para cuantificarlo y así poder averiguar el valor real de los productos (y en consecuencia, su coste).

    ¿A qué viene esta reflexión? En los países desarrollados hemos ido tomando consciencia de estos hechos y poco a poco se está intentando cuantificar adecuadamente los costes de la contaminación y de los productos. Por esta razón, hace poco la Unión Europea publicó el informe “El coste de la adaptación y el coste de la inacción” y lo notició bajo el titular “Adaptarse cuesta 3€ por persona a la semana, no actuar tendría unos costes de 50€”.

    De esta conscienciación se deriva una mayor regulación y más controles que vienen a atenuar los costes indirectos y representan una mayor carga para las empresas. Por tanto, las empresas sí se ven muy afectadas por el tema medioambiental y lo natural es (discrepo aquí con el post) que el tema medioambiental forme parte de la toma de decisión de trasladar las fábricas a lugares donde no les resulte tan costoso establecerse.

    Yo no hablo de Angola, pero sí de Argentina y Uruguay. Un ejemplo debatido: una empresa sueca de papel que se instala en el Río de la Plata, en la frontera entre ambos países. La polémica está servida y es de todos conocida.

    Dicho esto. Los argumentos “1) las empresas nuevas que se instalan en países en vías de desarrollo” y “2) en china se ha reducido la contaminación del aire” no son argumentos contradictorios.

    La contaminación proviene a menudo del derroche y el derroche, en el fondo, es un gasto extraordinario. Por eso (aquí viene el típico argumento neoliberal) las empresas son las primeras que están interesadas en evitar la contaminación, pero (eso lo obvian en el argumento) siempre y cuando el coste directo de la adaptación resulte menor que el coste directo de la inacción. O dicho de otro modo, siempre y cuando hacer frente a la contaminación les ayude a reducir los costes directos.

  13.    Responder

    Es un libro magnífico. Creo que en su capitulo 4 están las bases para la solución para conseguir las reducciones necesarias en emisiones y conseguir un mundo más coherente.

  14.    Responder

    gran libro, muy recomendable para todos los lectores de este blog. Lo que está claro es el sistema capitalista, con todos sus defectos, es el mejor para atacar cualquier reto porque ¿acaso no quiere todo el mundo que haya progreso económico?. Entonces a partir de ahí seamos lo más eficientes posible.

    Y los ecologistas de salón y otros chupópteros en general, dejen de hacerse pajas mentales y veamos cuánto nos cuesta dicho progreso (contaminación, sociedad, calentamientos varios…) en términos medibles y objetivos. Igual muchos de ellos se quedaban sin “trabajo”…


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