Impuesto sobre la transacciones financieras, subida del IVA, IRPF hasta el 56% en Cataluña, tasas, copagos, incremento del impuesto sobre las plusvalías y ahora parece que nuestros “amados” gobernantes han dado con el brillante idea de gravar los depósitos.
El impuesto sobre los depósitos bancarios que anunciado el martes la Generalitat de Cataluña es una muestra más del grado de confiscación y perversidad al que han llegado nuestros líderes políticos.
Ponemos el impuesto sobre los depósitos que a diseñado la Generalitat de Cataluña como ejemplo de cómo abandonar el principio de KISS (Keep it Simple Stupid) y crear un nuevo impuesto para complicar la vida a todo el mundo.
Los bancos serán los encargados de autoliquidar anualmente dependiendo de su volumen de depósitos, con un tipo impositivo que oscilará –antes de bonificaciones– entre el 0,3 y el 0,5% del total.
Por pretender, se pretende que los bancos, no trasladen el coste de este nuevo gravamen a sus clientes. Y no sé si alguién en el Gobierno de la Generalitat se ha puesto a pensar cuales son los márgenes del negocio bancario.
No me caen especialmente bien los bancos, pero por ejemplo CaixaBank cerró el 2011 con unos 1.052 millones de euros de beneficio. Suponiendo que la idea de grabar los despósitos se aplicará en todo el ámbito nacional, el 0,5% del total de sus más de 128.800 milllones de euros depositados por su clientela son unos 650 millones de euros a pagar por CaixaBank es decir aproximadamente el 65% de su beneficio de 2011.
Pretender o querer vender que la banca no trasladará este coste a sus clientes simplemente mentir o ser burro, porque como no lo trasladen los dos o tres bancos que nos quedan medio solventes se va también a las rocas.
Lo rocambolesco del caso de la Generalitat, es que establece además una serie de bonficiaciones. Para los bancos con domicilio social en Cataluña tendrán una deducción de 200.000 euros sobre la cuota a pagar, y cada sucursal en el territorio cuenta con una bonificación de 5.000 euros, que se elevan a 5.500 si se ubica en un municipio con menos de 2.000 habitantes. Más complicado y perverso no lo pueden hacer, a la práctica un ataque frontal a todo principio de libre competencia, con el objetivo de confiscar 500 millones de euros más.
Me imagino que después de parir la idea del nuevo impuesto, los lumbreras de turno se dieron cuenta que con él se cargaban a los dos bancos que quedan en Cataluña, así que les ha tocado idear un sistema de bonificaciones.
Lo dicho, alguién en el Govern sufre una sobredosis de tripis. Finaliza el año y entramos en el campo de la psicodelia más dura.




















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