J.P.Morgan y la ballena londinense

TheMoneyGlory.com | 18 de Mayo de 2012 | (9)

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Es romántico y bien pensado. En sustitución a los toros y a los osos, los animales más reverenciados de los mercados financieros, por fin otro animal toma el protagonismo de las noticias y se usa para un equipo de negociación. El título más adecuado a la actividad que hacían diariamente es el de “ballena”.

El jueves de la semana pasada la entidad J.P. Morgan, el banco por activos más grande del mundo, presentó unos resultados que preocuparon a la sociedad inversora: más de dos mil millones de pérdidas en operativa de negociación de valores – o trading. La culpa, que es fea y nadie quiere bailar con ella, se la llevó la llamada “ballena londinense”.

El 6 de abril el Wall Street Journal publicó el resultado de un extensivo reportaje donde hacía eco de la presencia de un volumen considerable en la negociación de un CDS.

Un CDS es la abreviación que se le da a los derivados Credit Default Swap, un contrato de derivados que ofrece a su comprador la posibilidad de cubrir el riesgo contra la posible quiebra de una empresa, un conjunto de empresas o un país, por ejemplo.

Los CDS más comunes, y más cuestionados, en el mercado internacional de derivados financieros son los que tienen como base – o producto subyacente – la posible quiebra de un país. Una persona que compra un CDS sobre España cubre los posibles riesgos que tiene este país de la bancarrota. Por otro lado, también puede especular en el posible aumento de la famosa prima de riesgo. Si la prima de riesgo de la deuda española aumenta, el comprador tiene beneficios mediante un CDS.

Mr. Iskil, la ballena

Utilizando estos instrumentos, en Londres un equipo liderado por Bruno Michel Iksil en nombre del departamento de inversiones había logrado hacer ganar a JP Morgan más de cien millones de dólares al año. Mr. Iksil, francés de nacimiento, trabajaba desde París negociando CDS para cubrir los posibles riesgos de la cartera de valores de renta fija y, hasta el día que se publicó el artículo del diario estadounidense, había vivido en el anonimato y exento de cualquier crítica sobre su tipo de actividad.
Iksil atrajo la atención de los medios de comunicación el 6 de abril cuando se demostró que el gran volumen de negociación de un solo participante en un instrumento CDS atraía a los hedge funds, como moscas a la miel, para hacer operaciones de arbitraje.

J.P. Morgan utilizaba el contrato CDX IG9, un seguro sobre la posible quiebra de una media de 125 empresas estadounidenses, para cubrir posiciones y riesgos de la cartera de la entidad financiera, en teoría. Más allá de la aplicación teórica, y según los movimientos de la cartera y las pérdidas presentadas a finales de trimestre muchos llegaron a la conclusión de que la entidad financiera estaba especulando con la posible quiebra de las 125 empresas, y absorbía sin miramientos todos los movimientos que se presentaban en este mercado.

El volumen de negociación de Iksil en este pequeño mercado era tan grande que generaba diferencias evidentes entre el precio del CDS y el precio del producto que representaba – subyacente, también denominado en este caso nocional. Estas divergencias permitían a los hedge funds y operadores especializados entrar en el mercado que ofrecía muchos beneficios y a la vez pocos riesgos.

Según fuentes extraoficiales en la entidad, JP Morgan habría comenzado a generar pérdidas en el preciso momento en que el mercado se volvió contra su predicción, y lo que había sido cobertura ahora era una especulación fallida.
Las posibilidades de encontrar una contrapartida eran más complicadas de lo que parecía: cuando la situación se presentaba de frente la ballena avanzaba y absorbía todos los movimientos de los pequeños negociadores, pero cuando el viento soplaba en contra el mercado era la región más solitaria de las altas finanzas.

Mr. Iskil, la ballena, no sólo estaba solo, sino que debía de hacerse cargo de las pérdidas que generaban los CDS en sus manos.

La situación actual es que los interesados ya saben cuál es la posición de JPMorgan – la ballena – en este mercado de derivados. Cualquier movimiento ocasiona un gran salto en el precio, y si no es con una posibilidad de obtener grandes beneficios pagando un riesgo pequeño, nadie quiere entrar a negociar. ¿Quién quiere un CDX IG9 aparte de la ballena de Londres?

La polémica desde entonces, siguiendo el hilo conductor de toda la historia, viene servida por el modo de aplicación de los derivados en el negocio bancario. Dos mil millones de pérdidas, por muy grande que sean los beneficios de una empresa, no son ninguna tontería, y menos cuando se hacen desaparecer en sólo tres meses y el protagonista tiene el título de Too Big to Fail – demasiado grande para caer y un gasto potencial increíble por los contribuyentes norteamericanos.

Por ello, la ley Volcker, que el 21 de Julio se empezará a aplicarse, deberá estipular los límites de la negociación de estos instrumentos: las entidades tendrán que delimitar la cobertura de los riesgos estipulados y cartografiar con exactitud las relaciones entre los instrumentos derivados y los riesgos de las carteras que se quieran cubrir.
Justamente Jamie Dimon, el rey de Wall Street y director general de JPMorgan, ha sido el primer detractor de la norma Volcker sobre la regulación de los derivados financieros.

Y aunque la crisis, la comunidad internacional, y muchos especialistas han señalado esta operativa como peligrosa, él ha hecho todo lo posible mediante grupos de presión en el congreso de los Estados Unidos para aliviar al máximo posible esta ley.

Estas pérdidas han sido la prueba evidente y perfecta para que el mercado y la prensa pudieran focalizar todas las críticas en un hecho evidente: es material radiactivo. Aunque los resultados de J.P. hayan sido “impresionantes” – 5,38 mil millones de dólares en un trimestre -, y en la globalidad este sistema funcione “correctamente”.

Para Jamie Dimon; que un francés perdiera 2 mil millones de dólares especulando en derivados ha sido simplemente “una tormenta en una taza de té.” (Aunque ahora esos dos mil millones parece que van camino de convertirse en cinco.)

Via The Money Glory

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  • carravin

    Cuanto mas leo sobre los CDS menos los entiendo. Van surgiendo tipos, subtipos,… que lian al inversor menos formado (o mejor dicho, con menos informacion privilegiada).
    Al final muchos traders juegan a la ruleta rusa con estos productos. Y el que juega con fuego…al final se quema.

    • Rambaldi

      Los que pierden con CDSs no son cualesquiera y no son inversores minoritarios. Tengo entendido que se compran en paquetes de 100,000€ y aunque los tengas necesitas cumplir bastantes requisitos.

      La parte positiva de esto es que ayudará a los reguladores a convencerse a si mismos y a otra gente que tienen que seguir impulsando la ley Volcker.

  • dabulper

    Los CDS y demás derivados circulando por el sistema financiero (el casino global) son la bomba (radiactiva) de relojería dentro este sistema económico… tic, tac, tic, tac…

  • Rafa

    Sólo comentar como fe de erratas que por lo que he leído en otros sitios las cifras son en billions anglosajones, o sea miles de millones, no billones de los españoles.

    • http://www.themoneyglory.com Joan Anglada

      Modificado, gracias Rafa!

  • http://zapatillasbaratas.blogspot.com El cateto

    Al final como en la película, se reunen una noche y la música deja de tocar, pero la silla ya la tienen ocupada ellos y los demás nos quedamos con el culo al aire.

    2000 millones de euros.

  • http://www.tiendadeloro.com Sergi

    Lo cierto es que estoy de acuerdo con Carravin, todos los tipos y subtipos de CDS hacen liar al inversor con menos formación.

    Creo que los CDS son una bomba que no debería existir.

  • Pingback: La historia de un crímen y varios castigos de Jérôme Kerviel / L’histoire de crime et de châtiment de Jérôme Kerviel | Aún se puede decir algo más

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