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La financiación de RTVE y el nanai Comunitario

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El modelo de financiación de la televisión pública española, la de todos, salió a escena con su aprobación oficial el pasado 1 de Septiembre. Muchas dudas son las que los escépticos queremos resolver, tantas son, que hasta la Comisión Europea se está replanteado la viabilidad legal de que el Estado esté financiando con dinero público el mantenimiento de este grupo audiovisual.

Para entender todo un poco mejor deberíamos ponernos en antecedentes:

  1. Televisión Española dejará de contar con anuncios tal y como los conocíamos hasta la fecha, ésto acarreará una bajada del 25% en el sector publicitario en nuestro país, ahí es nada.
  2. El nuevo modelo de financiación de este grupo público se basará en dos vertientes muy diferenciadas: los presupuestos generales del Estado y el incremento de las tasas impositivas a las cadenas privadas.
  3. El Estado estima además que se produzca una movilización de muchas de las 4.500 empresas que se anuncian en televisión durante el año 2.008 hacia otros sectores como, por ejemplo, Internet.

Como no podía ser de otra manera la Ley General Audiovisual hizo que muchas asociaciones de publicistas, trabajadores y agencias de medios pusieran el grito en el cielo. Tanto es así que hasta crearon el llamado manifiesto Sin publicidad perdemos todos, un supermanifiesto al que se han adherido miles de trabajadores y cientos de empresas. Total, para nada.

La Comisión Europea, y no debería extrañarnos lo más mínimo, ha decidido abrir una investigación para aclarar no sólo los motivos reales que han llevado al gobierno a promulgar esta ley, sino que además, van a “investigar de forma contundente” si el Estado puede estar ayudando, de manera ilegal y premeditada, a este grupo; algo que podría perjudicar muy mucho la situación financiera y de contenidos de las cadenas públicas de la Forta y de las cadenas privadas.

Personalmente he sido muy escéptico con esta ley, veía casi imposible que las empresas del sector de las telecomunicaciones, tan alejadas de un negocio como el de la televisión, estuvieran dispuestas a pagar tasas impositivas extras sólo por que la Ley General Audivisual así lo estipulaba. No me equivocaba demasiado, las tres grandes operadoras de nuestro país (Telefónica, Orange y Vodafone), han anunciado que si la investigación termina en comisión de investigación comunitaria ellos quieren presentarse como denunciantes ante un claro ejemplo de desagravio comparativo entre empresas públicas y privadas.

En mi opinión lo único que podemos sacar en claro de este desaguisado es, ¿y por qué la televisión pública tiene que dejar de contar con anuncios publicitarios de la noche a la mañana?. No seré yo quién defienda una televisión pública sin método directo de financiación, y menos aún cuando durante los últimos años su déficit de ingresos se ha costeado gracias a partidas y dotaciones de los Presupuestos Generales del Estado, pero quizá esta era la peor dirección que debía tomar el siguiente paso de cualquiera de los gobiernos españoles, sea cual es el partido que lo comande.

La publicidad sí es una opción viable en las televisiones públicas, la propia Unión Europea recomendaba a las televisiones públicas en similares resoluciones anteriores a esta investigación un modelo de anuncios como opciones de información veraz, basados en el entretenimiento y la participación social serían la mejor forma de que el modelo publicitario empezara a sacar las cadenas nacional a flote de su déficit económico.

El miedo debería correr por nuestra mentes si toda la gestión de las empresas públicas empieza a seguir un modelo, independientemente del partido que robe de las arcas en ese momento, en el que no prime una correcta adaptación de la masa monetaria que necesita cada una de ellas para realizar una actividad, no sólo profesional, sino también independiente y capaz de autofinanciarse.  Sería gracioso que el Estado pasara de ser una macro empresa pública que ayuda a sus ciudadanos a otra en donde todo el dinero es trillado por su propio sistema y donde los gastos se comen los ingresos sin mesura alguna.



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7 comentarios

  1.    Responder

    En mi opinión éste ha sido un primer paso para salvar a las televisiones privadas de la caída de ingresos publicitarios. Los grandes beneficiados de esta medida han sido el resto de cadenas que han visto como ha desaparecido un gran competidor del mercado publicitario.
    Con la llegada de la Sexta (otro gran chachullo de los $ociali$ta$), la implantación masiva de la TDT y la crisis económica, las televisiones privadas veían su modelo de ingresos peligrar. Así que nada más fácil que entre todos costeemos la televisión pública y que sus ingresos publicitarios vayan directamente al resto de cadenas.

    P.S: estoy muy desilusionado con la gestión que el gobierno de Zapatero ha hecho estos últimos años.

  2.    Responder

    Muy interesante el artículo y felicidades a Miki por el nombramiento como “guru” 🙂

    Hay varias cosas que me vienen a la cabeza al leerlo. En primer lugar, estoy totalmente de acuerdo con Gonzalo Martón, en que hasta ahora el gran problema es que había una clara competencia desleal. Por otro lado entiendo que a las telecos no les haga ninguna gracia ya que de la misma manera que se puede argumentar a favor de una televisión pública, se podría argumentar que el acceso a internet debería de ser también público. Yo como ciudadano no veo porque tienen que despilfarrar una cantidad de dinero en una televisión que ya no me interesa, mientras yo pago mínimo 30€ religiosamente todos los meses para acceder a internet.

    Conste que no estoy defendiendo este cambio, y básicamente creo que la televisión pública tal como existe, debería desaparecer en favor de otros modelos que aporten más “valor” al ciudadano y la sociedad.

    Un saludo,

    Nairan

  3.    Responder

    La cuestión no es la ausencia de publicidad: es que se financie a costa del sector privado. De hecho, lo que se ha hecho es copiar el modelo francés, que elimina la publicidad (como, por ejemplo, la BBC, que no emite publicidad y se financia con una tasa anual por la posesión de televisor) y acude a las telecos para que contribuyan.

    La clave esencial de la supresión de la publicidad, por mucho que lloren determinados anunciantes y empresas, es que se trata de una competencia desleal en toda regla contra las privadas: no hay riesgo de pérdida o cierre, luego el déficit sistemático se emplea para competir contra empresas que sí tienen que dar dividendo al accionista. Es inadmisible que se pueda crear déficit compitiendo en subastas por derechos deportivos contra el sector privado: eso es lo que pasa con el fútbol y las motos, por ejemplo. O en las compras de cine americano. Si es pública, debe dar, en todo caso, aquéllo que el mercado no provee, y ese no es el caso del fútbol o las motos, que sí tienen operadores privados dispuestos a pagarlo… si no aparece alguien con la chequera lista y paga más que ellos.

    Tampoco debe olvidarse que las televisiones públicas (al menos las españolas y la francesa) tienen descaradas misiones propagandísticas y de creación de identidad nacional, solapadas en grandes valores morales (del tipo igualdad, minorías, etc.) BAsta mirar las programaciones para darse cuenta de que compiten abiertamente con el sector privado.

    El estatuto que gobierna la BBC plantea la cuestión en la diferenciación de trato y estilo al dar entretenimiento e información. Es, desde luego, un caso único a nivel mundial y difícilmente repetible. La tasa de los televisores le da una financiación más de tres veces mayor que la española y tiene autorización para tener ingresos comerciales fuera del Reino Unido. Con todo, la BBC está cada día más contestada y sancionada en su propio país por sus prácticas de gasto, de restricción de la competencia y de estilo en su programación.

    La era de internet derriba el sentido de las televisiones públicas. Cada año serán más costosas (sus sueldos no se ajustan a la baja, son funcionarios en la práctica; tampoco se reducen las plantillas). Son ya escandalosamente más ineficientes que las privadas en términos de costes y con una programación que no contiene diferencias esenciales con el conjunto de la oferta privada.

    El fin de la publicidad en RTVE es un hito que debe verse con la limitación de compra de derechos deportivos y de cine de distribución americano. Está orientado a la prestación de servicio público allá donde el mercado no llega, todo ello en contra de la voluntad de los directivod actuales, que lo que quieren es hacer un Telecinco “elegante”. La limitación legal de gasto que introduce la nueva ley de financición es otra medida sensata.

    A partir de aquí, la ciudadanía debe elegir si tenerla o no. Personalmente soy partidario de suprimirlas: los famosos argumentos de interés público e informacíón veraz no precisan de operadores públicos y hay otros modelos más respetuosos con la iniciativa de la sociedad civil. En mi opinión, este es un paso en la buena dirección y no será el último, especialmente por la propia evolución del sector audiovisual y la tendencia inevitable a la reducción de audiencias. A ver cómo se le explica a la sociedad que cueste 1.200 millones una radio y una tele de audiencias mínimas.

    Por cierto: RNE no ha emitido publicidad nunca y a nadie le ha extrañado. Que desaparezca ahora de TVE es coherente y lógico, con el mercado y la finalidad pública de esta institución.

  4.    Responder

    Estoy de acuerdo con Yuri. La radio-television publica debe existir porque hay contenidos que nunca se emitirian en una empresa privada pero tienen interes para los ciudadanos, igual que hay museos publicos y privados.

    Si solo existieran televisiones privadas veriamos a todas horas Gran Hermano mezclado con Aqui hay Tomate y salpidos de telediarios donde grandes empresarios se tiran los trastos unos a otros (vease Cebrian en Cuatro y Roures en la Sexta). Vale, que los politicos en España hacen lo mismo pero mirad la BBC de Reino Unido, una television publica de calidad, independiente de quien gobierna.

  5.    Responder

    “independientemente del partido que robe de las arcas en ese momento” Piensa el ladrón…

    Yo sí quiero televisión pública, por lo menos un 20% de la programación me gusta (TVE y TV3) y hay programas que nunca los haría una privada.

  6.    Responder

    “Sería gracioso que el Estado pasara de ser una macro empresa pública que ayuda a sus ciudadanos a otra en donde todo el dinero es trillado por su propio sistema y donde los gastos se comen los ingresos sin mesura alguna”

    Ah, ¿pero eso no estaba pasando ya? ¿Acaso RTVE no lleva presentando déficits monstruosos desde tiempo inmemorial? ¿De qué estamos hablando aquí?

    Las televisiones públicas nunca han sido un ente “que ayuda a sus ciudadanos”, sino una máquina de publicidad política usada por el gobierno de turno. Y pretender lo contrario es ignorar la naturaleza humana.

    Lo que hay que hacer con las televisiones públicas es cerrarlas. Todas. Y liberalizar el mercado de las televisiones privadas. Pero si hoy podemos acceder a docenas e incluso centenares de televisiones privadas, ¿para qué queremos una pública?

    A cerrarlas todas.

  7.    Responder

    Yo lo que me pregunto es para qué queremos los ciudadanos las televisiones públicas. Entiendo que ningún gobierno (central o autonómico) quiera renunciar a controlar su propia TV: disponen así de un importante medio de difusión para su propaganda partidista y para aborregarnos cuando las malas noticias no pueden esconderse más, y una empresa pública siempre es útil para pagar favores, enchufar amistades o como fuente de oportunidades de soborno (contratos a dedo, etc.).

    Si los gobiernos no obtuvieran este tipo de “ventajas” hace tiempo que las TV públicas habrían desaparecido, ya que no hay servicio público alguno en ellas y existen suficientes canales privados para quien quiera ver la TV.


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