Empezaré diciendo que no soy tan ingenuo como para pensar que pueda haber una razón más allá del simple hecho de recaudar en las medidas que toma usualmente la Dirección General de Tráfico (DGT). Hay que recordar que la recaudación por multas no se puede estimar a priori, y por tanto no entra en los presupuestos generales del estado, razón por la que es un dinero del cual disponen nuestros mandatarios para hacer y deshacer prácticamente a su antojo.
Hace algún tiempo, leí que el hecho de bajar la velocidad media del parque automovilístico nacional conllevaba una consecuencia positiva: consumíamos menos combustible. Las razones esgrimidas por nuestros políticos nunca fueron por ese lado, pues siempre se nos ha vendido el mantra de la seguridad (que se lo digan a los moteros con las vallas “quitamiedos”) como motivo prácticamente único para la escalada de medidas punitivas, léase multas, que padecemos hace años. Quizá, si los gobernantes hubieran aportado razones de ese calibre, atacando indirectamente el bolsillo en lugar de hacerlo al asalto multa en ristre, el cabreo general sería mucho menor, pero nunca se les ocurrió.
En todo caso es cierto que, en autovía, a 120 Km/h la mayoría de coches están relativamente cerca de su “par motor”, es decir, de la mejor relación entre consumo y potencia desarrollada con ese consumo. La manera de andar más metros, consumiendo el mínimo. A los 150 de media que íbamos antes por autovía, el motor va más forzado y esa relación, que no es lineal, se dispara bastante.
Vivir en una ciudad pequeña tiene muchas ventajas, y más en lo que a tráfico se refiere. Hace tiempo vengo observando una cosa curiosa, que quizá haya pasado desapercibida. Puede que inicialmente parezca una tontería, y no creo que sirva de mucho en las grandes urbes donde los atascos terminan de raíz con cualquier lógica o propuesta, pero en el resto sí puede ser útil: En ciudad, donde el consumo de combustible es mayor, nos marcan como velocidad máxima los 50 kilómetros por hora, pero nos llevan más rápido, pues los semáforos están reglados para ello. Me explico: si uno va a 50 Km/h por ciudad, los semáforos se le van cerrando uno tras otro, haciendo interminable el trayecto y creciente la impaciencia. Sin embargo, yendo entre 60 y 75, se toman todos en verde, lo cual hace que el tráfico se vaya adecuando a esa velocidad.
Pienso que, si a los gobernantes les importase realmente reducir la velocidad en vez de sólo recaudar, deberían preocuparse realmente por regular los semáforos de las vías principales de tal forma que se vayan tomando abiertos a 50 Km/h, y cerrando a mayor velocidad. Aunque no sea de manera consciente, cada uno entenderá el mensaje subliminal, y automáticamente nos hará ir cada vez más cerca de esos 50 km/h. porque lo que molesta realmente es tener que detenerse, la sensación de que en esos dos minutos que tarda el semáforo en volver a abrirse, la valla del tren en volver a subir o lo que sea, no se está haciendo nada. Si voy a 70 por la calle y los semáforos se me cierran, pero a 50 los pillo casi todos abiertos, iré autorregulando sin darme cuenta la velocidad a esos 50.
Entiendo que en Madrid o en Barcelona esto pueda sonar a chiste, pero en ciudades más pequeñas, donde básicamente hay dos o tres vías largas que te llevan de punta a punta, y como mucho una ronda circular para bordearla, tiene todo el sentido, porque además, esa ronda, aunque parezca increíble, ¡suele tener semáforos! En las grandes ciudades hay muchísimos coches, pero la suma del parque móvil del resto de ciudades y pueblos es, cuando menos, lo suficientemente importante como para no desdeñar la idea.
Además, de esta forma se tendrían otras consecuencias colaterales bastante positivas: si disminuye de manera drástica el número de “arranca/para” que se realizan, el consumo de combustible, necesariamente, ha de rebajarse, con lo cual el que usamos está siendo mucho más eficientemente aprovechado, y la emisión de gases bastante menor. ¿Queremos o no queremos ser ecológicamente sostenibles? ¿Queremos o no queremos realmente ahorrar energía? Deberíamos, ya que somos un país importador, por no hablar de que la medida es de fácil implementación y no tiene apenas gasto asociado… A no ser, claro está, que tengan razón los que defienden que la única razón de ser de la DGT y del estado sea el afán recaudatorio, tanto a través de multas como de impuestos, ¿verdad?… Hummm… Ya no estoy tan seguro de que no se les haya ocurrido nunca…
Seguro que a más de uno se le ocurre alguna otra medida similar en éste o cualquier otro tema que probablemente jamás se ponga en marcha pese a ser perfectamente viable e incluso beneficiosa, por chocar de frente con algún interés oscuro.
Por cierto, hablando de coches, cuando vayáis a un aparcamiento de los que tanto abundan ahora en nuestras ciudades, procurad pedir siempre el ticket. Ese ticket es la factura del servicio que habéis utilizado, como la del fontanero o el mecánico. De no hacerlo, es perfectamente posible camuflar la entrada de vuestro vehículo, de tal forma que el propietario se embolse como negro el importe íntegro que hayáis pagado, incluyendo el IVA, que vosotros no os ahorraréis, y que él a su vez podrá no declarar, ya que sin nada que lo demuestre (y saben vuestra matrícula, la fecha/hora y que no habéis pulsado el botón de sacar el recibo), vuestro coche “no ha estado allí”. Sacándolo, aunque luego lo rompáis y tiréis, nadie puede asegurar que no vayáis a pasarlo como gasto a una empresa, por ejemplo. A no ser, claro, que no os importe contribuir a pagarle la hipoteca de la finca y el chalet al colega, pero vamos, tal y como está la cosa, bastante tendréis ya con la vuestra, supongo…
“Oh, Keep your eyes on the road, your hands upon the wheel,
Keep your eyes on the road, your hands upon the wheel,
Yeah, were going to the roadhouse, gonna have a real good-time…”
From “Roadhouse Blues”, the Doors.









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