Estamos viviendo un tiempo excepcional, extraordinario e histórico. La crisis financiera global que vivimos está despertando a mucha gente y provocando cambios políticos-económicos muy importantes en una gran mayoría de países.
Este fin de semana hemos podido ver cómo los franceses querían un cambio y votaron a Hollande para ser el próximo jefe del ejecutivo. Pero, sinceramente, si Hollande estuviera gobernando, el ganador pienso que hubiera sido Sarkozy. La gente está cansada de ver lo que ve y quiere cambiar. El que toma el testigo lo sabe y además sabe que tiene ante sí una misión más que complicada. Pero, ¿realmente algo va a cambiar en Francia? Supongo que la gente que ha votado a Hollande lo cree.
Por otro lado, tenemos las elecciones en Grecia que han sido mucho más radicales. Los cambios han sido muy relevantes. La caída de los dos grandes partidos es la muestra del cansancio de la gente ante el pasado reciente del país. Si Francia hubiera sufrido lo que ha sufrido Grecia, los cambios vistos en Grecia, seguro que los hubiéramos visto muy parecidos en Francia. Las extremas, derecha e izquierda, en Grecia crecen con fuerza. Ante las dificultades de verdad, ante una situación desesperada como la que vive Grecia, la gente se posiciona pero dejando al lado el llamado “centro”. La gente se quita caretas y vota con fuerza y en un estado de cabreo importante.
En España podríamos ver lo que ha ocurrido en Grecia en las próximas elecciones si la situación no se endereza. Ya hemos tenido un cambio de Gobierno hace pocos meses y también pienso que los que votaron a Rajoy, pensarían lo mismo. En nuestro caso, la gente ha preferido dar la mayoría absoluta a un Gobierno de uno de los dos partidos grandes del país, antes de buscar nuevas fórmulas. Es decir, creo que poco ha cambiado en España. Muchos indignados, mucha agitación, mucho desencanto con la clase política, pero al final, los votos del PP y PSOE han sido los mismos que en anteriores elecciones. Es decir, la suma de ambos no ha cambiado especialmente. No ha ocurrido como en Grecia que los dos grandes partidos se han hundido para dar votos a otras formaciones. Hemos visto cambios y otras formaciones se han visto favorecidas pero no ha habido alternativa a PP o PSOE. Es decir, que en nuestro caso, en líneas generales, o se ha votado al “contrario” o no se ha votado.
Parece por tanto que ahora en cualquier elección que se haga la gente va a demostrar que necesita cambiar y ver que alguien gobierne el país con otras políticas. Pero, ¿realmente algo va a cambiar en España, en Francia o en Grecia? ¿O todo va a seguir igual? Quiero decir, ¿los políticos de verdad hacen cambiar nuestras vidas y nuestra economía que es lo que realmente nos importa ahora? Tampoco voy a ser yo el que diga que las políticas de los políticos no sirven para nada. Hay muchas cosas que se hacen desde la política que nos ayudan a vivir mejor y a mejorar nuestra calidad de vida. También al contrario. Pero en el fondo de todo, a día de hoy quién hace que cambien las cosas. ¿La gente? ¿Los indignados? ¿Los que se manifiestan? ¿Las grandes empresas? ¿Los grandes directivos de las multinacionales? ¿Los emprendedores?
En definitiva, la gente está cansada de ver lo que ve, la sociedad se agita, quiere cambiar, los ciudadanos se movilizan, votan cambio, pero todo sigue igual. Nuestras esperanzas para cambiar, desgraciadamente no están en los políticos. Está en nosotros mismos. Pero difícil gestionarnos a nosotros mismos como colectivo. Por lo tanto, lo que creo que tenemos que tener claro es que o nos sacamos las castañas del fuego nosotros mismo, o mal vamos. Votar creo que debemos votar. Elegir a nuestros representantes también. Pero la sociedad cambia desde la sociedad, no desde el Parlamento del país en cuestión. Nuestra empresa cambia desde nuestra empresa, no desde nuestro Congreso. Que nos pueden ayudar a mejorar, es cierto. Pero que nadie piense que esto va a ser fácil sin estar nosotros dominando nuestro destino desde lo que se denomina la sociedad civil, es decir, con nuestros actos y nuestra manera de actuar día a día.


















