Le debía esta entrada a la tierra de la cual proviene la mitad de mi sangre y a varias personas. Una de ellas, mi propio abuelo, José García Sáiz, que vio la luz en 1917 a escasos metros del nacimiento de dos ríos emblemáticos: el Ebro y el Besaya. Otro personaje fue Gonzalo Ruiz, a quien no conocí, pero cuya trágica historia resultó ser fundamental en mi proceso de maduración.
Todo está hecho a base de recuerdos. El de mi abuelo yendo a comprar el periódico al quiosco de la Fuente Dorada, el único que por entonces tenía el “Diario Montañés” en la ciudad. En principio eso no era extraño, pues mi abuelo continuaba comprando el Diario Montañés varios lustros después de haber dejado la preciosa tierruca en que nació, tan verde en verano como blanca en invierno, para venirse al eternamente pardo páramo castellano.
Recuerdo como cada día nos venía a contar que en Reinosa pretendían prácticamente cerrar la Naval. Para quien no la conozca, la Naval fue (sería más justo decir “es”), una industria siderúrgica dedicada a la forja de cascos de buques, maquinaria pesada, cañones y munición, esto último especialmente durante y tras la Guerra Civil, en la cual junto con la asturiana fábrica de armas de Trubia Trueba, tuvo una importancia estratégica inmensa (algunos historiadores postulan que la Guerra la perdió la República cuando cayó el Norte en otoño de 1937, un año antes de la batalla del Ebro, que se suele dar como canto del cisne republicano). A edad similar a la que él había sido movilizado para pegar tiros, yo no sólo no entendía cuál era el problema, sino que no veía la razón de tanta indignación y preocupación.
Lo que yo no sabía era que la Naval, casi extinguido el pastoreo de vacuno, alimentaba prácticamente a toda la comarca de Campoó. El 4 de marzo de 1987, sin motivo aparente para ello, se había comunicado la presentación de un expediente de desempleo que recogía 463 excedentes. Días después, de repente, la indignación de mi abuelo, que dicho sea de paso no era sindicalista, cobraba sentido: el presidente de Forjas y Aceros recogía sus cosas y ponía rumbo a su flamante nuevo cargo de consejero de obras públicas del gobierno vasco, dejando el pastel a los trabajadores. Curioso comprobar como los de siempre caen de pie, mientras los demás terminan en la cola del paro. Los obreros, indignados, tomaron el control de la fábrica, reteniendo dentro al individuo. Hicieron entonces aparición las fuerzas del “orden”, quienes por mandato de sus superiores (lo cual no les exime de su parte de culpa: es lo que conlleva delegar en otros el uso de la materia gris), entablaban literalmente una batalla. Los enfrentamientos fueron durísimos. Al principio la guardia civil se vio desbordada, y en algunos casos, incluso copada, como demuestran algunas imágenes.
Días después, convenientemente reforzados, contraatacaban con desmedida fiereza. En lo más crudo de la refriega destacó lo ocurrido el 16 de abril, en que la “benemérita” acorraló a Gonzalo Ruiz en su propio garaje y literalmente lo asfixió con lacrimógeno. El número de botes de humo que dispararon en aquel reducido espacio fue tan “indeterminado” como los “daños colaterales” que las fuerzas del “orden” produjeron en los municipios de Reinosa y Matamorosa durante los ataques, eufemismos que difuminan convenientemente lo que ocurre cuando son las autoridades las que meten la pata hasta el corvejón.
Gonzalo era militante de comisiones obreras. Yo no. Como mi abuelo y mi padre, no pertenezco a sindicato o partido alguno, pero a Gonzalo le debo en mucha medida haberme obligado a evolucionar, pensar más allá y decidir qué y quién quería ser. Gonzalo no consiguió recuperarse de los gases inhalados, muriendo el 5 de mayo, hoy hace exactamente veintitrés años. La muerte de mi abuelo no fue evidentemente tan mediática, pero a mí me pareció igualmente heroica: se fue en sangre debido a un cáncer en el estómago, sin quejarse ni una sola vez. Así murieron siempre los cántabros ya desde épocas anteriores a César Augusto: con un par, sin dejar de presentar batalla hasta que ya no queda salida. Y entonces se toman su infusión de yemas tiernas de tejo y la palman sin esparajismos, sin molestar, sin queja.
Como dato, tanto el delegado del gobierno en Cantabria, como el director general de la guardia civil o el ministro del interior, o sea, los que dieron la orden de cargar sin tregua contra todo, eran del partido socialista. Permítaseme la licencia de escribir sus cargos con minúsculas y que no mezcle aquí sus indignos nombres junto a los de Gonzalo y mi abuelo. Cualquiera que desee consultar quienes fueron, puede encontrarlos en el apartado titulado “Conmoción” (a buen seguro les sonarán de otras andanzas), junto con la descripción detallada de los hechos y la mafiosa y vergonzante manera en que se terminó aprobando el expediente de regulación.
Pero no sólo la parte que atañe al psoe fue indignante. Si miramos hacia el otro lado del espectro político, el pp, por entonces aún alianza popular, asistió al lamentable espectáculo tan estupefacto como impasible, esperando sencillamente a que el paso tiempo les diese el poder, observando como los dirigentes del partido socialista obrero español mandaba los resortes del poder a machacar a aquellos que daban nombre a la tercera sigla de su partido, sin mediar una sola protesta o un requerimiento a la cordura general. Natural, políticamente hablando; demencial, desde un punto de vista democrático. Eso sí, los politiquillos todos, en plenas elecciones, no tuvieron el menor reparo de presentarse al funeral. Todo sea por la foto. Macabramente, la propaganda del psoe para aquellas municipales rezaba: ”Reinosa, las cosas bien hechas”.
Hoy se asevera que España vive industrialmente mejor “gracias a la reconversión de los altos hornos y los astilleros”. Que se lo pregunten a los que de aquella se quedaron en la calle. Si de aquello dependía el bienestar del resto de España, fue una estocada de muerte para la comarca campurriana. Años después de aquellos sucesos, la zona sigue aún totalmente deprimida, siendo un recuerdo de lo que fue, pese a que la Naval sigue produciendo como Sidenor. Reinosa, Matamorosa, Mataporquera, son hoy poblaciones tristemente grises y con escasa, aunque orgullosa, vida. Aquellos que se encargaron de dejarla económicamente como un erial se aseguraron de que jamás volviese a levantar cabeza. Como ejemplo, cuando sucedían los hechos, la ciudad de Reinosa contaba con alrededor de 15.000 habitantes. Hoy, veintitrés años después, tiene 10.307. Política de tierra quemada, la respuesta habitual de los orgullosos políticos despechados con la canalla cuando ésta levanta la voz y proclama: “Hasta aquí hemos llegado, no tragamos más”. Ese, y no otro, fue el crimen de Campoó.
Puede que la industria entonces necesitase reconvertirse, pues el modelo había quedado obsoleto y los puestos automatizados de trabajo, apenas existentes, nos hacía improductivos y escasamente competitivos. Del mismo modo que hoy lo necesitan los bancos y las cajas por otros motivos. Claro que los paganos no serán los políticos y tiralevitas de los consejos de administración, gente de bien que, en definitiva, nunca tendrá la necesidad de salir a la calle a defender su puesto de trabajo, sino la misma ralea que los sufrió en aquella ocasión. Eso, sin olvidar el objetivo: Reconversión… ¿Hacia qué? Si hemos terminado siendo un país basado en turismo, servicios y ladrillo, es por no tener industria, por no haber sabido proteger y reconducir la que había, por haberla estrangulado. Por cientos de historias similares a la que detonaron los sucesos de aquella primavera del ’87.
No quisiera terminar este post sin mencionarles a Mari Carmen y Javi (fallecido justo antes de ser publicado este post), familia tan lejana en sangre como cercana en afecto, todo el cariño que les guardo desde mi más tierna niñez por haber grabado a fuego, en mi memoria y en mi corazón, las mejores escenas de mi infancia en aquella bendita tierra montañesa. Si de mi abuelo aprendí a amarla como si hubiera nacido en ella, de ellos aprendí a vivirla y sentirla. De Gonzalo saqué la lección de no agachar jamás la cabeza, de defender sin reservas aquello en lo que se cree, y a mirar más allá del siguiente fin de semana, justo el paso que marca la diferencia entre un niño y un hombre. Vaya, pues, este escrito “a la memoria de Gonzalo Ruiz”. Y por supuesto, también a la de mi querido y añorado abuelo Pepe.
Algunos enlaces interesantes:
La entrada en la Wikipedia acerca de los hechos:
Incidentes_de_Reinosa_en_primavera_de_1987
Un par de foros ( faraondemetal, foro.artehistoria) con la versión del relato más extendida, y un enlace a Youtube con la narración de ésta, para los más perezosos. En este último se dispone a su vez de multitud de enlaces a otros vídeos en los que se aprecian muchas de las escenas ocurridas:
Un curioso lugar para encontrar una visión algo diferente de los hechos (debates.coches). Absolutamente todos los testimonios de testigos presenciales describen el mismo halo de brutalidad y sentimiento de venganza de las fuerzas políticas y del orden público:
Un enlace a la página de dondado.es, una persona que creo haber visto comentando artículos en este mismo blog, conteniendo algunos videos:
Por último, un enlace a la canción “Primavera del ‘87”, del grupo reinosano “La Fuga”. Salvando un par de exabruptos iniciales, una de las versiones en directo con mejor sonido:
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“El olvido es la tierra fértil en la que siembran los poderosos. Nosotros ni queremos, ni debemos olvidar aquellas palizas, aquellas mentiras, aquella muerte. (…) Pero que no se olviden los que juegan al tan codiciado poder, que los silenciosos gritos de justicia se oirán cada vez más, que ahí queda la historia triste de un pueblo que un día fue invadido, pero nunca aplastado. Que los hombres, mujeres y niños no lo olvidarán nunca, y que quienes no vivieron esto se enteren de lo que sucedió en Reinosa, para no juzgar a lo ligero.
A la memoria de Gonzalo Ruiz, arrebatado por un viento que no era del pueblo.”
“Reinosa contra el miedo”, VVAA. ISBN: 8485781686
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“Cada pueblo, cada aldea, hasta cada individuo es en Cantabria una diminuta republiquita con la más absoluta independencia y autonomía. Cuando del “poder central” emana una orden que no conviene cumplir, se dice con sencillez espartana: ‘No me da la gana…‘ Política pura, en definitiva.”
Caballero de Ronte (frase pendiente de ser contrastada)
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“…No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza?…”
Vientos del Pueblo – Miguel Hernández





















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