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Gestionando el riesgo de una cartera de renta variable

value at risk

Uno de los principales objetivos de un inversor ha de ser mitigar el riesgo de precio, para evitar que la volatilidad del mercado provoque grandes descensos en el valor del patrimonio del inversor. Por ello, la gestión de una cartera de renta variable ha de conciliar la búsqueda de la rentabilidad con la gestión de los riesgos a los que se enfrenta. Una cartera de renta variable se va a enfrentar principalmente a dos tipos de riesgo:

  • Riesgos específicos o diversificables: Tienen su origen en la propia actividad de la empresa, cuya evolución va  a estar condicionada por la gestión del equipo directivo, sus niveles de eficacia y eficiencia operativas, la evolución de su cuenta de resultados, el momento del ciclo, etc. La teoría moderna de portfolios (Markowitz y Sharpe) demuestra que puede ser reducida o eliminada mediante una correcta diversificación; es decir, añadiendo títulos a la cartera.
  • Riesgos sistémicos o no diversificables: Son riesgos que todos los integrantes del mercado han de asumir, derivados de la propia evolución de la economía, de las políticas monetarias, de la actuación de reguladores y supervisores, etc. No puede ser eliminado y se trata del único riesgo remunerado por el mercado según teorías modernas como el C.A.P.M. o la A.P.T.

El mercado sólo recompensa al inversor por por los riesgos sistémicos a los que se encuentra expuesto. Es por ello por lo que la primera decisión que ha de tomar un gestor será la de crear una cartera con un número de valores suficiente como para reducir al mínimo los riesgos específicos. Se demuestra que con un número superior a 20 títulos en cartera se consigue este resultado.

El siguiente paso consistirá en determinar el nivel de riesgo que se está dispuesto a asumir en función de su aversión al riesgo y su perfil inversor. No se puede olvidar el binomio rentabilidad-riesgo, y que una cartera sin ningún nivel de riesgo nos proporcionará la rentabilidad del activo libre de riesgo.

Coeficiente de Correlación

El inversor deberá buscar títulos con baja correlación, o negativa, para que el valor de la cartera no se hunda con movimientos del mercado sin por ello perjudicar la rentabilidad total esperada de la inversión. Recordemos que el efecto diversicación será mayor cuando los títulos que se han incluido en la cartera tienen coeficientes de correlación cercanos o menores a 0.

La Beta como medida de la volatilidad

Un buen instrumento para medir el riesgo es la Beta, que mide la sensibilidad de la cotización de una acción frente a movimientos del índice bursátil de referencia; es decir, la volatilidad. Por ejemplo, si Google tiene una beta de 1,3 significa que por cada 1% que suba el S&P 500, la acción de Google proporcionará una rentabilidad de 1,3%.

La Beta se  calcula realizando una regresión de la rentabilidad del valor contra la evolución del índice de referencia, siendo un buen estimador de dicho parámetro la siguiente fórmula estadística.

BETA = COVAR(Rp;Rm)/VAR(Rp)

Un inversor defensivo o que espere que el mercado baje deberá diseñar una cartera con una baja Beta.

Value at Risk como estimador de pérdida máxima esperada

Finalmente, nos encontramos con el V.A.R. (Value at Risk) como herramienta reina para la gestión de riesgos. Permite conocer, con un nivel de confianza, una estimación de la pérdida máxima en un periodo de tiempo bajo circunstancias normales. Es decir; un VAR diario 95% nos estaría indicando, con un nivel de confianza del 95%, la pérdida máxima en la que puede incurrir un inversor de un día para otro. Existen diferentes métodos para obtener el VAR, como son el paramétrico, simulación histórica o de Montecarlo. En este post nos dedicaremos al VAR  paramétrico por ser conceptualmente más fácilmente asimilable.

Se basa en una serie de hipótesis, como una distribución de probabilidad normal de los rendimientos, o que el pasado es un buen estimador del futuro … hipótesis que no es necesario decir que no siempre se cumplen. El VAR de un activo se obtiene como:

POSICIÓN*FACTOR DE CONFIANZA*DESVIACIÓN TÍPICA DE LOS RENDIMIENTOS

El factor de confianza depende del nivel de confianza que empleemos en la distribución normal. Para un 95% de confianza es 1,65.

Una vez calculado el VAR de cada activo, se calcular el de la cartera como:

RAÍZ [VECTOR FILA VAR * MATRIZ DE CORRELACIONES * MATRIZ TRASPUESTA VAR]

Como se puede apreciar, el VAR recoge el efecto diversificación medido a través de las correlaciones. En consecuencia, se podrá reducir la pérdida máxima esperada a través del empleo de valores poco correlacionados y del uso de posiciones contrarias, opciones, etc.

En resumen, el gestor dispone de una serie de herramientas para controlar y minimizar el riesgo de mercado; pero el paso más importante en el asset allocation consistirá en elegir activos con buenos fundamentales a buen precio. Estas herramientas son un buen marco conceptual para controlar el riesgo, pero no para prever rendimientos ni establecer precios objetivo en el futuro.



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9 comentarios

  1.    Responder

    Lo que si podemos hacer es controlar las correlaciones para intentar que el valor de la cartera no se esfume en un determinado momento; liquidando las operaciones que nos hayan proporcionado rentabilidad; y esperar a que las que han evolucionado negativamente suban de valor …

  2.    Responder

    resumen nada se puede saber ni controlar, solo sacrificar rentabilidad a cambio de menor volatilidad


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