Warren Buffett carta a los accionistas de Berkshire Hathaway 2009

Guru Huky | 28 de Febrero de 2010 | (11)

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Como siempre la carta de Warren Buffet a sus accionistas es un pequeño pozo de sabiduría y sentido común, a lo largo de la semana iremos traduciendo fragmento de esta carta, ya que cómo siempre hay varios temas que pueden ser de especial interés en la carta a los accionistas de Berkshire Hathaway de este 2009. Por empezar por alguno de ellos, quizás lo mejor es empezar por el más importante de ellos, que es lo que Warren Buffet y Charlie Munger no hacen a la hora de invertir. Casi tan o más importante es saber lo que quieres hacer, cómo lo que no quieres hacer. Una pequeña lección de inversión y gestión empresarial.

Que es lo que no hacemos, independencia financiera, gestión de las filiales y perfil de los inversores.

  • Tratamos de evitar negocios sobre los que no seamos capaces de evaluar su futuro, no importa lo excitantes que pueda parecer su futuro. En el pasado, no ha sido necesario ser una lumbrera para intuir el fabuloso crecimiento que esperaba a industrias como las del automóvil (1910), aviación (1930) o televisores (1950). Pero el futuro también lo incluye la dinámica competitiva de cada sector que puede diezmar a casi todas las empresa que decidan competir en estas industrias. Incluso los supervivientes suelen acabar sangrando. Sólo porque Charlie y yo, podamos ver que una determinada industria o sector tendrá un crecimiento impresionante, no significa que tengamos la capacidad de juzgar si su márgenes de beneficios y el retorno del capital serán erosionados por una horda de competidores luchando por la supremacía en el sector. En Berkhshire siempre tratamos de invertir en negocios cuya fotografía de beneficios para las próximas décadas sean razonablemente predecible. Incluso así, cometeremos un montón de errores.
  • Nunca hemos sido dependientes de la bondad de terceros. Demasiado grande para caer (Too Big To Fail) no es una posición de repliegue para Berkshire. Al contrario, siempre hemos manejado nuestro negocio de forma que cualquier exigencia de liquidez sea inmediatamente cubierta por nuestra propia tesorería. Adicionalmente, nuestra fuente de liquidez se encuentra constantantemente refrescada por el manantial de beneficios que generan nuestros negocios. Cuando el sistema financiero sufrió un paro cardíaco en septiembre de 2008, Berkshire fue un proveedor de liquidez y de capital para el sistema, no un suplicante.
  • En el pico de la crisis, vertimos 15,5 mil millones de dólares en el mundo de los negocios, cuando este sólo podía mirar al gobierno federal para pedir ayuda. De estos, 9 mil millones se destinaron a reforzar el capital de tres empresas que hasta entonces habían sido admiradas y consideradas negocios seguros y que necesitaban sin demora un voto tangible de confianza. Los restantes 6,5 mil millones de dólares, se destinaron a ayudar a financiar la compra de Wrigley, que pudo ser completada sin inconvenientes mientras en el resto del mundo de los negocios reinaba el pánico.
  • Solemos pagar un precio muy alto por mantener una fortaleza financiera de primera clase. Hoy en día, por los  cerca de 20 mil millones de dólares que solemos mantener en líquido o en activos equivalentes, solemos ganar una miseria. Pero dormimos bien.
  • Tendemos a dejar que nuestras subsidiarias operen de forma autónoma, sin que las estemos ni gestionando ni supervisando de alguna forma. Esto significa que algunos veces llegamos tarde para detectar problemas que puedan surgir con la dirección de la compañía y esporádicamente Charlie y yo nos enteramos de sobre decisiones operacionales o de capital en las que hubiésemos estados en desacuerdo si se nos hubieran consulado. Sin embargo, la mayoría de nuestros directivo, utilizan la confianza que les hemos dado de forma magnífica, recompensando así la confianza que les hemos depositado manteniendo una actitud orientada hacia a los accionistas que erara vez se encuentra en las grandes organizaciones. Preferimos incurrir en el coste visible de sufrir algunas malas decisiones en la gestión que incurrir en los costos invisibles que se derivan cuando se toman las decisiones con demasiada lentitud (o simplemente no se toman) por una burocracia asfixiante. Por contra pretendemos operar nuestras filiales como una colección de empresas de tamaño medio y grandes, en la que la mayoría de las decisiones se toman a nivel operativo. Charlie y yo nos limitamos a la asignación de capital, el control de riesgo empresarial, la elección de los gestores y el establecimiento de su indemnización.
  • N0 hacemos ningún esfuerzo para atraer a Wall Street.  Los inversores que compran o venden basándose en los medios de comunicación o en los comentarios de un analista no es el tipo de inversor que queremos para Berkshire. Queremos socios que se unan a Berkshire por qué desean realizar una inversión a largo plazo en un negocio que ellos mismos entienden y les encaja con su política de inversión. Si Charlie y yo vamos a formar una pequeña empresa con unos pocos socios, buscaremos individuos que estén en sincronía con nosotros, con los que tengamos unos objetivos  y un destino común y logran un matrimonio y un negocio feliz entre propietarios y gestores. Pasando estos principios a una escala más grande no cambia esta verdad. Para construir una población de accionistas compatible con nosotros, tratamos de comunicarnos con nuestros propietarios de forma directa e informativa.
  • Lo que les contamos a nuestros accionistas es lo que a nosotros nos gustaría saber si intercambiáramos los papeles. De forma complementaria, tratamos de enviar la información financiera anual y trimestral l principio del fin de semana, para dar a nuestros inversores, en el momento en el que los mercados están cerrados,  el tiempo suficiente para analizar y digerir en esa compañía que tienen múltiples caras y negocios. Todas estas cuestiones no pueden adecuadamente resumirse en unos párrafos, sin que se presten al los titulares pegadizos que algunas veces buscan los periodistas.
  • El año pasado hemos visto, en un caso, como el contenido de una comunicación puede malinterpretarse. Entre las 12.830 palabras de nuestra  carta anual  a los accionistas había esta  frase: “Estamos seguros, por ejemplo, que la economía será un caos en todo 2009 – y probablemente mucho más allá – pero esa conclusión no nos dice si el mercado subirá o bajará”. Muchas agencias de prensa informaron sólo de la primera parte de la frase, sin hacer mención alguna a la parte final. Creo que este tipo de periodismo es un desastre. Muchos lectores mal informados podrían haber pensado que tanto Charlie como yo vaticinábamos un mal año para la inversión en renta variable, a pesar que incluso en esa frase como en otras partes de la carta dejábamos claro que no podemos predecir el comportamiento del mercado. Cualquier inversión que sólo hubiera leído esas notas de prensa y les hubiera hecho caso habría pagado un alto precio. Ese día el Dow Jones cerró en 7.063 puntos y terminó el año en los 10.428. Por eso prefiero siempre las comunicaciones directas con mis accionistas.
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