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Al buen inversor pocas empresas bastan.

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Parece que inversores y banqueros proceden, viven y lamentablemente envejecerán en mundos diferentes. No sólo los intereses de unos y otros están enfrentados de manera opuesta, sino que los idiomas en los que hablamos son tan distintos como el español y el suahili. Para comenzar, la primera aberración la encontramos en que para los profesionales de la banca y ex-banqueros reciclados en asesores financieros independientes y pseudo-independientes, la volatilidad es sinónimo de riesgo (sic). Probablemente la razón de esta confusión es que cuando hablan de riesgo, de forma consciente o subconsciente, se refieren al riesgo que asume el banquero de que su negocio se resienta, es decir al riesgo de que su Cliente se harte y se marche escaldado de tanto insomnio.

El riesgo lo consideran en lo que afecta a sus intereses y no al de sus Clientes, y probablemente la volatilidad excesiva, efectivamente les hará perder algún parroquiano. La volatilidad, por tanto, es habitualmente un generador de intranquilidad, de falsa sensación de riesgo, que lo único que pone en peligro es la continuidad de un Cliente con su asesor.

Obviamente eso no tiene nada que ver con el riesgo que asumimos los inversores con nuestro dinero. Lo que de verdad debe importarnos a los inversores es el riesgo de pérdida permanente o irrecuperable (en el corto o como mucho en el medio plazo) de nuestro dinero. Por tanto, se puede llegar el éxito o al fracaso indistintamente con mayor o menor volatilidad en el camino. Precisamente porque el riesgo hay que valorarlo de forma diferenciada y adicional a la volatilidad que se está dispuesto a asumir.

Para los que estéis pensando en la combinación perfecta de escaso riesgo y baja volatilidad, lamento deciros que este New Normal en el que entramos aquel verano de 2007, se llevó por delante ese cóctel placentero tan deseado por la mayoría de inversores (os recomiendo releer “La Volatilidad no nos deja ver el Bosque“). Así que no nos queda más remedio que asumir volatilidad, concediendo esa incomodidad a cambio de aumentar la seguridad, o sea de evitar pérdidas permanentes más allá del corto plazo. Podemos y debemos evitar el riesgo, pero difícilmente evitaremos la volatilidad en un mundo donde la renta fija de los países desarrollados y las garantías de sus bancos han perdido su solvencia.

Otra gran falacia que recomiendan los banqueros de manera generalizada es la diversificación. Parece que invertir en 1000 o 5000 empresas (a través de 25 o 50 fondos de inversión) nos va a dar mayor seguridad, o sea que vamos a reducir el riesgo de forma sistemática por el mero hecho de multiplicar las inversiones. Pero no. La reducción del riesgo la debemos buscar en el conocimiento exhaustivo de los negocios donde vamos a invertir nuestro dinero. O mejor dicho, del conocimiento exhaustivo de los gestores de los fondos en los que vamos a invertir (porque son ellos los que, a su vez, van a estudiar y conocer concienzudamente cada una de las empresas en las que van a invertir). Y la diversificación es una variable que precisamente va a dificultar ese conocimiento exhaustivo, tanto de los gestores como de las empresas donde invierten.

Al fin y al cabo, la mayoría de fortunas procedentes de negocios empresariales familiares exitosos, se han formado constando de tan sólo un puñado de negocios en sus respectivos holdings. Lógicamente en un holding (a menudo incluso de un mismo sector) la concentración es excesiva y claramente optimizable con una mayor diversificación, pero sin que ello nos haga perder el control y conocimiento exhaustivo de los negocios en los que depositamos nuestro dinero. La diversificación es pues, inversamente proporcional al grado de conocimiento de las empresas o los fondos en los que invertimos.

Para aquellos inversores que desconocen los detalles y la idiosincrasia de los gestores de fondos en los que invierten, y para los gestores que, a su vez, desconocen los detalles de las empresas donde invierten, la diversificación es un maquillaje de su mediocridad. Del mismo modo que si uno presta su dinero repartido en centenares de desconocidos en lugar de sólo a un par de ellos, el riesgo de perder todo su dinero se reduce.

La diversificación debe entenderse como una reducción de riesgo exclusivamente para aquellos que, en lugar de invertir concienzudamente, lanzan su dinero sobre el tapete en apuestas múltiples, que no son más que palos de ciego encorbatado y empleado o ex-empleado de banca. Pero nada más que eso, un maquillaje al que se aferra la mediocridad del asesoramiento bancario. Este es su mantra: Diversificación y escasa volatilidad. Como si estos conceptos redujeran el riesgo y aumentasen la calidad de las inversiones de sus Clientes! La traducción al suahili bancario es: Hago que mis clientes inviertan en todo lo que invierten los demás banqueros porque así me aseguro estar dentro de la mediocridad y no quedar peor que la media en ningún caso. Y que los resultados sean modestos y se muevan muy poco, para que el Cliente me dure el máximo tiempo posible. Esos son los significados para la banca de diversificación y baja volatilidad. Tristemente real, verdad?

Resumiendo, la obsesión de los inversores debe ser la reducción (o práctica eliminación) del riesgo de pérdidas permanentes a corto/medio plazo, aunque hoy ello conlleve un aumento de la volatilidad a soportar. Y eso se consigue sólo de la mano de aquellos que generan Valor y superan consistentemente a Mr. Market. Para el buen inversor, todo conocimiento de las empresas y los gestores de los fondos donde invierte es poco. Y llegados a ese punto de conocimiento, al buen inversor pocas empresas o fondos de inversión bastan.

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3 comentarios

  1.    Responder

    Ufff peligroso escribir este post… puede llevar a mucha gente a errores…

    Lo de que la diversificación no reduce el riesgo es completamente erróneo (entiéndase por diversificación, activos con correlaciones lejanas al 1 claro esta). Ya puedes ser el mejor inversor value, encontrar la mejor empresa del mundo mundial, y que surja lo que sea (un terremoto, cambios políticos o fiscales, un bien sustitutivo mejor etc etc) para que tu portfolio fracase (sin entrar en el tema teórico de la reducción de la desviación del portfolio al escoger activos descorrelacionados).

    Esta claro que no vas a tener un portfolio con 2000 acciones, porque la diversificación sigue una curva marginal decreciente; a medida que insertamos mas activos en el portfolio, el efecto positivo de la diversificación va desapareciendo, porque es mas dificil encontrar activos descorrelacionados con el resto de tu cartera. Ademas, los fees de las operaciones te van a matar.

    “Al fin y al cabo, la mayoría de fortunas procedentes de negocios empresariales familiares exitosos”… en fin, son muchos mas los que han fracasado o se han quedado estancados que estos casos aislados…. También podemos decir que los que han ganado la loteria se han hecho ricos asi y que recomendamos a todo el mundo encomendarse a la loteria para triunfar…

    1.    Responder

      Antonio, lo que el artículo pretende es precisamente concienciar a los inversores de que es infinitamente más importante y rentable alcanzar un conocimiento exhaustivo de donde invierten, que la diversificación en sí misma, y para ello es necesaria cierta concentración. Es obvio que debemos diversificar mínimamente, pero con un puñado de fondos bien seleccionados y gestionados, con una veintena de empresas en cartera cada uno, es suficiente para poder evitar meter todos los huevos en la misma cesta (quizá un poco más si hablamos de fondos de renta fija). Pero es innegable que la concentración permite el conocimiento exhaustivo y la diversificación no, amén del ahorro de costes operativos como bien comentas. Diversificar, más allá de los mínimos que indique el sentido común, es el consuelo temerario y absurdo de quien no tiene un conocimiento exhaustivo de los negocios en los qué está invirtiendo, ni del Valor que tienen respecto a sus precios.

      En cuanto a lo que dices de los fracasos empresariales, discrepo absolutamente. Es evidente que hay más empresas que fracasan que las que triunfan, pero estamos hablando del camino hacia invertir bien, y ahí hay que seguir la senda de los negocios excelentes. Nada que ver con loterías. Es la diferencia de ver la bolsa como una ruleta de casino con tickers que se mueven compulsivamente en una pantalla, o como una fuente de negocios (buenos y malos) en los que invertir a largo plazo previa selección concienzuda.

  2.    Responder

    Jajajaja, nosotros invertimos mayoritariamente en fondos y no en empresas directamente. El futuro, lamentablemente, lo desconocemos. Y ese sería el único modo de no equivocarse nunca. Una pena, la verdad 🙂
    Lo que sí sabemos, por haberlos analizado y conocido exhaustivamente, son los gestores de diversos fondos que en el pasado y hasta hoy han batido de forma sostenida y contundente a sus respectivos índices. Nada más y nada menos.
    Haw!


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