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Bienvenido Mr. Putin.

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De la caída del muro de Berlín y de la extinción del telón de acero todos nos deberíamos acordar, puesto que hace apenas un cuarto de siglo de aquellos hechos que cambiaron por completo las influencias geopolíticas. Los países del Este se escindieron de la influencia soviética sin que Rusia pudiese hacer nada para evitarlo, porque su economía comunista se derrumbó como un castillo de naipes. El vacío de poder fue enorme, surrealista en la hasta entonces segunda potencia mundial. Y la órbita de países que estaban bajo su influencia política y económica, fueron recibidos con los brazos abiertos por el libre Mercado occidental, a pesar de su retraso económico evidente. El nuevo orden mundial tenía al fin vendedores y vencidos, y los vencedores eran “los buenos” y el derrotado el “comunismo diabólico”.

Países como Hungría, Eslovaquia, Rumanía, Polonia, Chequia -con Estados y fronteras distintos a los actuales-, las mismas repúblicas ex-soviéticas, etc, abrazaron uno a uno las democracias occidentales ante el caos y la quiebra del Kremlin. Sin embargo hoy, tan sólo 25 años después, parecería que la situación se revierte parcialmente. Ahora es una parte importante de la UE, o sea occidente, quien pasa por apuros económicos. Y Rusia es la economía que se ha recuperado con fuerza desde su default del 2000, poseyendo una clase media creciente y una industria petrolífera esencial para su economía y la de los países vecinos (o no tan vecinos).

La influencia económica, y por tanto política, que ejerce Putin hoy sobre algunos países es mayor que la que ejerce el bloque occidental. Claros ejemplos de ello podemos ver en las reacciones de Chequia, Hungría o Eslovaquia, que se han opuesto airadamente a las sanciones aplicadas y aplicables por la UE a Rusia. No en balde grandes multinacionales rusas están tejiendo desde hace algunos años una red de influencias corporativas e inversoras en los antaño países de su órbita. Por ejemplo la financiación de una planta nuclear en Hungría o la del gasoducto del sur en Bulgaria, son operaciones que potencian el poder de influencia ruso en esos gobiernos. Por otra parte, el brazo armado financiero ruso, el banco Sberbank a través de su cada día mayor branch europea, financia también grandes operaciones en países del Este, como alguna compañía eléctrica eslovaca. Acuerdos todos ellos de miles de millones de euros, por supuesto.

No obstante, no todos los países reciben las inversiones rusas favorablemente. En países con frontera directa como Lituania, Estonia, Letonia o Polonia, esa influencia económica no es tan bienvenida, y reclaman que la UE aplique a Rusia sanciones más duras a raíz del conflicto de Ucrania. Sin embargo en países como Chequia, Eslovaquia o Hungría, la OTAN no tiene opciones de instalarse, puesto que esos países priorizan sus intereses económicos ante las promesas difusas, inconsistentes e impotentes de la UE y los EE.UU. En otras palabras, la oferta occidental, lejana o en serios apuros económicos, les seduce menos que la rusa.

Todas esas acciones que lleva a cabo el Kremlin para conseguir influencia económico-política, sin embargo, no son más que la estrategia habitual de occidente desde la era moderna. De hecho Putin no está haciendo más que imitar el modelo occidental para conseguir llevar al mundo hacia donde le conviene a su país. Lo mismo que China aprendió hace ya alguna década, o sea que la mejor forma de dominar el mundo es dominando su Mercado, y haciendo su economía lo más necesaria y por tanto más influyente posible. No se trata de ningún maquiavelismo que no hayamos inventado y utilizado los occidentales desde hace casi un siglo. Es lo que tiene que el oponente utilice las mismas armas. Y por ende, rusos y chinos son y serán aliados naturales aún más poderosos en el futuro. Ahora juegan con las mismas reglas de libre Mercado que dominan a la perfección, y además pudiendo obviar las “molestias” de la democracia para tomar decisiones impopulares en pro del interés de la supremacía nacional.

La realidad es que la influencia de Rusia en las economías de países pertenecientes a la UE, es un buen caballo de Troya para que cualquier posición o medida que drástica que se plantee tomar Europa, sea matizada o suavizada por miembros afines al Kremlin. Los EE.UU. ven ya como hay miembros de la UE que no comulgan exactamente con las directrices que envían la CIA y la OTAN, y la batalla por influir en el puzzle europeo es feroz. De hecho el conflicto Ruso es la muestra más reciente de la pugna entre Rusia y la UE/USA para influir en el gobierno de Kiev, solo que esta vez esa pugna de influencia pollitico-económica se ha ido de las manos y ha acabado a tiros (además de otros motivos inconfesables que pueda tener Putin).

En definitiva, el antaño telón de acero es hoy más difuso y complejo, pero se ha vuelto a establecer una clara diferenciación entre el bando occidental (UE/USA) y el pro-ruso, este último más incipiente y menos manifiestamente comprometido y fiel… todavía. Muchos países dan la bienvenida a Putin como si del Plan Marshall se tratase, porque la economía sopla a favor del poderosísimo tándem chino-ruso, y en contra del hiperendeudamiento del bloque occidental. Para acabar os dejo con algunos datos corporativos rusos que los inversores harían bien en tener muy presentes. No en balde la bolsa rusa ha subido más de un +30% en $ desde que tocó fondo durante el conflicto de Crimea, a mediados del mes de Marzo. Y después de esa subida, sigue cotizando a un múltiplo de beneficios de tan solo x5,6. Ahí es nada.

Bienvenidos a la nueva guerra fría Este-Oeste en la que la potencia de la economía es el arma arrojadiza.

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