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Capitalismo: ¿Hay alternativa?

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The Economist ha elaborado un interesante artículo en el que se pregunta si hay alguna alternativa real al capitalismo, ya que carece de grandes defensores en estos días mientras hay protestas en su contra. Muchos de sus críticos, como Occupy Wall Street, cuestionan el comercio mundial por generar explotación y obsesión por el dinero.

Las preocupaciones por el impacto de la desigualdad económica en la cohesión social exigen dar urgencia a las cuestiones morales sobre los mercados. Pero, como John Plender señala en su nuevo libro “Capitalismo”, los descontentos acerca de sus efectos son tan antiguos como el más poderoso -ismo del mundo en sí mismo. La búsqueda del beneficio ha sido “sin amor” según Sócrates, cuando manifestó que “cuanto más piensan las personas en hacer fortuna, menos piensan en lo correcto”. El sentimiento antinegocio caracteriza la sátira de la fiesta de Trimalción en “Satiricón” de Petronio, y persiste desde “El avaro” de Molière en el siglo XVII a los retratos de Charles Dickens y Emile Zola de jefes terribles del siglo XIX, y la encarnación moderna de la codicia en la pantalla: Gordon Gekko en “Wall Street”.

Plender es columnista del Financial Times y ha escrito incisivamente durante décadas sobre las emociones, rarezas y desastres de los mercados financieros. Se acerca a los dilemas del capitalismo de forma perspicaz y al detalle. El lector descubre, por ejemplo, que Voltaire se presentó en la corte de Federico el Grande como una mascota intelectual ilustrada, sólo para ejecutar una estafa de bonos en el mercado que podría haber generado la bancarrota del erario prusiano. A mediados de la década de 1980 los gestores de fondos japoneses visitaban el santuario de Madame Nui, un restaurador que daba consejos sobre acciones (durante un tiempo con éxito habiendo creado su propia cartera por un valor de 10 mil millones de dólares) hasta que se derrumbó cuando la burbuja japonesa estalló en 1990. Si los mercados libres emergen como dinámicos, su pretensión de ser racional es sospechosa de hecho.

Pero Plender es suficientemente sabio para darse cuenta de que con todos sus defectos, el capitalismo ha elevado el nivel de vida de millones de personas desde el siglo XVIII y ha mejorado su esperanza de vida. Las rápidas mejoras en las tasas de crecimiento de China e India en las últimas décadas cuando se dirigían (aunque no del todo) en un sentido capitalista son otros signos de vitalidad del sistema, como lo es el contraste entre la capitalista Corea del Sur y el Norte comunista.

El resurgimiento de la retórica anticapitalista se debe en gran parte a la crisis financiera de 2008 y sus secuelas. La crisis no era más que el último ejemplo de la estabilidad inherente del capitalismo, un proceso que, al tiempo que permite que la economía se beneficie de “destrucción creativa”, causa mucho daño colateral por el camino. El verdadero problema es que el capitalismo se ha asociado con las altas finanzas, en lugar de con el espíritu empresarial heroico de Thomas Edison, cuyas invenciones todavía nos rodean. No se trata sólo de que pocas personas puedan ver los beneficios de productos financieros complejos como los CDS. Y añade que “sin duda, los banqueros han hecho todo lo posible para dar al capitalismo un mal nombre. La escala extraordinaria en la que los grandes bancos han estado manipulando los tipos de interés y los mercados de divisas y estafando a sus clientes va más allá de lo comprensible”.

Plender teme que otra gran crisis financiera es inevitable: los bancos internacionales son más grandes y están más interconectados que nunca. Pero también piensa que el mundo saldrá adelante, el capitalismo se adaptará como lo ha hecho tantas veces en el pasado. El capitalismo no es perfecto, pero es mejor que otros sistemas. La clave es dotarlo de humanidad. En palabras de Churchill sobre la democracia: “el capitalismo es la peor forma de gestión económica, con excepción de todas aquellas otras formas que han sido probadas de vez en cuando”, relata el diario The Economist.

Gustavo Rivero

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6 comentarios

  1.    Responder

    Marx también alababa al capitalismo.(Por ejemplo en Consecuencias de la Dominación Británica en la India) Si ese no es el problema. El problema es que, como todo en esta vida, el capitalismo llegará a su fin, porque todo lo que nace muere, y luego vendrá otra cosa que Marx llamó Comunismo, pero da igual.

  2.    Responder

    Uno de los principales problemas del capitalismo es la sostenibilidad del medio, planeta Tierra. Los recursos son cada día más limitados y la necesidad de recursos es cada ´vez mayor.

  3.    Responder

    El capitalisme según Galbraith es como el abejorro, nadie se explica como vuela e incluso se puede demostrar que no puede volar, però lo hace.
    I es que el capitalismo incita la creatividad individual que las burocráticas estadísticas son incapaces de reflejar.
    Es esta creatividad, que contra todo pronostico, como también resalta el The Economist ha hecho possible que muchas empreses de “fracking” en USA hayan sobrevido al descenso brutal de los preciós del Petróleo y se hayan acomodado a la nueva situación.
    Es lo que hubiera pasado en Grecia y que quizás pase cuando la comèdia acabe en tragèdia.

  4.    Responder

    Así es, sigue la evolución del capitalismo, con versiones mas o menos sociales de economía de mercado. El problema sigue siendo el miso, la desigualdad…

    Saludos

  5.    Responder

    Claro que hay alternativa y no os preocupéis que viene de camino…

    WEYLAND YUTANI

  6.    Responder

    En efecto el sistema económico moderno esta en constante construcción y adaptación. Nuevamente debe evolucionar y cambiar ciertas cosas, entre ellas la forma de creación de dinero.

    Un saludo


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