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Ayer, el primer ministro griego Alexis Tsipras publicaba en el periódico alemán “Der Tagesspiegel” una carta abierta a los alemanes. Objetivo intentar vencer la reticencia de la opinión pública alemana a seguir apoyando financieramente a Grecia sin palos de austeridad, explicando porqué el gobierno griego se niega a reducir pensiones tal y como piden los acreedores:

“Durante una negociación intercambiar argumentos es perfectamente legítimo siempre que se haga desde la sinceridad y la buena fue entre las partes. Sin embargo, cuando el diálogo se alarga sin un final a la vista, los métodos utilizados para argumentar se empiezan a parece cada más a los descritos por el gran filósofo alemán  Schopenhauer en “El arte de tener siempre la razón”.

 

Por ejemplo, nos es limpio utilizar de forma selectiva los datos estadísticos, incluso si son expuestos por economistas de prestigio cómo Olivier Blanchard y son utilizados para producir generalizaciones sin base que sólo sirven para oscurecer la realidad. Me gustaría aclarar un mito popular que se le ha hecho creer al ciudadano alemán. Básicamente el que son ellos los que están pagando los sueldos y las pensiones griegas. Está afirmación es del todo falsa.

 

No niego que nuestro sistema de seguridad social tiene problemas. Pero es importante señalar la raíz del problema para que este pueda ser resuelto. En los últimos años hemos sufrido muchos recortes que sólo han servido para profundizar la recesión económica y empeorar el problema.

 

Puede sonar sospechoso que el 75% del gasto primario del Estado griego se destine a pagar salarios de funcionarios y pensiones. Si suena increíble, es porque sólo el 30% del gasto primario es debido a las pensiones. Sin embargo, y lo más importante es diferenciar que pensiones y salarios no son lo mismo. Analizarlos de forma conjunta implica un serio error metodológico.

 

La comparación con las pensiones en Alemania también puede llevar a interpretaciones erróneas. Según el “Aging Reports” el gasto en pensiones griego pasó del 11,7% del PIB en 2007 (en Alemania estaban en el 10,4%) hasta alcanzar el 16,2% en 2013 (mientras en Alemania la cifra se ha mantenido estable).

 

¿Qué ha causado este aumento? ¿Ha sido debido por un incremento en el número de pensionistas o en el importe de las pensiones? La respuesta es ni uno ni lo otro. El número de pensionistas en Grecia se mantiene sin cambios y el importe de las pensiones ha sido recortado de forma drástica debido a las políticas de austeridad. El aumento del gasto de las pensiones sobre el PIB es debido esencialmente  por la caída del PIB (el denominador de la división), y no por un aumento del gasto en pensiones (numerador). En otras palabras, el PIB griego ha caído más que el recorte en pensiones.

 

Otra preocupación es la edad en la que se jubila una persona en Grecia. ¿Se retiran demasiado pronto los griegos? La realidad es que la edad legal para retirarse en Grecia es a los 67 años, dos años más que en Alemania, y la edad media real que una persona se retira en Grecia es a los 64,4 años para los hombres, unos 8 meses antes que los alemanes y a los 64,5 años para las mujeres, 3,5 meses después que las alemanas.

 

Quería resaltar lo anterior, no para negar las dolencias que afectan a nuestro sistema de seguridad social, sino para demostrar que el problema no es que tengamos unas pensiones más generosas. La alteración más significativa en nuestro sistema de pensiones  ha sido la caída dramática de los ingresos en los últimos años. Estos han sido causados por la pérdida de activos (Recorte en el valor de los bonos en manos del Fondo de Pensiones por €25 mil millones) y sobretodo por la caída de las contribuciones debido al alto desempleo y la reducción en lo salarios.

 

Concretamente, entre 2010 y 2014, unos €13 mil millones fueron recortados de nuestro sistema de la seguridad social, con medidas como una reducción de las pensiones y las prestaciones cercanas al 50%, lo que ha agotado cualquier margen para aplicar reducciones adicionales sin poner en juego el núcleo del sistema. Debemos entender que el sistema ha sido puesto en jaque no por presiones en el lado de los gastos sino por la presión a la baja de los ingresos.

 

Me gustaría también llamar la atención sobre una cuestión que es particular de la crisis griega. El sistema de la seguridad social es una mecanismo institucional de solidaridad intergeneracional, y su sostenibilidad es motivo de preocupación para toda la sociedad. Tradicionalmente, esta solidaridad ha significado que la gente joven, con sus contribuciones, financia las pensiones de sus padres. Pero durante la crisis en Grecia, hemos visto como esta solidaridad se ha revertido siendo las pensiones de los padres las que están ayudando a sobrevivir a los hijos. Las pensiones de los más mayores son el último refugio al que se aferran familias enteras para sobrevivir en un país con una tasa de desempleo del 25% y del 50% para la gente joven.

 

Ante esta situación no podemos realizar los cortes ciegos en horizontal que se nos ha pedido que hagamos y que resultarían en dramáticas consecuencias sociales. Por otro lado, no podemos ser indiferentes a la situación de nuestros sistema de seguridad social y estamos determinados a asegurar su sostenibilidad.

 

El gobierno griego ha hecho propuestas específicas para reorganizar nuestro sistema de seguridad social. Hemos aceptado la abolición inmediata de las prejubilaciones como una medida para aumentar la edad media de jubilación, y vamos, de forma inmediata, a consolidar los fondos de pensiones para reducir gastos operativos así como restringir algunas contribuciones especiales.

Tal cómo hemos analizado en detalle en nuestras reuniones con las instituciones, estas medidas que he detallado contribuirían de forma decisiva en hacer sostenible nuestro sistema y como todas las reformas sus resultados no se verían de un día para otro. Su sostenibilidad  requiere una perspectiva a largo plazo que no puede quedar sujeta a criterios fiscales a corto plazo cómo por ejemplo reducir el gasto público en un 1% del PIB para 2016.

 

Benjamin Disraeli solía decir que hay tres tipo de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. No dejemos que una compulsiva obsesión con las cifras destruya el acuerdo global sobre el que hemos estado trabajando durante estos intensos meses de negociación. El deber descansa encima de nuestros hombros.”

Una cuestión de Confianza en el laberinto griego

La verdad es que leyendo la carta de Alexis Tsipras o escuchando las largas reflexiones que nos regala Yanis Varoufakis parece complicado no darles la razón. Sin embargo el problema griego no descansa en exclusiva sobre sus hombros sino que viene de largo y es una cuestión de confianza.

Por ejemplo, la Troika podría acordar que el recorte en las pensiones ha sido brutal, tal como indica Tsipras, pero también es cierto que durante muchos años mientras que las pensionistas alemanes se han ajustado silenciosamente el cinturón aceptando aumentos de pensiones por debajo de la inflación, las pensiones griegas subían con alegría por encima de la inflación. Por ejemplo entre 2005 y 2009, el número de pensionistas del sector público griego aumentaba un 10,5% mientras que el coste de estas pensiones para el Estado aumentó en un 56,7%. El recorte ha sido drástico pero es que el gasto en pensiones griego incluso en 2012 estaba totalmente descontrolado.

Las medidas que anuncia Tsipras en el artículo que va a aplicar parecen razonables para hacer sostenible el sistema. No me recortes más las pensiones pero a cambio elimino ciertos privilegios como las prejubilaciones. Sin embargo mientras durante estos primeros 5 meses de mandato Tsipras ha optado por relanzar la televisión pública o readmitir a los trabajadores de la limpieza, no ha aplicado ninguna de las medidas que ha anunciado que iba a tomar sobre las pensiones algo que debería ser también independiente de si llega a un acuerdo o no con la Troika si lo que realmente quiere hacer el sistema de pensiones sostenible.

Después tenemos un demoledor informe que realizó la OCDE sobre Grecia en 2011:

“El aparato estatal en Grecia es virtualmente incapaz de implementar ningún tipo de reforma”

“El trabajo administrativo está fragmentado y compartimentado en los ministerios. En los ministerios no son capaces de priorizar y tienen grave problemas de coordinación. Cuando se produce algún tipo de coordinación esta sucede ad hoc gracias a la iniciativas personal pero sin el apoyo de las estructuras”

 

“Hemos encontrado que la comunicación entre los 14 ministerios es inexistente. Es más el elevado número de departamento dentro de los ministerios, muchos de los cuales consisten en un jefe de departamento y muchos otros en un jefe junto con un par de subordinados a ampliado la ineficiencia y la falta de control”

“Cuando por fin de produce algún tipo de coordinación, los gestores no tienen acceso a los datos necesarios, en muchos casos porque esos datos no existen. La administración no tiene por costumbre mantener registros o la habilidad necesaria para extraer información de los datos en el caso de que estos estén disponibles.

“Los problemas encontrados en la administración pública griega, son el resultado de décadas de clientelismo y del enorme volumen de leyes y regulaciones que gobiernas las competencias entre ministerios. Hemos encontrado más de 17 mil leyes, decretos o edictos.

El resultado final es el que es. Si un griego quiere recibir todos los permisos necesarios para que su negocio pueda empezar a operar en los EEUU tardará 24 horas en conseguirlos. Si un norteamericano intenta hacer lo mismo en Grecia tardará más de meses.

El resultado obvio ante todo este embrollo Griego es que la Troika se está dedicando a aplicar lo que sabe o puede aplicar, es decir una austeridad burda, entre otras cosas porque los griegos no han demostrado ser capaces de aplicar nada más. El país necesita microcirugía con urgencia para arreglar sus problemas y a un lado de la mesa tenemos a un carnicero y a la otra un paciente que lleva décadas sintiéndose cómodo con su enfermedad y que tampoco quiere ser tratado. Lo que nos falta es un buen cirujano y una buena dosis de confianza.

omentarios
  1. Aún no he leído un mea culpa ni de Tsipras ni Varoufakis. Que digo yo que los griegos, colectivamente, habrán hecho algo mal para que les vaya como les va ¿ no ?.

    Vale, los griegos han recortado y están sufriendo, pero si no reconocen sus problemas, esto no va a parar.

    Que tal decir, “vamos a reducir el gasto en armamento” o “tenemos un país lleno de corrupción pero la vamos a atajar y a meter en la cárcel a todos los que han robado”. Si dicen eso, que cuenten con mi solidaridad y mi dinero.

    Y ojito que sus problemas son los nuestros pero multiplicados a la enésima potencia.

    Dado que hasta Pablo Iglesis reconoce que no hay opción al mercado, lo que necesitamos son gestores eficientes. Y el que meta mano, a la calle.

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