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Chipriotas o idiotas

chipriotas

La rima es fácil. Pero no existe ninguna animadversión hacia ese pueblo, ni mucho menos, ya que lo ocurrido en Chipre sería comparable con lo acontecido en el resto de la periferia del sur de la Eurozona. Las circunstancias y las rimas de un griego, italiano, español o portugués son distintas, pero los paralelismos son innegables, e idiotas los hay en todas partes.

Los eufemismos políticamente correctos utilizados en la periferia son diversos, pero esencialmente, lo ocurrido ya y lo que puede ocurrir en el futuro, es lo mismo: Socializar las pérdidas y compartir la insolvencia del desmesurado endeudamiento de bancos y Estados. Al impago o default de la deuda soberana griega, hasta ahora se le ha llamado quita parcial. En España han utilizado nombres como rescate blando, Sareb o preferentes (como bien dice Guru Hucky en este artículo). Y en Chipre se ha bautizado esta vez como impuesto especial sobre los depósitos. Pero la naturaleza de los hechos es la misma: Tapar agujeros contables, bancarios y estatales, con dinero del pueblo. Dinero de los ahorradores e inversores que han confiado en las promesas, juramentos y palabritas del niño Jesús de las respectivas autoridades. E incluso se confisca el dinero de simples cotizantes y contribuyentes que ni tan siquiera han cometido el error de realizar ningún acto de fe voluntario.

Todos: Devotos, ingenuos y escépticos son mártires y potenciales presas de un proceso de socialización de deudas públicas y bancarias, que sólo puede parar la puesta en marcha a destajo de las impresoras de dinero del BCE (y aún en ese caso también se trataría de una confiscación generalizada de la riqueza de todos los europeos por la vía de la devaluación y la inflación futura). Pero todo parece indicar que dichas rotativas electrónicas no se van a emplear hasta que al pueblo no le quede ni una gota de liquidez. Esa es la estrategia definida por el vice-Presidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, como comentamos en “Seremos el mercado alemán de los años 20”.

Este corralito parcial chipriota es toda una declaración de intenciones por parte del Eurogrupo, hoy presidido por el holandés (Triple A…) Dijsselbloem. Porque el tamaño del rescate de la economía de Chipre es ridículo en comparación con el de Italia o España. Para que nos hagamos una idea, los ministros de economía europeos han preferido abrir la veda de los corralitos en la Eurozona, antes que aportar 7.000 millones más para que la deuda soberana de Chipre no incumpliese sus pagos (en total se precisaban 17.000, de los cuales sólo se ha aceptado rescatar sólo diez mil). Recordemos que nuestro rescate bancario (sólo bancario) nos ha costado nada menos que 100.000 millones a todos los ciudadanos españoles, ya que Europa -con Holanda y Alemania al frente- se negó al final a aceptar el rescate con dinero europeo. Y para postre Lagarde (FMI) acaba de advertir que “las necesidades de recapitalización de la banca española podrían aumentar aún más“, a poco que los inmuebles sigan cayendo y no volvamos a falsear sus valoraciones, claro está. O sea, que si los 7.000 de Chipre no salen de Europa, imaginemos lo que ocurrirá en cuanto los Mercados tensionen el frágil equilibrio español o italiano (o francés…)

El Eurogrupo ha preferido por tanto, romper con las promesas sagradas del blindaje de los depósitos bancarios (una confianza difícil de recuperar) y la libre circulación del dinero en la Eurozona, que rascarse una cantidad casi insignificante de los bolsillos comunitarios europeos. Además, podían haber autorizado otras medidas alternativas para tapar esa rendija de 7.000 millones, como la quita parcial de la deuda chipriota a la griega, una reemisión de deuda soberana con la garantía del resto de países o del BCE, un rescate bancario a la irlandesa, etc. Pero no. La decisión ha sido la menos sutil y la más incendiaria, puesto que las pérdidas en forma de prima de riesgo para Italia, Portugal y España serán probablemente muy superiores a esos 7.000 millones dentro de cuatro días.

¿Negligencia? No lo creo. Ojalá, puesto que sería susceptible de rectificación. Más bien me temo un deterioro importante en las relaciones internas del Eurogrupo. Una falta de armonía que ha permitido que, por un importe menor, la palabra tabú “Corralito” vuelva a las portadas de la prensa de la periferia europea. Dicho alejamiento de posiciones en el seno de la Eurozona, puede haber hecho que un importe casi insignificante como son 7.000 millones, resulte ya inaceptable para los países contribuidores netos. O sea que se hayan plantado en los 10.000 millones y hayan preferido el corralito para los restantes 7.000, como una definitiva demostración de “hasta aquí hemos llegado” los contribuidores centroeuropeos.

¿Qué puede ocurrir entonces en cuanto los Mercados exijan nuevas aportaciones solidarias por parte de la Troika, del calado de las que van a precisar Italia y España? Pues blanco y en botella, o mejor dicho en cuello de botella. El sentido común (y obviamente la experiencia vivida en la periferia hasta hoy) proclama una ley universal que, a pesar de ser elemental y evidente, a veces la demagogia y los eufemismos políticamente correctos esconden: El dinero saldrá de quienes aún tienen. Como decíamos al principio, sólo la improbable impresión electrónica masiva de Euros por parte del BCE puede evitar la confiscación burda y paulatina del dinero de la población. Pero Alemania no parece dispuesta a permitir los QE americanos, y por tanto el expolio directo de la población es y será un hecho. Y como es lógico, la población que primero se debe afectar es la periférica, es decir la perteneciente a los países generadores de las insolvencias que hacen tambalear a toda la Eurozona. Y dentro de ella, primero los más confiados, o sea los más facilitos. Es de lógica triste, injusta pero aplastante, digan lo que digan los discursos políticamente correctos y los eufemismos.

De una manera u otra, la insolvencia de bancos y Estados será pagada por quien dispone de dinero, o sea por la población. En primer lugar les está tocando el turno a los más ingenuos, confiados, arriesgados y/o mal asesorados (tenedores de deuda soberana, preferentes, accionistas de bancos, depósitos bancarios, etc.), y pronto la sangría se irá extendiendo a ahorradores e inversores menos proclives a creer y a confiar.

Llegados a este punto no está de más recordar la frase que escribimos hace tan sólo unas semanas en el artículo titulado “¿Debo invertir desde España o desde Luxemburgo?”: Cuando la insolvencia ha entrado por la puerta de la periferia, los inversores más prudentes deben haber saltado ya por la ventana en dirección a plazas financieras legales y transparentes, pero con menor riesgo jurídico, bancario y de país. A pesar de que (afortunadamente) las inercias de la confianza y las promesas gubernamentales son grandes y lentas, el deterioro y la confiscación se extienden lenta pero inexorablemente. Y aunque por el momento no sea en forma de escandaloso tsunami, la marea va subiendo y ahogando a los más confiados e inconscientes.

Hoy ha sido el turno de los propietarios de depósitos en bancos chipriotas, que confiaron en el Fondo de Garantía de Depósitos, en los discursos de la Comisión Europea, en los ministros de economía del Eurogrupo, en el rescate de la Troika y en definitiva en los Reyes Magos de Occidente. Pero la marea seguirá subiendo y ahogando a más y más tenedores de ese bien preciado y escaso llamado dinero, por el cual hoy la Eurozona ma-ta y ma-ta-rá. Y siempre que lo hagamos dentro de la legalidad vigente, más nos valdrá que gestionemos nuestros patrimonios de modo que el próximo turno que llegue siempre sea el de otros idiotas.

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