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¿Nos salvará el comercio internacional? – España. Parte I

comercio internacional

España está atravesando uno de los peores momentos de su reciente. La crisis económica ha salpicado a todos los sectores de nuestra economía. En un anterior capítulo, Miguel Puente Ajovin y yo, tratamos los problemas que la austeridad provocaba en el sector exterior. Lo que pudimos sacar en claro (en un largo análisis que publicamos en esta misma página) es que ningún país europeo es una isla. La implicación de España dentro de la Comunidad Económica Europea implica unos beneficios y unas condiciones.

La realidad de Europa es el libre movimiento de personas y un pacto de comercio común (entre Estados Unidos y  la propia Europa, como vimos hace no mucho) y sin embargo, la evidente cesión de soberanía monetaria al Banco Central Europeo (aunque se podría tratar de cualquier otra autoridad monetaria que concentrase las políticas de este tipo). Ahora bien, el comercio de todos los países europeos depende de ellos mismos y de las materias que se dediquen a proveer. En este caso, hablaremos de España y de su situación. Antes de nada, echemos un vistazo a este gráfico que relata el gasto social de cada país expresado en base al porcentaje del PIB (GDP en inglés)


comercio internacional


El análisis primero nos lleva a buscar la situación de España en la que el gasto público se ha visto drásticamente disminuido (a pesar de que no fue en ningún caso el causante de la crisis). Si echamos un pequeño vistazo a las teorías sobre el comercio internacional escrita por múltiples economistas podremos ver varias evidencias. La primera, como indican Koujianou y Pavnick, de Yale y Dartmouth respectivamente, es que la relación comercio – desigualdad – pobreza está vigente y debe estar sujeta a la atención de todos los agentes económicos. También, Oleg Itskhoki, un profesor asistente de la Universidad de Princeton, en Nueva York, plantea que hay un problema muy interesante que debe ser observado en la consecuencia comercio – desigualdad. Los postulados teóricos de todos estos economistas son fantásticos y se pueden encontrar en la National Bureau of Economic Research, Massachusetts.

Apuntes sobre el comercio español

Pol Antràs indicaba en el blog de FEDEA, Nada Es Gratis, una curiosa relación de las exportaciones españolas. (El autor recomienda encarecidamente leer a Pol en temas de comercio internacional especialmente sus papers destinados al Handbook of International Economics.) A día de hoy (los datos pertenecen al Instituto Nacional de Estadística), ésta es la relación de las exportaciones españolas con sus importaciones*

 

*Es importante que el lector tenga en cuenta la relación del CIF y del FOB a la hora de comparar los ejercicios de la balanza comercial.

En un primer análisis vemos que el valor de las importaciones siempre es más alto que el de las exportaciones. Esto se debe, en parte, a que el ejercicio de producción y de competitividad de los productos españoles es bajo: la teoría económica nos dice que entre dos productos totalmente homogéneos el consumidor siempre irá a por el más barato. Esto, por cierto, no significa que se deba llevar a cabo una devaluación interna. La devaluación interna es un proceso que en una Unión Monetaria se ejemplifica en reducciones de salarios.

Algunos defensores de esta teoría no tienen en cuenta que la competitividad y la producción no se estimulan con la bajada de salarios. En situaciones como las que está atravesando nuestro país, una reducción salarial sólo pone freno a la puesta en marcha de incentivos. ¿La ha habido? Los gráficos nos indican que sí (al menos, la reforma laboral impuesta por el Partido Popular de la que se habla, por ejemplo, aquí, es una medida que permite la discriminación total del trabajador frente a la figura del empresario; el problema existiría en igual y justa medida si se diese la situación contraria) y de ahí podríamos encontrar una situación curiosa a la que achacar nuestra situación actual. De cualquier forma, las políticas emprendidas por el Gobierno de España provocarán una recesión aún mayor. ¿Hay que reformar? Por supuesto, las reformas en nuestro país son necesarias. Pero de esto, hablaremos en otro capítulo.

España no es un país que se dedique a exportar como su actividad principal.  De hecho, nuestra cuota de exportaciones está muy por debajo de Reino Unido que, ya en 2009, empezaba a caer. Pero el gráfico, es algo que todos conocemos: como explicamos en el anterior artículo, nosotros somos exportadores del factor – sol. Además, los procesos exportadores a lo largo y ancho del mundo están demostrando que existe una dependencia tecnológica altísima. Japón, por ejemplo, posee muy pocas materias primas en su territorio y, por lo tanto, tiene que llevar a cabo un proceso de exportación bastante amplio.

Por otro lado, Japón se dedica a exportar tecnología. Y de hecho, muchos países además de materias primas, tienen que tener en cuenta el proceso tecnológico. No todo el mundo puede competir de la misma forma e.g un ordenador se realiza de forma más barata en China que en Estados Unidos, porque el salario mínimo o los costes de producción son más bajos, en cualquiera de los dos casos.

Sin embargo, España es un país ambiguo. La destrucción de los derechos laborales de los trabajadores provocaría que muchas industrias se mudasen a España, porque podrían practicar actividad económicamente ilícitas. Sin embargo, esta no es la solución en ningún caso porque la retirada de derechos laborales a-costa-de algo no se puede ni siquiera contemplar en el ámbito práctico

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