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¿Cómo transformar una ciudad violenta? Medellín, un caso de éxito

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En Europa la violencia no es un problema en la actualidad, las preocupaciones de los ciudadanos se centran en la corrupción y la crisis económica, y en España concretamente en el desempleo como bien sabemos. Sin embargo en América Latina la seguridad ciudadana es seguramente el problema principal. Se trata de un mal difícil de erradicar en una de las regiones con más desigualdad del mundo: los robos y homicidios son frecuentes a diario.

Es impactante dentro de este panorama el avance experimentado por la segunda ciudad de Colombia: Medellín. En pocas décadas ha pasado de ser la ciudad más violenta del mundo y capital mundial del narcotráfico y del sicariato, a convertirse en la ciudad que más crece de América Latina, la que tiene mayor calidad de vida de la región, y la que más ha reducido la violencia. Es una de las ciudades más ricas de Colombia, y seguramente la más emprendedora. De hechomuchas de las principales empresas del país son “paisas” (como se conoce a los habitantes de esta región). No hay sino que visitar la ciudad para comprobar estas características: clima espectacular (la llaman la “ciudad de la eterna primavera”), gente encantadora, infraestructuras de primer nivel, etc.

Es el claro ejemplo de cómo transformar una ciudad violenta en una ciudad innovadora y de primer nivel. Por ello me ha parecido interesante extraer lo principal del artículo Medellín’s comeback: The trouble with miracles.

Hasta hace pocos años, ningún forastero se hubiera atrevido a poner un pie en la Comuna 13, en su momento el barrio más peligroso de Medellín. Ahora las agencias de viajes ofrecen tours para ver muchos de los murales del distrito, o para viajar por las largas escaleras mecánicas al aire libre construidas para ascender las empinadas laderas del valle en el que esta ciudad con un área metropolitana de 3,7 millones de habitantes se asienta. Estas excursiones no son sólo para los turistas; alcaldes de todo el mundo viajan a una ciudad que se ha convertido en un modelo de desarrollo urbano. ¿Cómo se produjo el “milagro de Medellín”? ¿Qué puede enseñar a otras ciudades?

La receta de Medellín parece simple. Solía ser la capital del crimen del mundo, la ciudad natal de Pablo Escobar, el todopoderoso señor de la droga. La solución fue un cambio de imagen urbana radical con un propósito redistributivo: los mejores proyectos fueron reservados para las zonas más pobres y violentas. “El objetivo era unir a una sociedad fragmentada y mostrar respeto por los más humildes”, dice Sergio Fajardo, alcalde de la ciudad entre 2004-07, que se considera como la ciudad pionera en lo que los ‘expertos’ llaman “el urbanismo social”.

El primer paso para comprender este enfoque es comprar un billete para el metro de superficie de Medellín (único del país). El sistema no es sólo un medio de transporte, sino también una declaración de intenciones. Está absolutamente limpio; grafitis por ningún lado; cada plataforma tiene su propia guardia de seguridad; a los pasajeros se les recuerda constantemente hacer cola. Algunas estaciones tienen bibliotecas, otras salas de conciertos.

Cuando se abrió en 1995 el metro unía principalmente el norte y el sur del valle. Para conectar los barrios más pobres, que se aferraban a los lados del valle, la ciudad también construyó dos líneas de teleféricos aéreos. Utilizó las estaciones de este sistema como anclas para ambiciosos “planes urbanos integrados”: una combinación de nuevos edificios, espacios públicos y programas sociales, todo desarrollado con la participación de los residentes locales.

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Un paseo por la línea del distrito nororiental da una idea de lo que se ha logrado. La estación de Santo Domingo se encuentra en el centro de un cúmulo de nuevas escuelas, puentes y parques, así como la futurista Biblioteca España, un centro cultural completo con galerías, auditorios y bibliotecas.

Los problemas de Medellín siguen siendo graves. En 1991 un rico ganaba 21 veces más que un pobre; en 2010 el múltiplo era 56. En El Poblado, el barrio de los ricos, uno se siente como en Singapur; Popular, el barrio más pobre, es una reminiscencia de los barrios marginales de Dhaka. Pero la pobreza en la ciudad ha disminuido en los últimos años: el 19,2% de los habitantes viven ahora por debajo del umbral oficial de pobreza, menos que el promedio de las áreas metropolitanas de Colombia. La tasa de homicidios, que alcanzó un máximo de 381 por cada 100.000 habitantes en 1991, se ha reducido a menos de 50 por cada 100.000.

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La transformación de Medellín fue causada en gran parte por dos factores concretos. En primer lugar, la ciudad tiene una fuente de dinero que pagó gran parte de su urbanismo social. Empresas Públicas de Medellín (EPM) es una de las compañías de servicios públicos mejor administradas de América del Sur. En 2013 generó cerca de $ 869 millones de beneficios (sobre unos ingresos de $ 6.9 mil millones), de los que $ 640 millones terminaron en las arcas de la ciudad. En los últimos diez años EPM ha dirigido $ 3.2 mil millones al ayuntamiento, en torno al 25% del presupuesto municipal. Los paisas aprecian su utilidad, los políticos que se meten con EPM lo hacen bajo su propio riesgo: hay un control social masivo de lo que hacen.

El segundo motivo es que la ciudad se basa en una cultura política y económica única, que algunos han llamado “el corporativismo católico”. Ya sea por el carácter de las primeras oleadas de inmigrantes (a menudo jesuitas y vascos), el hecho de que se encuentra en un valle aislado en una de las regiones más montañosas de América del Sur o la eterna competencia con Bogotá; las élites de Medellín han colaborado mucho para que su ciudad prospere.

Durante la década de 1990 representantes de las empresas, el municipio, las ONG, los sindicatos, las universidades e incluso algunos miembros de las bandas se reunían regularmente para discutir el futuro de la ciudad. Estas mesas redondas generaron tanto las ideas como una nueva generación de líderes locales, como el Sr. Fajardo y Alonso Salazar, quien se desempeñó entre 2008-11.

Un tranvía y dos líneas más del teleférico se están construyendo y conectarán los barrios pobres del este de la ciudad. Pero otros planes parecen decididamente más urbanos que sociales: un cinturón verde alrededor de la ciudad, nuevas líneas de metro, un parque fluvial y un “distrito de la innovación”, que ya cuenta con un gran centro para startups y otras empresas de tecnología. Se habla de convertirse en un Silicon Valley del sur.

Para que siga madurando la fruta, Medellín tendrá que abrirse, dice Julio Dávila, experto en políticas urbanas del University College de Londres. La fuerte cultura de la ciudad tiene inconvenientes, como la reticencia a hacer negocios con extranjeros y una tendencia a no pensar más allá del borde del valle. Al preguntarle qué le quita el sueño al Presidente de EPM (con un negocio en expansión en el extranjero), él responde: “Todo el mundo está enamorado de su ciudad. No quieren trabajar en el extranjero”

Gustavo Rivero

Linkedin.com/in/griverog

Leer: “Visitando la comuna nororiental de Medellín”

O es dejamos esté vídeo “visitando la Comuna 13 de Medellín” algo impensable hace 15 años



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