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Corazón, cerebro y coraje

Gustavo Rivero. Siempre he considerado que la receta del éxito es la suma de tres “ces”: corazón, cerebro y coraje. Por ello traigo a colación un artículo que leí hace poco en Project Syndicate donde intentan determinar las cualidades de un gran líder. Para uno de los autores, los elementos claves son el corazón, el cerebro, el músculo, el valor y el alma. Para el otro autor, resultan fundamentales la compasión, la astucia y el coraje, así como la capacidad de identificar el talento y el entendimiento de la complejidad.

Ambas listas comienzan con el corazón. Como en los casos de Mandela y Gandhi, un líder no puede alcanzar la grandeza sin mostrar una profunda empatía con su pueblo. Se trata de un sentimiento que alimenta la lucha contra las injusticias.

En segundo lugar, el “cerebro”: la facultad de filtrar la información que nos inunda constantemente para poder tomar decisiones inteligentes en un mundo complejo que cambia rápidamente. Por ejemplo, el constante crecimiento y desarrollo de China y la India refleja que el presidente Xi Jinping y el primer ministro Modi entienden los desafíos y las oportunidades que se plantean en la Cuarta Revolución Industrial.

El uso inteligente de la tecnología está ayudando a aliviar la pobreza. Los mil millones de indios que se han inscrito para obtener su tarjeta de identidad electrónica ya cuentan con acceso directo a beneficios sociales sin barreras burocráticas. Los mil millones de chinos que utilizan sus teléfonos inteligentes para hacer pagos móviles tienen acceso directo a todo tipo de productos de consumo que mejoran sus vidas.

La tercera cualidad fundamental de un gran líder es el coraje. La oleada de refugiados en Europa ha ocasionado una explosión del sentimiento populista. Los dirigentes débiles han cedido a la presión, pero no es el caso de la canciller alemana Merkel. Al principio su imagen se hundió entre los votantes, pero finalmente su coraje dio sus frutos y ahora es una de las líderes mundiales más sólidas.

Como destaqué recientemente en un artículo, el papa Francisco nos enseña cómo estas diversas cualidades pueden confluir para producir un liderazgo fuerte. Su perspicacia, coraje, moralidad e inteligencia han permitido cambiar la posición y percepción de la Iglesia católica en el mundo.

Aunque la tradición prohíbe al pontífice avalar la homosexualidad, el papa Francisco tuvo la valentía de decir: “Si una persona que es gay busca al señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”. De la misma forma, Francisco salió de la postura tradicional de la Iglesia al sugerir que las mujeres expuestas al virus Zika, que devastó América Latina el año pasado, podrían usar anticonceptivos.

El papa ha demostrado coraje y sabiduría al adoptar una estructura eclesiástica más descentralizada y al concebir una Iglesia inclusiva que sea un “hogar para todos”. En otro movimiento inteligente, procuró una rotación gradual de altos funcionarios del Vaticano en lugar de buscar un recambio repentino.

Francisco también tiene alma de líder. En un momento u otro, la mayoría de los líderes sucumbe a las comodidades del cargo. Pero él sigue viviendo una vida sencilla y desprendida, sin los beneficios que a menudo se asocian al liderazgo, incluso en el ámbito religioso.

En un mundo que cambia más rápidamente que nunca, debemos buscar líderes que puedan proteger y servir los intereses de la gente que representan. Esto implica no sólo criticar los fracasos de los líderes débiles, sino también destacar los éxitos de los fuertes.

Gustavo Rivero
Linkedin.com/in/griverog

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