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Cuando ganar dinero no basta.

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A la mayoría de inversores poco les importa lo que hubiera podido ocurrir. Tan sólo valoran y califican la calidad de sus apuestas por su resultado final. O sea, que a menudo sin ser conscientes de ello, suscriben el viejo dicho de: “bien está lo que bien acaba”.

Pero cuando en la ecuación de la inversión dejamos atrás el simple resultadismo y contemplamos algo tan sutil y complejo como el Riesgo de pérdidas definitivas que se ha asumido realmente (que no la volatilidad), la cosa se complica… pero para bien. Y esto es de especial importancia en este New Normal, donde la seguridad y el riesgo han cambiado de manos ante el estupor y la ignorancia del mundo financiero, como ya advertimos en “¿Quién se ha llevado mi riesgo?”

Hoy más que nunca, la bondad o maldad de una inversión hay que calcularla analizando el binomio rentabilidad y riesgo real asumido. El resultado tan sólo nos indica que se ha producido uno de los posibles escenarios, nada más. Si no lo habéis hecho ya, os recomiendo leer uno de los mejores tratados de lo que supone la aleatoriedad en las finanzas: “Fooled by Randomness” de Nassim Taleb. Porque no debemos perder de vista que invertir es, al fin y al cabo, tratar de colocar y acomodar de la mejor manera nuestra riqueza en previsión de lo que pueda suceder en el futuro, para su consolidación y crecimiento.

De poco sirve seguir estrategias de inversión que, a pesar de que por una vez puedan haber resultado rentables, hacen al ahorrador asumir elevados riesgos de pérdidas definitivas. Porque el mero hecho de que hayan salido bien este trimestre o este año, no implica que no se vayan a estrellar pasado mañana, ni que su riesgo intrínseco sea menor. Y viceversa, o sea que la más segura de las inversiones puede ser víctima de un oscuro cisne, que se lleve por delante y para siempre una parte importante del patrimonio. Y ello puede ocurrir a pesar de que los cautos inversores se hayan conformado con un retorno muy moderado a cambio de presunta seguridad.

Por lo tanto, que una inversión muy segura haya tenido un resultado positivo y moderado, no implica que no pueda generar pérdidas la próxima vez. Y del mismo modo, el éxito de una inversión arriesgada tampoco nos debe hacer pensar que el riesgo asumido haya sido menor. Para que los escépticos lo crean, tan sólo deben pensar que si dicha inversión arriesgada tuviera la capacidad de salir bien la mayoría de las veces, de hecho ya no sería una inversión arriesgada, o sea que simplemente le habríamos considerado más riesgo del que realmente tenía, estando entonces doblemente equivocados.

Veamos algunos ejemplos de lo paradójico que a veces resulta lo que acaba ocurriendo versus otros escenarios posibles que habrían podido ocurrir, y que de hecho pueden perfectamente ocurrir en el futuro:

Los inversores que durante estos últimos años han colocado sus ahorros en depósitos bancarios de entidades españolas virtualmente quebradas, han conseguido unos rendimientos moderados que, hoy por hoy, no han sufrido ningún evento de insolvencia. De hecho ni siquiera el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD by BBVA;) ha tenido que afrontar ninguna cobertura (aDg), más allá del saqueo que le supuso la creación del FROB y los sobresaltos normativos del BdE y demás reguladores. Incluso aquellos bonistas que compraron el pasado año deuda soberana española están en estos momentos obteniendo plusvalías con la reducción de la prima de riesgo, cobrando religiosamente -como buen acto de fe que es- cupones y principales a sus debidos vencimientos.

La pregunta del millón es: ¿Estos finales -o mejor dicho presentes- felices implican que dichos inversores tomaron buenas y seguras decisiones colocando en esos activos sus ahorros? La respuesta es NO. Porque objetivamente y de forma inconsciente, han estado asumiendo durante todo este tiempo unos riesgos de impago que no compensan unos rendimientos moderados (y me atrevería a decir que ni siquiera unos retornos abultados). Por tanto, el riesgo de pérdida permanente de su patrimonio ha sido y es alto, a pesar de que en el escenario ocurrido hasta la fecha les haya salido bien.

Si lo trasladamos al mundo del azar lo veréis más claro. Si millones de personas lanzan una moneda al aire 25 veces prediciendo si saldrá cara o cruz, el número de individuos que hayan acertado en todas sus predicciones lógicamente se irá reduciendo, pero al final obtendremos unas docenas de personas que lo habrán conseguido todas y cada una de las tiradas.

Volvamos con la pregunta del millón: ¿Significa eso que esas personas tienen más de un 50% de probabilidades de acertar si saldrá cara o cruz en el lanzamiento 26? Óbviamente la respuesta vuelve a ser NO.

Sin embargo, estos afortunados, si en lugar de lanzar monedas al obvio azar hubieran realizado inversiones, se sentirían seguros y confiados de poder seguir obteniendo buenos resultados en sus rendimientos, para su propio dinero o para el de terceros. Creerían así, tanto ellos mismos como sus seguidores, clientes o devotos feligreses, que el riesgo que asumen de equivocarse es muy inferior al riesgo que corren realmente.

Para ellos, y lamentablemente también para la mayoría de inversores, sólo el resultado les determina la bondad de la inversión. Y simplemente prescinden de lo que hubiera podido ocurrir con sus depósitos bancarios o sus monedas al aire en otros escenarios que no se han dado esta vez, porque para ellos lo más probable y sucesible siempre es precisamente lo ocurrido. Craso y caro error.

Quizá este post agüe la fiesta de algunos que se regocijen de sus rendimientos y de sus capacidades de encontrar silver bullets constantemente. Pero a ningún inversor se le debería escapar que la valoraciòn del riesgo (al igual que la valoración de las empresas o la mismísima predicción del futuro escenario financiero) es todo un arte que va infinitamente más allá del simple resultadismo miope.

Y no deberíamos olvidar que, hoy más que nunca en este New Normal, es temerario valorar la bondad de nuestras inversiones exclusivamente por los resultados del escenario ocurrido, obviando el riesgo real asumido en el resto de escenarios probablemente o potencialmente sucesibles. Si lo obviamos, el presente no hará más que adularnos, y el futuro nos sorprenderá con pérdidas irrecuperables.

P.D. Para aquellos a los que les gusten los retos intelectuales y como mero divertimento, imaginad todo lo anterior en clave cuántica. Es decir con unas leyes físicas de la economía de Mercado donde las inversiones tengan como resultado todos los rendimientos y riesgos posibles a la vez. Y donde sólo el observador o inversor cuántico determine la ocurrencia de uno de los escenarios posibles. ¿A que ahora la evaluación clásica del rendimiento vs el riesgo real asumido os parece un elemental juego de niños? 😉

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6 comentarios

  1.    Responder

    Me parece que el dinero digital es una muy buena forma
    de disminuir la crisis son mecanismos que ayudan a impulsar determinado mercado y no tiene las
    complicaciones de las tarjetas o del efectivo, también bajan los costos de
    tramites es la mejor forma de ahorro pago y venta.

  2.    Responder

    Entonces segun esas teorías, Warren Buffett es de los pocos afortunados entre millones que ha acertado todas las tiradas de moneda seguidas. Él mismo contesta esa reflexión en el epílogo del libro “El inversor inteligente” (ediciones recientes). Realmente muy recomendable su lectura.

    1.    Responder

      Y da la casualidad de que la inmensa mayoría de las docenas de tipos que aciertan las 25 tiradas seguidas tiran la moneda de cierta forma peculiar (inversión Value) 😉

      1.    Responder

        Ahí está.

  3.    Responder

    Hombre Paco, entre contemplar el riesgo real asumido más allá del resultadismo miope, y decir que Buffett es producto del efecto Montecarlo, hay un trecho enorme. Los buenos buscadores de Valor (no los malos) no se enriquecen por casualidad.

  4.    Responder

    desde que leí ese libro no he vuelto a ser el mismo, hoy en día cualquier inversión es una lotería porqué todo esta globalizado y siempre aparece un evento X que lo cambia todo de la noche a la mañana, ya sea quiebra de algo, guerra, etc.

    Los Warren Buffets del mundo existen porqué estadísticamente alguien tiene que haber que tirando una moneda le salgan 20 veces seguidas cara. No vemos los cientos de miles de “warren buffets” que se han quedado por el camino.


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