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Resolviendo el dilema: ¿Se debe ir en contra del Mercado o no?

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Si algo he aprendido en todos estos años es que no se debe ir en contra del Mercado“. Esa es la frase lapidaria que dijo hace unos días un alto directivo de una entidad bancaria nacional hace unos días a uno de nuestros Clientes. De hecho es una frase que hemos oído en muchas otras ocasiones a diversos empleados de banca, e incluso a algunos ahorradores a lo largo de las casi 3 décadas que hace que nos dedicamos a invertir nuestro dinero y el de nuestros Clientes.

La cuestión que vamos a tratar de aclarar definitivamente es si es cierto que a largo plazo debemos enfrentarnos a Mr. Market, o por el contrario debemos dejar fluir nuestras inversiones junto con los vaivenes de los Mercados. Y la respuesta quizá sorprenda a más de uno: Depende de si somos banqueros o inversores. Nos explicaremos.

Cuando un banquero o un asesor de tres al cuarto recomienda una inversión que posteriormente baja de precio y genera pérdidas en las carteras de sus Clientes, suele recomendarles vender esa posición y sustituirla por otra que haya ido mejor, por ejemplo otro fondo de inversión u otra acción de cualquier empresa cotizada. Los Inversores os preguntareis ¿por qué demonios recomiendan vender el fondo/acción que ha bajado (y que por tanto está más barato) para comprar el fondo/acción que ha subido (y que por tanto está más caro)? Pues las razones que tienen los banqueros para hacer semejantes volantazos son diversas y vamos a enumerar las principales: En primer lugar el desconocimiento de la calidad y del valor real de los activos que recomienda tener en cartera, bien sean acciones de empresas compradas directamente o a través de fondos de inversión. En el caso de los fondos, además suelen desconocen por completo a sus gestores, filosofía de inversión, criterios, metodología, etc. A lo sumo conocerán las breves explicaciones que los factsheets o documentación comercial ofrecen periódicamente al público en general y poco más (y he dicho a lo sumo..). Por tanto, es lógico que ante tal desconocimiento de la calidad y del valor real que tienen los activos que recomiendan, huyan despavoridos en cuanto los resultados se tuercen y hacen peligrar la continuidad de sus sufridos Clientes bajo su cautividad. Porque no tienen a qué agarrarse para seguir recomendando esas inversiones mas que a los resultados recientes. Y si éstos son malos, cambian de liana y anclan sus nuevas recomendaciones a aquellos fondos o empresas que han subido últimamente, o sea que en la foto del rendimiento reciente lucen mejor. ¿Qué otra cosa puede hacer un asesor -que recordemos que desconoce el Valor real de los activos que recomienda- que guiarse por la evolución reciente del precio al que el Mercado lo cotiza? Realmente, en cuanto los resultados a corto plazo no acompañan, el suelo se desvanece bajo los pies de los banqueros o pseudo-asesores, porque no tienen ningún fundamento que justifique la razón por la que recomendaron una u otra determinada inversión.

Además hay otras razones por las cuales un banquero o pseudo-asesor suele recomendar abandonar los activos que han bajado recientemente y apostar por aquellos que han subido. Por ejemplo el hecho de que para la mayoría de sus Clientes (que no nos engañemos, desgraciadamente están muy lejos de poderse calificar de Inversores) les resultará mucho más aceptable vender las posiciones perdedoras de sus carteras y comprar otras que hayan subido recientemente. ¡Corto lo malo, y entra lo sano!“, como diría el vidente-timador de las madrugadas de la telebasura. Porque para cualquier mortal que ignora cómo invertir su dinero, resulta aceptable e incluso tranquilizador que su banquero (sí, el mismo que le ha hecho perder dinero) le recomiende vender las posiciones que han bajado y comprar otras que hayan subido. Eso es evitar ir en contra del Mercado, y del Cliente, que recordemos que no sabe invertir y por ello se deja “asesorar por un especialista”, o sea el camino más cómodo para el banquero. Es ahí donde el Asesoramiento en mayúsculas debería ejercer su influencia sobre los Clientes y evitar la reacción fácil, impulsiva e irracional de vender cuando los precios bajan y comprar cuando suben. ¡Pero ojo! Sólo si realmente los asesores son capaces de recomendar sistemáticamente inversiones de mucha calidad, puesto que de lo contrario cuanto antes saltemos del barco mejor.

A pesar de que se invierta en los mejores y más baratos activos del mundo, sabemos que es complicado para un asesor convencer a sus Clientes de que esos activos que tiene en cartera, y que han bajado de precio en el último periodo, son de alta calidad -y recordemos que para ello primero el asesor debería tener los conocimientos necesarios, y hacer el esfuerzo de aprender a calibrar su calidad y Valor-. Pero su obligación debería ser tratar de convencer a sus Clientes, mediante explicaciones bien fundamentadas, que cuanto más bajen esos activos de calidad, más interesante resulta invertir en ellos. O sea que, lejos de vender, se debe mantener la posición o incluso comprar aún más participaciones de ese fondo (o acciones) que ha bajado de precio y que cotizan hoy a un nivel aún irracionalmente más bajo que su Valor real. En cambio, lo fácil para un banquero o pseudo-asesor es decirle al Cliente lo que quiere oír, o sea que quitamos lo que ha ido mal en el último trimestre, y mantenemos o invertimos en lo que ha ido bien recientemente. Ahí no hay discusiones con el Cliente, no hay que consumir tiempo ni esfuerzo en comprender ni argumentar que, a pesar de la bajada reciente, la calidad de los activos de la cartera es enorme, y que vender sería una locura.

Otro camino fácil que toman los banqueros o pseudo-asesores es el de ceñirse exclusivamente a los fondos y acciones de empresas o gestoras conocidas, con nombres altisonantes, y que además consten en su catálogo de ventas, en el que por cierto sólo se incluyen aquellos fondos que dejan comisiones más elevadas a la entidad comercializadora (banco), independientemente de si están o no bien gestionados. No importa en absoluto que sus resultados a largo plazo sean mediocres y que su gestión sea irregular.

También hay otras razones de menor peso que impiden que los banqueros y pseudo-asesores recomienden contradecir a Mr. Market, como por ejemplo el mimetismo con los banqueros o pseudo-asesores de la competencia. A ninguno de esos “profesionales” les gusta correr el riesgo de quedarse solo cuando la marea baja y sus Clientes entran en pérdidas. Recomendando fluir a favor del Mercado al unísono con la inmensa mayoría de banqueros, cuando se produce un barrido por parte de Mr. Market, nadie les señalará con el dedo, puesto que la mayoría de carteras de la competencia estarán sufriendo las mismas consecuencias. Y los Clientes jamás les podrán culpar de estar perdiendo mucho más que el resto de la mayoría de sus amigos y conocidos, ni les acusarán de tener en cartera una posición perdedora un tanto “exótica” que el resto de su entorno no tenga. Porque todos los Clientes pseudo-asesorados por la banca perderán en proporciones similares y en productos parecidos, y por tanto ningún banquero será lapidado especialmente por sus sufridos Clientes. Todas las miserias de los pseudo-asesores serán cubiertas por un criterio de mediocridad (aquí tenéis unos enlaces a diversos artículos 1a parte2a parte  y cifras) cuyo interés no es en absoluto la buena marcha de las inversiones de sus asesorados si no decirles a sus clientes lo que quieren escuchar, evitar tener que saber y conocer la calidad y Valor de los activos que recomiendan (pudiéndose centrar así exclusivamente en la tarea comercial), cubrirse las espaldas ante las caídas de Mr. Market con el viejo dicho del “mal de muchos, consuelo de tontos”, y mantener así cautivos a los clientes el mayor tiempo posible.

En cambio, la visión para el inversor de verdad debe ser precisamente todo lo contrario. La prioridad es conocer la calidad y el Valor de cada unos de los activos en los que invertimos, y aprovecharnos de las ineficiencias, locuras y excesos que comete constantemente Mr. Market para ganar dinero. Y si tenemos en cartera un fondo gestionado por un gestor excelente, que elige empresas con buenos y baratos negocios para su cartera, al cual el esquizofrénico Mercado le hace caer su cotización, deberemos tener un Asesor de verdad, que nos diga que no debemos vender ese fondo sino mantenerlo o incluso sobreponderarlo para aprovechar esa oportunidad. Porque, aprovechando para recomendar este útil, sencillo y económico librito, “todo necio confunde Valor y precio“.

Debemos recordar que las grandes fortunas amasadas por los mejores inversores del planeta a lo largo de los últimos 100 años, se forjaron aplicando este principio: Ir en contra del Mercado. Fluir distraídamente son él,  sin conocer el Valor real de los activos en los que se invierte, sólo beneficia los intereses de los banqueros y pseudo-asesores, pero no a los Inversores y al buen asesoramiento. Por eso, dependiendo de las prioridades de cada uno, obtendremos una u otra respuesta a la pregunta genérica de si debemos o no ir en contra de Mr. Market. ¿Y tú, de quién eres?

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