Dell tiburones

Michael Dell hubiera querido hacer una oferta que nadie pudiera rechazar, pero no ha sido así. El febrero pasado, el directivo y fundador del tercer fabricante de ordenadores personales del mundo ofreció 13,65 dólares, por cada acción que cotiza en la bolsa. La alianza de Dell con Silver Lake Partners, y Microsoft como máximo acreedor, serviría para “privatizar” la empresa y borrarla de los mercados. Esta propuesta no ha gustado a algunos inversores, que ya han buscado colaboradores y mecanismos porque Dell no logre su propósito.

La alianza de Silver Lake y Dell ha conseguido reunir un total de 24.400 millones de dólares a desembolsar por cada acción en manos del público. Blackstone e Icahn Enterprises, dos instituciones financieras reconocidas por su experiencia en movimientos corporativos, han presentado diferentes propuestas alternativas de compra para frenar la operación. Los objetivos de estas son en pro del accionista minoritario y del mayoritario, el grupo que representan. Las dos instituciones son partidarias de mantener Dell en el mercado bursátil. Sus ofertas dan voz a los accionistas para que escojan la mejor opción: mantener su condición de inversor o vender las acciones por un precio superior al de la propuesta inicial. Blackstone ofrece 14,25 dólares por cada acción, un 4% más elevado.

Dell es un fabricante de ordenadores, innovador en su momento, que se tiene que adaptar. El sector tecnológico, donde antes el ordenador personal era el rey, lo han sustituido las tablas digitales y cualquier tipo de gadget con conexión a Internet. La compañía ha ofrecido resistencia, ha crecido físicamente, pero ha agotado las ventajas competitivas que la tecnología le ofreció a principios de siglo XXI. Para los actuales gestores de la compañía la mejor opción es bajar el telón con la compra de las acciones y remodelar la estrategia operativa de la multinacional, entre bambalinas. Cuando sea el momento óptimo volverán a presentar una oferta de acciones (OPV o IPO en Inglés) a un precio más alto.

¿“Porque los cambios de Dell no deben beneficiar a todos los accionistas, aparte de Michael Dell?” se preguntaba el fundador de Icahn Enteprises, Carl Icahn. ¿Por qué el accionista debe resignarse con cuatro duros cuando hay tantos intereses escondidos de por medio?

Desgraciadamente, las verdaderas intenciones de esta adquisición sólo las conocen los insiders de la compañía, los cuales han sido criticados por inversores ajenos a la negociación. Leon Cooperman ha dicho la suya. La propuesta de adquisición es un ataque directo del consejo de administración contra los propios accionistas. El objetivo de cualquier empresa es beneficiar a sus inversores, en cambio, la propuesta de compra inicial sólo busca el beneficio personal de los ejecutivos.

Las sospechas sobre la mala praxis de los ejecutivos de Dell no son infundadas. Michael Dell ya se ha formado un historial personal de movimientos corporativos “poco éticos”. Lo documenta Maggie Mahar en el libro “Bull! A history of the boom and bust, 1982-2004″.

Durante el año 1998, en plena ebullición del sector tecnológico, el fundador de la empresa era el principal receptor de las stock options de la empresa. Un modus operandi bastante común entre los ejecutivos de Internet. En el caso particular de Michael Dell, éste era el receptor del 21% del total de las opciones garantizadas a los empleados. Además de cobrar 3,5 millones de dólares en concepto de salario y varios bonus. Si las opciones eran la vía para fidelizar a los empleados, también era la manera para enriquecer rápidamente los grandes propietarios. Dell aprovechó la sobrevaloración de las cotizaciones para vender 8 millones de acciones, durante ese mismo año.

Polémicas aparte, en estos momentos un comité especial, formado por cuatro miembros independientes, ya ha dado el visto bueno a las ofertas de Icahn y Blackstone. La decisión final la tomarán todos los propios accionistas. Southeastern Asset Management, el inversor mayoritario del fabricante de ordenadores, ya ha hecho pública su opinión positiva sobre la existencia de diferentes participantes como compradores potenciales. De hecho, este fondo no tiene nada que perder, ya que su entrada como propietario de la compañía fue con el pago de 16,90 dólares por acción. El fondo se posicionará a favor de cualquier oferta que eleve el precio de la cotización.

Con esta operación la comunidad financiera, y sobre todo Wall Street, está demostrando una transformación interesante. Se está tendiendo a la protección de los accionistas y el olvido de los beneficios a corto plazo. Los pequeños inversores esperan pacientemente el resultado de las ofertas y no se han bajado los pantalones a la primera de cambio. La comunidad financiera espera el mejor postor.

Via The Money Glory

  1. Hace un tiempo compré una Notebook DELL Inspiron. Hasta ese momento tenía un alto concepto de dicha marca, ya que había trabajado con computadoras de escritorio y servidores DELL.

    Pero luego de un tiempo, el Windows comenzó a darme un mensaje en el ícono de la batería: “Conectado y Sin Cargarse”. Y, en efecto, la batería no cargaba.

    Luego de mucho investigar (a veces, lo que más molesta de los equipos de mala calidad, es el tiempo que uno pierde por los problemas que generan) y de ver muchas soluciones propuestas

    (desde limpiar con un alfiler el conector hasta agregarle filamentos de cobre… ninguna funciona) encontré que el conector del cable de energía a la computadora tiene una particularidad: un pin muy fino en el medio, que no transmite energía, sino información. Ese pin informa a la notebook si el cargador es original DELL o no, entre otras cosas. Hasta allí, no habría problema. Pero ese pin, por su forma y disposición, suele juntar energía estática, la cual es descargada aleatoriamente al enchufarlo y desenchufarlo, y a la larga termina generando una descarga que quema un chip interno del motherboard; y a partir de allí la batería dejará de cargarse. No hay más que hacer: la batería, aunque saludable, no volverá a ser cargada nunca más.

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