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Las disparidades en renta y riqueza en América Latina son más altas que en Asia y la mayoría de naciones industrializadas, una condición que muchos economistas atribuyen a factores desarrollados durante la dominación portuguesa y española.

En el estudio Latin American Inequality: Colonial Origins, Commodity Booms, or a Missed 20th Century Leveling?,  Jeffrey Williamson está en desacuerdo con lo que llama “creencia pesimista en la persistencia histórica”. Él encuentra que sólo el siglo pasado la desigualdad en América Latina destacó, a pesar de que muchos analistas asumen erróneamente que esto ha sido así durante mucho más tiempo. Antes del siglo pasado la región tenía el mismo o incluso inferior nivel de desigualdad que Asia, Europa Occidental y EEUU.

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El estudio construyó una “base de datos de la desigualdad antigua” elaborada a partir de información económica y demográfica de más de dos milenios. Los datos se obtuvieron de 29 lugares, incluyendo cuatro en América Latina. Esta base de datos permite estimar los coeficientes de Gini, que miden la desigualdad en una escala de 0 a 1 donde 0 representa la igualdad perfecta y 1 que todos los ingresos de una sociedad son de un solo individuo.

La América Latina precolonial “tuvo modestos niveles de desigualdad similares al resto de sociedades preindustriales pobres de nuestra muestra que se habían escapado de ser colonizadas”, escribe Williamson. Como consecuencia inmediata de la colonización, el coeficiente de Gini aumentó desde 0,23 hasta 0,35, pero luego se estabilizó. Las enfermedades europeas inicialmente devastaron a la población nativa, reduciendo la fuerza de trabajo, pero en décadas posteriores de la época colonial, conforme la población se recuperaba y se complementaba con esclavos de África, la desigualdad rebotó. Las estimaciones sugieren un coeficiente de Gini de 0,58 alrededor de 1790. La desigualdad luego disminuyó a medida que las economías de América Latina fueron paralizadas por las guerras por la independencia y la inestabilidad política que siguió. Williamson considera que la desigualdad preindustrial fue menor en América Latina (antes de 1870) que en la época preindustrial del noroeste de Europa (antes de 1800) y de Estados Unidos (1860).

Y ya en 1870, la desigualdad en América Latina no era mayor que en EEUU y Europa Occidental.

Después de 1870, sin embargo, América Latina registró un rápido aumento de la desigualdad ya que las exportaciones de productos básicos se dispararon, en beneficio de la élite que poseía gran parte de las tierras de cultivo y minerales de la región. “América Latina se había unido al club de países ricos con desigualdades en la época de la Primera Guerra Mundial”, pero “aún no se había convertido en la región más desigual del mundo”, escribe Williamson.

Lo que distingue a América Latina es que la desigualdad económica siguió aumentando desde 1920 hasta la década de 1970, mientras que se redujo drásticamente en gran parte del mundo, incluyendo EEUU. Williamson se pregunta: “¿Por qué si ése era el caso merece tanta atención la herencia colonial?”

Gustavo Rivero

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