GurusBlog

Dictadores y Terror

Estoy leyendo el libro “Dictadores“, en el que Richard Overy, realiza una minuciosa y frí­a comparación entre las dictaduras de Stalin y Hitler. Os dejo un interesante fragmento, que da que reflexionar, aunque el cualquier parecido con la realizada actual puede ser pura coincidencia…o no. Aunque cualquier parecido con la realizad actual puede ser pura coincidencia…o no
El terror se ha considerado siempre como una de las características que definen a la dictadura moderna; se supone que el miedo sujetaba con sus frí­as garras a los millones de personas a las que no sedujo la propaganda. El terror de Estado, según dice el argumento, era indiscriminado y ubicuo. Los pueblos alemán y soviético eran prisioneros del aparato de terror. Existe la tentación de ver los dos sistemas divididos entre un ejército de poli­cias secretos por un lado y una masa de víctimas por el otro.

La represión violenta a gran escala sin duda existí­a, pero nunca la llamaron “terror” en ninguno de los dos sistemas. Las palabras “terror” y “terrorista” no se aplicaban a los policí­as y los agentes de seguridad que se encargaban de la represión estatal, sino a las personas que se oponí­an a las dictaduras. Ambos sistemas se veí­an a sí­ mismos como la vanguardia de una guerra contra el terrorismo internacional. Lo que ahora se define como impecable terror de Estado era, a ojos de Hitler y Stalin, protección estatal contra los enemigos del pueblo. Esta percepción tan diferente del “terror” es fundamental para comprender la relación entre las fuerzas de seguridad y la sociedad. Durante gran parte de la existencia de ambas dictaduras, la guerra pública contra el terror gozó de la aprobación general e incluso la cooperación de los habitantes de ambos paí­ses.

Saber más sobre los temas de este Post

Conversación

3 comentarios

  1.    Responder

    A las nuevas dictaduras de America: Hugo, Evo, Daniel y el dinosaurio Fidel.

    Jamás la humanidad, que siempre se entrega al sugestionador, se sometió a los pacientes y justos, sino sólo a los grandes monomaniacos que encuentran en sí el valor de enunciar su verdad como la única posible, su voluntad como la fórmula fundamental de la ley del universo.

    Los hombres de partido no les importa nunca la justicia, sino sólo la victoria. No quieren tener razón, sino sólo mantener su poder.

    Para ejercer un dominio autoritario, el mantener sometido al partido adverso, conforme a la ley y por medio de la pura intimidación, es un método deficiente. Sólo una cosa única asegura la totalidad del poder: el aniquilamiento total de toda oposición.

    Quien una vez se valió de la violencia tiene que seguir empleándola, y quien comenzó con el terror no tiene ya ninguna otra posibilidad sino la de acrecentarlo

    Espantosamente se muestra la poderosa superioridad de una organización estatal frente a un hombre aislado. Si los actos reprobables de tiranía quedan sin respuesta, entonces se ha renunciado a la libertad del espíritu, entonces la fuerza se ha convertido en derecho.

    No sirve de nada el que mucha y mucha gente de un pueblo esté internamente en contra de una dictadura, mientras estos muchos no se reúnan para actuar según un plan unitario y una estructura cerrada.

    Jamás la libertad espiritual puede sentirse completa a la sombra de una dictadura; jamás puede vivir descuidada una dictadura mientras permanezca en pie un solo hombre independiente dentro de sus fronteras.

    Todo despotismo envejece o se enfría en el plazo más breve; todas sus ideologías y temporales victorias terminan con su época: sólo la idea de la libertad espiritual, idea de las ideas, y que, por ello, no queda jamás vencida bajo ninguna, tiene un retorno eterno, porque es eterna como el espíritu.

    En vano, por lo tanto, es que piensen los déspotas que tienen vencido ya al libre espíritu porque le hayan cerrado los labios. Pues con cada nuevo hombre nacerá una nueva conciencia, y siempre habrá alguien que se acuerde de su deber espiritual de recomenzar el viejo combate por los inalienables derechos de los hombres.

  2.    Responder

    hay una paradoja en todo ello. los más detractores del totalitarismo no señalan apenas diferencias. De hecho todo ello se enmarca en lo que, en sentido amplio, se llama socialismo, ya sea nacional socialismo o socialismo de estado, comunismo.
    Por otro lado, considero el comentario de corsaria de un calado inmenso: el complejo de inferioridad de los conservadores ha provocado lo que ella describe. Es un hecho que todos los puntos del Manifiesto Comunista han sido aplicados, en toda su extensión, en todo occidente.
    Lo triste de todo ello son lo más de 70 años perdidos en esos experimentos.

  3.    Responder

    No creo que sea coincidencia. Hace tiempo leí una teoría política que explicaba que las mejoras sociales (o conquistas sociales) en los países occidentales democráticos habían sido impulsadas como respuesta al peligro soviético.

    Algo así como para justificar que eran mejores que los “otros”. Pues bien, ahora al no existir esos “otros”, y al margen de que se trata de buscar un recambio en eso tan difuso llamado “terrorismo islámista” o el apellido que se le desee poner, parece que estas democracias se van pareciendo en ciertos aspectos a los estados gobernados por Stalin y Hitler. Existen muchas formas de usar el miedo para controlar a los ciudadanos.

    Ahmmm corrige esta frase:
    “aunque el cualquier parecido con la realizada actual puede ser pura coincidencia…o no.”

    Quizás así sería más entendible
    “aunque cualquier parecido con la realizad actual puede ser pura coincidencia…o no.”

    🙂


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies