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Directivos que no son líderes

Gustavo Rivero. La semana pasada impartí la conferencia “Fracasar para triunfar: lecciones de liderazgo” en el Foro Iberoamericano de la Excelencia. Conté cómo las adversidades de mi carrera profesional me han hecho crecer y me ayudé de muchos artículos que he publicado, como por ejemplo: Fracasar para triunfarLos ganadores fracasan hasta que gananTener poder nos dañaSin empatía no vales nada, o Vivir lejos nos hace más inteligentes.

Una de las partes de la charla que generó más interés fue la diferenciación entre autoridades y líderes. En ella expliqué que en mi vida he conocido a muchos altos cargos que no eran en absoluto líderes, tenían simplemente autoridad y por ello se les obedecía, pero para nada eran referentes para sus colaboradores, se les hacía caso y eso era todo.

Sin embargo, también he conocido personas en las partes bajas de las jerarquías de las empresas (gente que no tenía equipos a su cargo) que eran líderes totales. Me refiero a personas que se preocupan por sus compañeros, que tienen energía e ilusión, que proyectan entusiasmo y son sinceros, que generan credibilidad, y todo el mundo quiere estar cerca de ellos, escucharlos y pedirles consejos. Ésos son los verdaderos líderes. Ser líder no es una cuestión de rango.

Del mismo modo, lancé una reflexión. En EE.UU. algunos CEO ganan cantidades del entorno de los cien millones de dólares, a pesar de no ser los dueños. No voy a criticar eso, pues cada compañía hace lo que le parece, aunque no deje de sorprender. En ésas u otras corporaciones, imaginemos que se quiere reducir los gastos en un 10%, ya sea porque hay pérdidas o porque se quiere ganar más. ¿Qué haría la mayoría de las organizaciones? Pues, por simplificar el ejemplo, seguramente dejar en la calle al 10% de los empleados.

Ahora pensemos: ¿no sería mejor que, en lugar de despedir al 10%, todos nos redujéramos el sueldo un 10%? ¿Es mejor que unos pocos sufran mucho o que todos suframos un poquito? ¿Qué son más importantes, los números o las personas? Y, sobre todo, ¿qué repercusiones podría haber en términos de lealtad? El 90% de la plantilla que permanece se queda trabajando con miedo: “yo puedo ser el próximo”. Si se explica la situación y todos nos apretamos el cinturón hasta que se restablezca la situación, los empleados lo darán todo, estarán más felices y se conseguirán los objetivos más rápidamente. Esto sucede en algunas empresas de Escandinavia, pero también de Reino Unido y EE.UU.

Y es que el mundo está dirigido por autoridades, no siempre por líderes. Hay mucha falta de empatía, humildad y humanidad. De hecho, quiero mostrar un gráfico publicado por TalentSmart en LinkedIn. En él podemos observar que la inteligencia emocional de los empleados es mayor conforme aumenta el rango en el organigrama, pero sólo hasta el nivel de los mandos intermedios. A partir de ahí cae drásticamente hasta el nivel de CEO.

Por encima de la gerencia intermedia, las compañías se enfocan más en las métricas para contratar y promover. Es de miopes convertir a alguien en un “líder” por los recientes logros monetarios sobre todo. Las empresas también promueven a los dirigentes por su conocimiento y permanencia, en lugar de por su habilidad para inspirar a otros. Una vez promovidos, pasan menos tiempo con su personal y pierden de vista cómo sus estados emocionales afectan a quienes los rodean. Triste realidad, la soledad de la cima. Cambiemos ya el enfoque.

Gustavo Rivero

Linkedin.com/in/griverog

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1 comentario

  1.    Responder

    y te bajarias un 10% el sueldo para que los accionistas cobraran el mismo dividendo?


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