Durante esta semana, y bajo el calor de las operaciones corporativas, se ha remarcado bastante que el Ibex-35 superaba máximos históricos, tras una larga travesí­a por el desierto tras el batacazo de las puntocom. Aunque técnicamente la reflexión es correcta, en el fondo, desde mi punto de vista, la rentabilidad del í­ndice hace ya tiempo que superó el nivel de los 13.000 puntos que alcanzamos esta semana.

Que el Ibex-35 no es el í­ndice ideal me parece que coincidimos todos, un í­ndice por definición deberí­a ofrecer una buena diversificación y en el Ibex-35 tenemos a 6 valores y 3 sectores (Santander, Telefónica, BBVA, Endesa e Iberdrola y Repsol) que representan el 60% de su capitalización), sin embargo esto no es lo peor de todo (impacto de una OPA sobre alguno de estos valores aparte). El í­ndice tiene un efecto más perverso todaví­a y es el efecto que tiene sobre este la entrada y salida de las acciones que lo componen. La revisión de las acciones que componen el í­ndice implica que estas entren a formar parte del í­ndice en momentos en que su cotización está en su momento de máximo esplendor, y suelen salir de él en el momento en que sus cotizaciones están por los suelos por lo que el Ibex-35 suele recoger el impacto de la desvalorización de los nuevos entrantes, y tiende a no recoger el impacto de su anterior revalorización a la entrada del í­ndice.

Vamos a un ejemplo extremo, pero real, para comprenderlo mejor:

En enero del 2000, TERRA entró a formar parte del Ibex-35 cuando ya estaba cerca de su máxima cotización que fue de 157 euro/acción y en aquel entonces contaba con una capitalización bursátil superior a la del Banco Popular. 4 meses después iniciaba su debacle y 3 años después salí­a del í­ndice cotizando por debajo de los 5 euros por acción. Es decir en ningún momento el Ibex35 recogió la rentabilidad de las subidas de Terra pero si que recibió el impacto de su debacle. Lo mismo ha pasado con un buen puñado de valores…(Telepizza o Zeltia son otros ejemplos).

En total y según una conversación que tuve con un gestor de fondos hace un par de años, el impacto sobre el Ibex35 es de unos 1.000 puntos, por lo que realmente sacando este efecto al í­ndice los tenemos cotizado cerca de los 14.000 puntos.

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