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El Ministerio del Interior concede la Medalla de Oro al Mérito Policial a Nuestra Señora María Santísima del Amor (viñeta)

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El Ministerio del Interior que dirige, Jorge Fernández Díaz, ha acordado conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial con carácter honorífico a Nuestra Señora María Santísima del Amor, según la Orden ministerial a la que ha tenido acceso Europa Press.

La máxima condecoración policial reconocerá así a la Advocación Mariana Titular de la Real, Excelentísima, Muy Ilustre y Venerable Cofradía de Culto y Procesión de Nuestro Padre Jesús ‘El Rico y María Santísima del Amor’.

Esta cofradía malagueña, se resalta en la orden ministerial, “mantiene una estrecha colaboración, principalmente en actos celebrados durante la Semana Santa y con la que comparte una serie de valores como la dedicación, el desvelo, la solidaridad y el sacrificio”.

La concesión de esta condecoración cuenta con el informe previo favorable de la Junta de Gobierno de la Dirección General de la Policía, celebrada el pasado día 31 de enero.

La Ley 5/1964 de 29 de abril, que reglamente la Orden del Mérito Policial, recoge en su artículo número 5 como requisitos para la concesión de la Medalla de Oro o Plata al Mérito Policial la muerte en acto de servicio o sufrir mutilaciones o heridas graves, así como “dirigir o realizar algún servicio de trascendental importancia, que redunde en prestigio de la corporación, poniendo de manifiesto excepcionales cualidades de patriotismo, lealtad o abnegación”.

Igualmente, se considera requisito el de “tener una actuación extraordinaria y ejemplar, destacando por su valor, capacidad o eficacia reiterada en el cumplimiento de importantes servicios, con prestigio de la corporación”.

“Realizar en general hechos análogos a los expuestos que, sin ajustarse plenamente a las exigencias anteriores, merezcan esta recompensa por implicar méritos de carácter extraordinario”, es otro de los méritos que se citan para la concesión de esta condecoración.

Imagino que la Virgen estará feliz con la condecoración. Pero mi apreciado Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, respeto que su espiritualidad sea próxima a la del Opus Dei, que vaya a misa todos los días, y rece el rosario, pero si me permite sugerirle, y se que le habrá hecho mucha ilusión condecorar a la virgen, por favor no confunda su esfera privada y nos imponga su folclore particular al ámbito del Ministerio del Interior.

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4 comentarios

  1.    Responder

    ¿Existe todavía el culto a la diosa madre?
    EL CULTO a la diosa madre todavía se practicaba en los días
    de los cristianos primitivos. El apóstol Pablo se enfrentó con tal práctica en
    Éfeso, Asia Menor. Como en Atenas —otra ciudad donde se veneraban diosas—,
    Pablo había dado testimonio allí acerca del “Dios que hizo el mundo”, el
    Creador vivo, quien no es “semejante a oro, o plata, o piedra, [ni] semejante a
    algo esculpido por el arte e ingenio del hombre”. Aquello fue el colmo para los
    efesios, pues la mayoría de ellos adoraban a la diosa madre Ártemis (Artemisa).
    Los que se ganaban la vida haciendo templetes de plata de la diosa provocaron
    un alboroto. Por unas dos horas la muchedumbre clamó: “¡Grande es Ártemis de
    los efesios!”. (Hechos 17:24, 29; 19:26, 34.)
    La Ártemis de Éfeso
    Los griegos también adoraban a una Ártemis, pero la
    identificación de esta con la Ártemis que se veneraba en Éfeso solo puede ser
    vaga. La Ártemis griega era una diosa virgen de la caza y el alumbramiento. La
    Ártemis efesia era una diosa de la fecundidad. Su enorme templo en Éfeso era
    visto como una de las siete maravillas del mundo. Su estatua —de la que se
    creía que había caído del cielo— la representaba como una personificación de la
    fertilidad, con el busto cubierto de hileras de pechos de forma ovalada. La
    forma extraña de esos pechos ha dado origen a varias explicaciones, como la de
    que representan guirnaldas de huevos o hasta testículos de toros. Sea cual sea
    la explicación, queda claro que es símbolo de la fertilidad.
    Es interesante notar que, según The New Encyclopædia
    Britannica, la estatua original de aquella diosa “estaba hecha de oro,
    ébano, plata y piedra negra”. Una estatua muy conocida de la Ártemis
    efesia —estatua que data del siglo II E.C.— la presenta con
    rostro, manos y pies negros.
    La imagen de Ártemis era paseada por las calles. El
    escriturario R. B. Rackham escribe: “Dentro del templo [de Ártemis] se
    guardaba[n] […] sus imágenes, templetes y utensilios sagrados, de oro y
    plata, que en las grandes fiestas se llevaban a la ciudad y luego se devolvían
    [al templo] en una procesión magnífica”. Aquellas fiestas atraían a centenares
    de miles de peregrinos de toda Asia Menor. Ellos compraban templetes de la
    diosa y la aclamaban como grande, su señora, la reina, la virgen, “la que
    escucha y acepta las oraciones”. En medio de aquel ambiente, requirió gran
    valor el que Pablo y los cristianos primitivos alabaran al “Dios que hizo el
    mundo”, en vez de a dioses y diosas hechos de “oro, o plata, o piedra”.
    De diosa madre a “Madre de Dios”
    El apóstol Pablo predijo una apostasía cuando habló con los
    ancianos de la congregación cristiana de Éfeso. Advirtió que se levantarían
    apóstatas y hablarían “cosas aviesas”. (Hechos 20:17, 28-30.) En Éfeso,
    entre los peligros siempre ocultos estaba el volver a la adoración de la diosa madre.
    ¿Ocurrió eso en realidad?
    En la New Catholic Encyclopedia leemos: “Como centro
    de peregrinación, se consideraba que Éfeso era el lugar donde había sido
    enterrado [el apóstol] Juan. […] Otra tradición, de la cual da
    testimonio el Concilio de Éfeso (431), enlaza a la Santísima Virgen María con
    San Juan. La basílica donde se celebró el Concilio se llamó la Iglesia de
    María”. Otra obra católica (Théo—Nouvelle encyclopédie
    catholique) habla de la “tradición creíble” de que María acompañó a Juan a
    Éfeso, y allí pasó el resto de su vida. ¿Por qué es importante para nosotros
    hoy ese supuesto enlace entre Éfeso y María?
    Permitamos que The New Encyclopædia Britannica
    conteste: “La veneración de la madre de Dios recibió su impulso cuando la
    Iglesia Cristiana se convirtió en la iglesia imperial bajo Constantino, y las
    masas paganas entraron a raudales en la iglesia. […] Su devoción y su
    religiosidad se habían desarrollado por milenios mediante el culto a la ‘gran
    madre’ divina y a la ‘virgen divina’, algo que venía desde las viejas
    religiones populares de Babilonia y Asiria”. ¿Qué mejor lugar podía haber que
    Éfeso para la “cristianización” del culto a la diosa madre?
    De modo que en Éfeso, en 431 E.C., el llamado tercer
    concilio ecuménico declaró oficialmente a María “Theotokos”, palabra
    griega que significa “portadora de Dios” o “Madre de Dios”. La New Catholic
    Encyclopedia dice: “El que la Iglesia usara este título fue indudablemente
    un paso de importancia decisiva para el desarrollo de la doctrina y la devoción
    marianas en siglos posteriores”.
    Las ruinas de la “Iglesia de la Virgen María”, donde se
    reunió aquel concilio, todavía pueden observarse allí donde estaba la antigua
    Éfeso. También se puede visitar una capilla que, según una tradición, fue la
    casa donde vivió y murió María. El papa Paulo VI visitó esos santuarios
    marianos de Éfeso en 1967.
    Sí, Éfeso fue el foco de la transformación del culto pagano
    a la diosa madre —como el que halló Pablo en el primer siglo— en una devoción
    ferviente a María como “Madre de Dios”. Es principalmente mediante la devoción
    a María como la adoración de la diosa madre ha sobrevivido en las tierras de la
    cristiandad.
    La adoración de la diosa madre todavía existe
    Según la Encyclopædia of Religion and Ethics, el
    escriturario W. M. Ramsay razona que en “el siglo V la honra que se daba a
    la Virgen María en Éfeso era [una forma reavivada] del viejo culto pagano que
    se daba a la Virgen Madre en Anatolia”. El Diccionario teológico del Nuevo
    Testamento declara: “Las representaciones católicas de la ‘madre de Dios’ y
    de la ‘reina de los cielos’ son posteriores al N[uevo] T[estamento] y, por otra
    parte, tienen antecedentes en religiones orientales más antiguas. […] En
    el culto a María que aparece posteriormente se encuentran muchos vestigios de
    los cultos paganos de la madre y de la virgen divinas”.
    Esos vestigios son demasiado numerosos y detallados para que
    sean casualidad. No se puede negar la similitud que existe entre las estatuas
    de madre e hijo de la Virgen María y las de diosas paganas, como Isis. Los
    centenares de estatuas e iconos de la Virgen Negra en iglesias católicas de
    todo el mundo no pueden dejar de traer a la memoria la estatua de Ártemis. La
    obra Théo—Nouvelle encyclopédie catholique dice lo siguiente de esas
    Vírgenes Negras: “Parece que han sido un medio de transferir a María lo que
    restaba de la devoción popular a Diana [Ártemis] […] o Cibeles”. Las
    procesiones del día de la Asunción de la Virgen María también tienen como
    prototipo las procesiones en honor de Cibeles y Ártemis.
    Los títulos mismos que se dan a María nos recuerdan a las
    diosas madres paganas. A Istar se la aclamaba como la “Santa Virgen”, “Señora
    mía” y “la madre misericordiosa que escucha las oraciones”. Tanto a Isis como a
    Astarté se las llamaba “Reina del Cielo”. A Cibeles se la denominaba “Madre de
    todos los Benditos”. Todos esos títulos, con ligeras variaciones, se aplican a
    María. El Concilio Vaticano II fomentó el culto de la “Santísima Virgen”. El difunto papa Juan Pablo II era muy conocido por su fervorosa devoción a María. Durante sus extensos viajes, siempre aprovecha la oportunidad para visitar santuarios marianos, incluso el de la Virgen Negra de Czestochowa, en Polonia. Encomendó el mundo entero a María. Por eso no sorprende que bajo “Mother Goddess” (Diosa madre) The New Encyclopædia Britannica escriba: “El término también se ha aplicado a figuras tan distintas como las llamadas Venus de la Edad de Piedra y la Virgen María”.
    Sin embargo, la adoración de una diosa madre no dio paz al
    mundo antiguo, y no traerá paz hoy.

  2.    Responder

    Esto es ridículo…


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