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En España hemos decidido cambiar arena por cemento

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En los últimos años, la industria de la construcción en España nos ha impuesto cambiar arena por cemento.  Desde el año 1987, ha sido destruido un alto porcentaje del litoral español, llegando a perder a diario la alarmante cifra de suelo costero equivalente a ocho campos de fútbol. La burbuja inmobiliaria ha sido capaz de levantar edificios y construcciones en todos los municipios costeros del país de una manera totalmente invasiva. Una cuarta parte del área de costa construida se edificó durante la franja de años que va desde 1987 y 2005, dejando algunos municipios con un porcentaje muy pequeño de suelo natural.

Según recoge el informe Destrucción a toda costa 2013, elaborado este verano por Greenpeace, que recoge los datos del período 1987-2005,  la realidad podría ser incluso muchísimo peor que la expuesta si se incluyeran los últimos ocho años. Para llevar a cabo el estudio, Greenpeace ha tomado como referencia los primeros 500 metros de costa, franja en la cual existen casi 500 municipios repartidos por todas las provincias del territorio español.

La Comunidad Valenciana y los dos archipiélagos son los que más han sufrido los efectos de la burbuja inmobiliaria. Entre 1987 y 2005 se destruyó un 75% de la costa de Castellón y un 71% de la costa de Valencia.

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Los municipios que más rápido han destruido su patrimonio natural entre los años 1987 y 2005 son  Alboralla (València), Alcalà de Xivert (Castelló), El Poble Nou de Benitatxell (Alacant), Borriana (Castelló), Casares (Málaga), Chiclana de la Frontera (Cádiz), Chipiona (Cádiz), Cubelles (Barcelona), Cullera (València), Formentera, Oliva (València), Orpesa (Castelló), Pilar de la Horadada (Alacant), Sant Lluís (Menorca), Sant Vicenç de Montalt (Barcelona), Santa Úrsula (Santa Cruz de Tenerife), Santurtzi (Bizkaia), Tacoronte (Santa Cruz de Tenerife), Torrevieja (Alacant) y Vera (Almería).

 

A pesar de la destrucción de zonas costeras mediante la construcción de viviendas a pie de playa, algunos municipios tienen sus costas protegidas, como es el caso por ejemplo de Nijar (Almería) y Sant Jaume de d’Enveja (Tarragona) que tienen el 100% de la franja de 500 metros de costa protegidos.

 

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Es alarmante saber que, según los cálculos del ritmo de construcciones en costas, nos quedaríamos en menos de 125 años sin ni un metro cuadrado libre en toda la costa española. La amenaza para las costas no es sólo toda la superficie ya construida sino la no construida aún pero que ya está declarada como urbanizable.

No sólo hay que destacar la pérdida de suelo natural, costas e incluso zonas de playa que se ha ido ocasionando con todas estas construcciones sino también es importante conocer el peligro al que se exponen todo este tipo de construcciones costeras. Las edificaciones cercanas al litoral están seriamente en riesgo debido a la extrema exposición a inundaciones desde el mar o por lluvias torrenciales, así como a los efectos producidos por el actual cambio climático. Algunas zonas costeras con especial riesgo son las de Huelva (Isla Cristina), Málaga (Pedregalejo) y Girona (Empuriabrava o Marina de Port d’Aro).

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Costa Càlvia ( Mallorca )

Según Greenpeace, algunas propuestas de mejora para evitar la masiva destrucción de zonas costeras son:

1.- No a la ley de costas.-  La Unión Europea debe obligar al estado español a rehacer la Ley de Costas. Además, el Tribunal Constitucional debe decidir si la nueva ley vulnera la salvaguarda del dominio público marítimo-terrestre.

2.- Ladrillo sostenible o ladrillo cero.- Limitar las edificaciones en menos de 500 metros para toda España (como en Asturias, Galicia, Euskadi y Andalucía) a través de Planes de Ordenación del Litoral de competencia autonómica. Los planes urbanísticos en proyecto deben ser revisados con carácter urgente y los órganos de gestión ambiental de las CC.AA. suspender, a su vez, la aprobación de planes futuros. De esta forma se impedirían proyectos como el hotel de Es Trenc (Mallorca), el de El Palmar (Vejer, Cádiz) o el de La Arena (Zierbena, Bizkaia).

3.- No más parques de papel.- Gestionar de forma real los espacios naturales protegidos del Estado. Elaborar planes de ordenación y de uso de estos espacios que impidan más suelo urbano, ya que de esta forma estas zonas quedarían blindadas a la construcción.

 

4.- Participación ambiental.-  Los planes urbanísticos deben contar con los periodos de informes y de partición pública, que son los únicos controles externos a unos ayuntamientos frecuentemente sacudidos por casos de corrupción urbanística.

 

5.- Fiscalidad verde.- Se deben establecer medidas para que los municipios que han decidido conservar sus costas reciban compensaciones económicas, como los pagos por servicios ambientales. De esta forma, serían beneficiados y recompensados por el conjunto de la

sociedad. Una “ecotasa” turística en los municipios más degradados, que sea finalista, serviría para revertir el modelo de turismo masivo de sol y playa.

 

6.- Cero construcciones en zonas de riesgo.- Explicar a los nuevos o potenciales propietarios de vivienda e industrias o infraestructuras en primera línea o en zonas de ramblas, desembocaduras de ríos, barrancos, torrentes, etc. el elevado riesgo de inundación y temporales a los que se enfrentan. El Estado es el responsable de los futuros riesgos y costes.

 

Como conclusión y a modo de reflexión, les dejo una pregunta, ¿hasta cuándo vamos a dejar que nos sigan cambiando arena por cemento?



Conversación

6 comentarios

  1.    Responder

    No estoy de acuerdo contigo, puesto que no es el caso. En España se ha construido al trancazo y solo mirando por la peseta y ahora por el euro, sin tener en cuenta los maravillosos paisajes naturales que nos hemos ido cargando. Sólo basta con ver un par de fotos o videos de hace 30-40años para darse cuenta de lo que hemos perdido…

  2.    Responder

    Pero la gente quiere vivir cerca del mar. Las urbanizaciones costeras ha permitido que mucha clase media se pueda permitir una segunda residencia playera. Aparte ha sido un negocio durante muchos años que ha permitido el desarrollo económico de España. Sin duda se debería haber hecho mejor, con mejores planes urbanísticos y menos caos y horteradas.

    Pero no creo que construir mucho en la costa sea malo per se, como pretenden muchos ecologistas que se han tomado esa causa como si fuera una religión. La obra del hombre puede superar a la naturaleza. Un buen paseo marítimo es mucho mejor que una playa con matojos, mucho más estético, aparte de más útil.

    Ese culto a la naturaleza que propugnan algunos es algo distorsionado y herencia del buen salvaje de Rousseau. Es propio de urbanitas domingueros que van un fin de semana o unos días de vacaciones en coche a ver valles, montañas o calas solitarias. Pero después vuelven a su vida urbana y hasta la próxima. Mientras, la gente que vive en esos valles, montañas o calas, no disfruta de las comodidades de esos urbanitas “naturistas” ni de sus oportunidades de trabajo. Las conducciones eléctricas son deficientes, las señales de Internet no llegan, las plantas van devorando caminos y a duras penas pueden esos habitantes rústicos combatir el avance.

    Existe una visión distorsionada en esos ecologistas urbanitas de la dureza de la vida en el mundo rural. En la costa, muchos pudieron cambiar el rigor de la pesca de bajura de la que mal vivían en muchos pueblos por empleos mucho más cómodos y pudieron disfrutar de infraestructuras nunca soñadas.

    En fin, no quiero extenderme más y perdón por el rollo. Creo que mi postura está clara. Las obras de transformación del ser humano doblegando a la naturaleza, si están bien hechas, superan al caos natural. Ponen estética y producen riqueza. No se debe despreciar al cemento y al acero.


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