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Os dejamos un gráfico donde podéis ver la evolución de los precios de la gasolina 95 (línea blanca) el diesel (línea azul) y el petróleo (línea roja).

Obviamente mirando las escalas vemos que las caídas y subidas del precio de la gasolina en España son muchos más atenuadas que las caídas o subidas en el precio del petróleo. Por ejemplo desde máximos del precio del petróleo en 2012 su precio ha caído más de un 65% mientras que el precio de la gasolina en España sólo ha caído en un 22%.

La diferencia la explica el hecho de que gran parte del precio de la gasolina en España viene determinado por impuestos fijos lo que hace que por mucho que pueda caer el petróleo el precio de la gasolina no lo haga en la misma proporción.

Un tema diferente es el denominado efecto pluma o cohete por el cuál cuando el precio del petróleo cae el precio de la gasolina también cae pero de forma mucho más lenta y cuando el precio del petróleo sube esta subida si se traslada de forma mucho más rápida a subidas en el precio de la gasolina.

Viendo el gráfico parece que este efecto es totalmente cierto. Observad las líneas marcadas con A. La línea discontinua blanca del punto A marca un máximo relativo en el precio del petróleo, aunque este empieza a caer el precio de la gasolina en España empieza a caer unas cuantas semanas más tarde, es más, durante unas semanas mientras el precio del petróleo ya está cayendo el precio de la gasolina en España sigue subiendo.

No ocurre lo mismo cuando el precio del petróleo toca un mínimo y empieza a subir. Mirad el punto B que marca un mínimo relativo del precio del petróleo. En el momento que el precio del petróleo empieza a subir por encima de ese mínimo, el precio de la gasolina acompaña la subida de forma casi inmediata.

Y ahora sin impuestos

Cómo bonus os dejamos el mismo gráfico pero está vez sin impuestos en el precio de la gasolina y el diesel:

precio-petroleo-compressor

A priori cómo os explicamos al principio del post las variaciones de precio entre gasolina sin impuestos en su precio y petróleo deberían ser similares en un escenario de competencia perfecta y toda subida o bajadas en el precio del petróleo se debería trasladar al consumidor con subidas y bajadas en los precios de la gasolina para la parte del precio sin impuestos.

Sin embargo, en lo que llevamos de 2015 se está produciendo un interesante desacoplamiento entre ambos precios y el precio de la gasolina libre de impuestos no está cayendo en la misma proporción a la que cae el precio del petróleo. No es de extrañar que Repsol esté obteniendo unos excelentes resultados en su división de downstream que compensan su fiasco en el upstream y la compra de Talismán.

Gráfico vía @LuisBenguerel

  1. Esto se debe a que aproximadamente el 55% del precio de un litro de gasolina de 95 octanos está fijado por los impuestos. En el caso del gasóleo, este porcentaje alcanza al 50% del precio. A ello hay que sumar que el petróleo se negocia en dólares, pero se vende en euros. Por ello, un desplome como el cosechado la semana pasada en el precio del crudo solo repercute en aproximadamente el 30% del coste final del gasóleo.

  2. Se habrá fijado más de una vez. Cuando el precio del petróleo sube, lo hace también la gasolina (la “nafta” según mis vecinos en Buenos Aires). Lógico. Son derivados del petróleo. Pero cuando el precio del crudo baja, curiosamente, a la gasolina le cuesta bajar el suyo. Es más: si el precio del petróleo sube algo, sin recuperar su nivel anterior, la gasolina parece que sube igualmente. ¿Se ha percatado? Es el fenómeno conocido como el cohete y la pluma: la gasolina sube su precio como un cohete, pero lo baja como una pluma. En la teoría económica a este “rocket and feather effect” se le llama “Transmisión Asimétrica de Precios” y narra lo anterior de forma más técnica: los cambios en los precios de los productos finales (aguas abajo o downstream), no se corresponden con los cambios de los precios de las materias primas (aguas arriba o upstream). Eso no sólo pasa con la gasolina de los países ricos: en los países en desarrollo también ocurre. Y también en la agricultura: si los precios suben con la sequía, la lluvia no los hace bajar en los años siguientes; por ejemplo, los precios de los tomates en España, o los del maíz y el arroz en Latinoamérica sufren de lo mismo. Se trata de un fenómeno bien conocido y estudiado, con múltiples evidencias de su existencia en la literatura científica.

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