burbuja tecnologica

Si las segundas partes nunca fueron buenas, la primera burbuja tecnológica ya tuvo un mal guión. A principios del 2000, negocios sin producto ni beneficio cotizaban al alza, día tras día. Las notícias, a remolque de Silicon Valley, alimentaban la euforia. Hasta que no explotó nadie se dio cuenta de aquella ilusión. Quince años después, la secuencia de operaciones millonarias recientes ha encendido las alarmas y en Wall Street el fondo Greenlight Capital ya se ha fortificado para sacarle beneficio.

“Se trata de una segunda burbuja tecnológica con menos capitalización y menos entusiasmo” cuenta el equipo de David Einhorn en su última carta dirigida a sus accionistas. Las multinacionales de la web 2.0 han cambiado mucho desde la avalancha de proveedores tecnológicos nacidos en los 90 como AOL, Terra o Worldcom. Y el parqué parece entrenado para que no le engañen, pero hay algunas características de aquella época que, con el tiempo, han reaparecido en los mercados financieros.

Vuelven las ofertas de acciones millonarias, que solo se explican por los grandes planes de marketing y unos roadshows muy bien preparados, según Greenlight Capital. La prensa y los analistas financieros, que parecen las cheerleaders del partido, también tienen su parte de culpa. Las valoraciones financieras tradicionales indican que la mayor parte de cotizaciones tecnológicas están hinchadas. Los defensores, en cambio, se escudan detrás de nuevos métodos de cálculo porque, dicen, son mejores para analizar esta industria. 

Los movimientos corporativos también son desproporcionados: ¿Por qué Facebook compró Whatsapp por 16.000 millones de dólares? Según Marc Andreessen, este tipo de pregunta debería quedar fuera de consideración para cualquier inversor individual El profesional del capital riesgo, y también directivo de eBay, escribió en Twitter que “Las grandes adquisiciones de pequeñas compañías parecen irracionales para los outsiders pero normalmente siguen un plan interno riguroso”.

En un conjunto de tweets descritos como “Clases magistrales sobre movimientos corporativos en la industria tecnológica”, Andreessen demostró la intención de Silicon Valley de dejar fuera de juego a los que no siguen su línea. O era otra manera de justificar sus prácticas que ya alimentaron una burbuja. Mientras, en Wall Street, nacen las mismas preguntas: ¿Por qué las tecnológicas vuelven a retribuir a sus empleados con acciones – y las míticas stock options -, pero se niegan a admitir que son gastos? Por ejemplo.

Sigilosamente, Greenlight Capital ya ha ejecutado la venta en descubierto de una cartera de acciones tecnológicas; los títulos más calientes de las empresas que protagonizaron los titulares de 2013. Twitter, Netflix, Facebook, Linkedin, por especular con algunos nombres. A pesar del peligro que suscita ir en contra de la euforia de los mercados, el hedge fund de Einhorn valora que hay el potencial de bajada suficiente para asumir el riesgo. No predicen, a ciencia cierta, una segunda parte. Pero si sucede, además de ser pésima puede ser muy aburrida.

Via The Money Glory

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