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La austeridad siempre provoca más recesión: el sector exterior

 austeridad

Nadie en su sano juicio pensaría que los efectos de las políticas gubernamentales (conocidos en la jerga económica como políticas públicas) pasan desapercibidas para la actividad económica de cualquier país. De hecho, las políticas públicas son las que determinarán el grado de actividad económica (y normalmente el de riqueza de cualquier nación); esas políticas, serán las que “colocarán a ese país en los rankings de desarrollo social”. Nadie debería, tampoco, no tomar en cuenta los efectos de las políticas gubernamentales coercitivas sobre la demanda interna, pero tampoco deberían no tomar en cuenta los efectos de las reducciones de gasto gubernamental o público en un Estado. Esa política de gasto público depende altamente del capital dinero que posea cualquier nación.

Pero hay veces en las que cualquier Estado no puede permitirse determinadas políticas que, de un modo u otro, ha de tomar. Para ello hace lo que se conoce como financiación externa o, en otras palabras, endeudamiento. Los autores de este artículo no nos dedicaremos a plantear el problema de la deuda porque es un tema muy recurrido pero sobre todo porque no se planteará aquí el dilema del problema de la deuda pública que atribuye al endeudamiento de una nación el origen de todos los problemas de un país. Lo que pretendemos plantear aquí es, mediante un sistema ilustrativo de gráficos y centrándonos en los casos de Brasil o España (aunque trataremos el caso de algunos países que llevan la austeridad en sus programas de recuperación), cómo la austeridad (la contención del gasto público) afecta a las exportaciones y a la demanda interna de un país.

Pretendemos apoyarnos en gráficos y en datos empíricos para intentar convertir el tema un motivo de discusión determinante. El estudio y análisis que encontrarán más abajo se basa en datos y en análisis que entidades como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial han sacado a la luz. Abordaremos temas como el de los multiplicadores de gasto en las economías a la par que los relacionamos con el nivel de consumo interno y externo.

Lo que el FMI nunca debió advertir

Una entidad internacional como el FMI ha estado recomendando a países como Brasil, Argentina o Tailandia la necesidad imperiosa de reducir drásticamente su gasto público para poder así sanear su actividad económica y recuperarse. Dentro de esos programas se incluía la reducción de las inversiones por parte del sector público, en determinados momentos una subida progresiva de impuestos (que, empíricamente, produciría unos resultados nefastos para la actividad económica) así como una mayor flexibilidad en el mercado laboral con la intención de convertirlo en un mercado más dinámico. Las teorías que se propugnaban desde el FMI iban enfocadas en promover la teoría del laissez – faire que defendía, de forma abrupta, que el mercado no debería ser intervenido porque se regularía por sí mismo mediante la mano invisible de Smith. Sin embargo, el FMI falló en muchas cosas.

Para empezar, recomendó a países que más tarde serían considerados como Estados Emergentes (conviene recordar que un Estado emergente es aquel que, debido a los recursos que posee podrá convertirse en una potencia económica en el largo plazo; intervienen muchos factores en la concepción de cuándo un Estado es emergente pero a destacar: la presencia de materias primas estratégicas que aumenten las exportaciones y de las que exista una gran dependencia en términos de consumo; el valor que posean la agricultura y la ganadería (y la dependencia de un país de estos dos sectores primigenios) en la economía y el terreno que haya para dicha actividad; la presencia de servicios que permitan la creación de empresas; el número de habitantes de dicho país y su (muy importante) relación con el PIB per cápita etc. Los países emergentes como Brasil sufrieron por lo que el FMI impuso. Este gráfico (Imagen 1) es el crecimiento del PIB per cápita de Brasil:

brasil 1 crecimiento

Por otro lado, las políticas públicas de Brasil han decidido no ignorar lo que suponía la austeridad y han pasado a controlar el gasto público (ningún economista quiere que el dinero público se despilfarre) mantener una  inflación bajo control y  llevar a cabo una acumulación de reservas en divisas para proteger nuestra moneda de la especulación (sic). El gasto público de Brasil, sumado con los efectos de los multiplicadores hicieron elevarse al PIB durante años. No olvidemos la frase que dice la austeridad es inteligente en momentos de expansión, pero tiene un efecto depresivo cuando la economía se encuentra en una recesión. Las exportaciones de Brasil han seguido un rumbo, en muchas veces, ascendente. El siguiente gráfico, ampara nuestra opinión:

expportadora brasil 2

El problema de la fiscalidad y de la reducción severa del gasto público

Los efectos varios de la austeridad ya han sido demostrados durante mucho tiempo. Sin embargo, hay muchos economistas que defienden una idea: España no está siendo austera. Esta frase es tan cierta como falsa. Los efectos de la inversión pública pretenden estimular la demanda interna, lo que provocaría un aumento del consumo que a su vez estimularía la economía. El gasto público sería, en contraposición a lo que se cree, un motor inmóvil que estimularía la economía. Pero las evidencias son necesarias en un tema tan controvertido como este. Los multiplicadores de gasto no deberían ser ignorados por ninguna entidad ni por ningún Estado. Podríamos observar lo que nos dice la teoría en este gráfico, que demuestra (con el enfoque entre el equilibrio entre oferta y demanda) que el gasto público (al aumentar la demanda) estimula la economía. El siguiente gráfico representa lo que queremos decir:

 

Las políticas fiscales expansivas demuestran, en este caso, que la demanda agregada (DA) se estimula produciendo, al fin y al cabo, un avance evidente de la actividad económica. Pero, ¿cómo influye el hecho de ignorar este tipo de términos en el consumo interno y en la producción de las exportaciones?

Es cierto que potenciar nuestro sector exterior es necesario. No sólo de Europa se vive, y en un mundo cada vez más globalizado y abierto, la competitividad y el estar abierto al mundo entero se antoja cada vez más irremediable (y provechoso).  No estaría mal recordar como se puede potenciar, o quizás sería mejor decir apoyar o ayudar, el florecimiento del mercado exterior, intentando siempre que recaiga sobre unos sectores capaces de garantizar una cierta estabilidad y crecimiento a largo plazo. Elementos que muchas veces caen en un segundo plano en el debate público sobre el que solo triunfa la devaluación interna y la devaluación del euro. Fomentar la internacionalización de nuestras empresas es, cada día más, una necesidad imperiosa.

La austeridad afecta al consumo, demanda y exportaciones

Se nos anuncia el recorte del sector público como una necesidad acuciante sin tener en cuenta los efectos perniciosos sobre el propio sector privado. La inversión pública (que en el tercer trimestre ya registró una des-inversión en términos netos) y el consumo público y la transferencias en especie (sectores del bienestar provistos públicamente de forma gratuita, como la sanidad y la educación), generan puestos de trabajo, y las transferencias corrientes y las prestaciones sociales permiten a las familias mantener una demanda necesaria. Impulsar a la baja el gasto público, así como impulsar al alza el pago de impuestos, drena a las familias de los ingresos necesarios para mantener el sistema productivo a flote.

Tras tener que aguantar teorías sobre multiplicadores fiscales negativos (que tenían en cuenta un crowding-out que nunca existió) o inferiores a la unidad, por parte de un FMI que ya reconoció el error, parece que acudir a la teoría económica inicial sigue siendo lo más recomendable. En plena recesión, la austeridad, implica ahondar en una depresión que no solo reduce el crecimiento, sino que aumenta el déficit. Dar el aumento del gasto público como argumento que apoye la idea de que aquí no se ha aplicado la austeridad es tan absurdo como obtuso, para lo cual solo hay que atender a la diferenciación entre gasto cíclico y estructural (que está bajando en torno al 10%) que muchos simplemente no quieren entender.

Y si mantener una estrategia de austeridad en un país en solitario es perjudicial, ampliar los horizontes a todo un continente como es el Europeo es una catástrofe.
Se nos anima a exportar pero, a la vez, se nos obliga a reducir nuestra demanda, lo cual incluye las importaciones que realizamos de nuestros países vecinos. Si el Euro se construyó como forma de estrechar los lazos comerciales entre los países de la zona euro, es entendible que nuestro sector exportador se centre, sobre todo, en los países que nos rodean. Así, nuestras exportaciones dependen, en cierto grado, de las importaciones de los portugueses, griegos, franceses… que, a su vez, intentan reducir su consumo, como nosotros. Una austeridad aplicada en el entorno europeo solo puede retrasar la recuperación económica, defenestrando incluso nuestro sector exterior. Por si alguien se lo pregunta, las exportaciones españolas a los países de la zona euro cayeron en torno al 10% en noviembre de 2012 (último dato), todo un éxito, claro. Este gráfico, representa la actividad exportadora de España dentro y fuera de la Zona Euro:

exportaciones zona euro 1

Como vemos, hasta mediados de 2010, las tasas de crecimiento de nuestras exportaciones tanto dentro como fuera de la zona euro, siguen una evolución muy similar. Cuando los efectos de esta austeridad autoimpuesta han empezado a notarse (finales de 2010), nuestras ventas hacia nuestros vecinos empezaron a ralentizarse, para después empezar a caer, a ritmos cada vez mayores. Solo hace falta recordar la temida “guerra de divisas” en la que la apreciación del Euro puede deteriorar nuestras ventas a los países de fuera de la Zona Euro para que empecemos a temblar por un sector exterior que puede no coger el testigo de la demanda interna que estamos destruyendo.

 

Las exportaciones: No todo es competencia vía precios

Nuestro tejido empresarial, con una gran proporción de pequeñas y medianas empresas, hacen más necesaria la generación de un entorno que les ayude y les anime a salir al mercado exterior. Para ello, la creación de una “conciencia exportadora” parece ser uno de los elementos más empleados, quizás por su simpleza (otra cosa serán sus resultados). Pero la cohesión y reafirmación de este impulso exportador se intenta garantizar con otro tipo de ayudas, como seguros de crédito a la exportación, apoyo a la inversión exterior, medidas de promoción comercial, un tratamiento fiscal más suavizado programas de formación e información (tanto genéricos, de asesoría y orientación, como específicos, con becas, seminarios…). Todo ello para tratar que las Pymes den el salto hacia lo desconocido con una pequeña cuerda detrás que les de la confianza necesaria como para intentarlo.

Pero dos problemas se mantienen cuando hablamos de estas ayudas. En primer lugar, la burocratización, necesaria, pero a veces excesiva, que puede echar atrás a las propias empresas, y en segundo lugar, el que muchas veces las ayudas acaban siendo destinadas a empresas grandes (con departamentos adaptados específicamente a tratar de captar estas ayudas). Aunque la literatura teórica al respecto parece tener cierto consenso en que potenciar ciertos sectores (de mano de empresas grandes, o clusters productivos, esto es, la concentración de conglomerados productivos especializados en una industria determinada) son una de las claves para destacarse en el mercado externo, atrayendo no solo una mayor proporción de la demanda, sino también fomentando la creación de empresas complementarias en los alrededores (con un mayor efecto cuanto mayor externalizado esté el sector).

La siguiente cuestión es sobre qué deberíamos exportar. Potenciar nuestra ventaja comparativa es un acierto sobre el que recae el comercio interindustrial. Sin embargo, hay ciertos sectores sobre los que la competitividad es algo que se puede conseguir, no solo algo que se tiene o dse eja de tener. El Sol es un elemento del que dispondremos con bastante seguridad con una abundancia clara (y en términos de la teoría Heckscher-Ohlin somos exportadores de bienes Sol-intensivos, como el turismo, que se potencia mucho más por la tradición histórica que hemos sabido mantener). Sin embargo, sectores que nacen del capital humano, como aquellos de alta tecnología, de la innovación, del conocimiento… son sectores que podemos (y debemos) tratar de alcanzar y potenciar. Mucho más fácil decirlo que hacerlo, claro.

Un paso claro para intentar conseguirlo debería ser que aquellas personas capaces de dirigir o formar parte de estos sectores no se nos vayan al exterior. Y es que una vez que tienes en cuenta la movilidad empresarial y profesional, elemento clave de las teorías de geografía económica, más que de comercio, las cosas pueden cambiar bastante. Si no apoyamos a estos investigadores y trabajadores de alta cualificación de una manera más directa, irremediablemente se nos irán, perdiendo no solo la “inversión” previamente realizada, sino dejando que un futuro más prometedor se nos escurra de las manos. No se trata de garantizar un puesto o una ayuda, sino de no alegrarse, como hacía cierto ministro, de que nuestros jóvenes salieran quien sabe si para volver algún día e intentar establecer el marco y el contexto que anime, por un lado, a emprender y, por otro, a formar parte de equipos de investigación en empresas que puedan participar de forma conjunta con el sector público.

Hasta qué punto la austeridad que estamos impulsando y la recesión que estamos padeciendo afectará al futuro de la estructura productiva que estamos modelando, y como esto afectará a nuestro sector exterior (en forma y fondo) está por ver. En el corto plazo hemos podido ver una mejora en nuestra balanza de pagos, provista sobre todo por unas importaciones que caen en picado y unas exportaciones que han sabido mantener el tipo. Pero ya hemos visto que tanto por la crisis Europea, como por la supuesta guerra de divisas, este 2013 vamos a tener que sufrir un poco más. Ni a corto ni a largo plazo, estamos garantizando un sector exterior estable y que garantice el crecimiento que necesitamos.

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Como fuentes, los autores han tomado la OCDE, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Todos los datos expuestos en este artículo pueden ser contrastados en las estadísticas de dichos organismos internacionales.

Jaime Bravo es estudiante de primer año de Bachillerato, tiene 16 años y es autor del  blog www.beneficiomarginal.com.

Miguel Puente Ajovin es analista económico, licenciado en economía por la Universidad de Zaragoza, se está doctorando en economía. Es, además, editor de www.caoticaeconomia.wordpress.com

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4 comentarios

  1.    Responder

    Buena intención pero os ha salido un artículo algo flojo y superficial. Aparte de muy teórico.

  2.    Responder

    eii claro, hablas del multiplicador, y que el consumo y demas aumenta la demanda etc, muy bien muchacho, ¿acaso el consumo del sector privado no tiene ese efecto multiplicador? ¿o solo sirve si lo gasta el Estado?

  3.    Responder

    ¿la austeridad provoca recesión?

    ¿y que la elimina? ¿aumentar el gasto publico a base de incrementar impuestos, deuda e imprimir mas billetes?


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