A mediados de 2014, con el barril de petróleo por encima de los $100, Arabia Saudí tomaba la decisión de declarar la guerra contra los productores de fracking y empezaba a bombear para inundar el mercado de barriles de petróleo, bajar drásticamente el precio del oro negro y expulsar del mercado a los productores de fracking que estaban robando rápidamente cuota de mercado a los países productores de la OPEP.

La premisa era muy sencilla. Los costes de producción de las empresas de fracking eran mucho más altos que los de los países OPEP y por lo tanto una bajada súbita de los precios no sólo congelaría nuevas inversiones de estas empresas sino que mandaría a unas cuantas de ellas, altamente endeudadas, a la quiebra.

Han pasado poco más de dos años y hoy podemos declarar que la guerra del petróleo ha sido ganada por los productores de fracking que de la necesidad han hecho virtud y rápidamente han incorporado nuevas tecnologías que les han permitido reducir sus costes de extracción en los últimos 3 años de los $80 barril a poco más de $30 barril.

En el siguiente gráfico elaborado por Rystad Energy podéis ver cómo ha evolucionado el precio al que hacen breakeven las principales jugadores de “Shale” en los EEUU.

El resultado es que tras la decisión de la OPEP de reducir su producción y el alza en los precios que le han seguido muchos productores de fracking han podido cerrar contratos a precios rentables, recibir crédito y reabrir sus operaciones a unos niveles de precios del barril de petróleo a los que no hubiesen podido operar hace tres años.

Tras dos años de guerra contra los productores de fracking, Arabia Saudí se encuentra que su presión sólo ha servido para hacer a su enemigo rentable a unos niveles de precios que antes no lo era, así que ahora se enfrenta a un gran dilema. O bien acepta su derrota y deja la batalla tal y como esta asumiendo que el papel o la capacidad de regular los precios del petróleo por parte de la OPEP se ha perdido para siempre o bien le vuelve a dar una vuelta de tuerca a la guerra y decide mandar los precios del petróleo hacía los $20 el barril cruzando los dedos para que no se produzcan más innovaciones tecnológicas que les permitan a los productores de fracking seguir compitiendo a precios más reducidos.

Si queréis un ejemplo de un sector en donde la innovación tecnológica trae deflación os podéis quedar sin duda con el sector del petróleo.

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