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Los fondos de renta fija están teniendo un año difícil. Sus rendimientos se han ido moviendo en diferentes direcciones según se han conocido las diferentes expectativas de subida o bajada de los tipos de interés, los temores, cada vez más fundados, de la salida de Grecia de la eurozona, y las diferentes fluctuaciones de las opiniones de los mercados sobre la intensidad, duración y eficacia de los programas para el estímulo de las diferentes autoridades monetarias, tanto en Europa como en Estados Unidos. Según los datos del julio del 2015 de la firma de análisis Morningstar, los fondos de renta fija a largo plazo han acumulado 3 meses de pérdidas, siendo estos superiores al 8,5 por ciento, los de renta fija de alto rendimiento en dólares, con más de un 4,8 por ciento, y los de deuda pública en euros, alrededor del 3,04 por ciento. Muchos de estos vaivenes se han producido de manera repentina, y pillando por sorpresa a los inversores que se quedaron sin margen para reaccionar a tiempo y que ahora prevén tener pérdidas.

Con la renta fija se puede perder dinero, lo que a muchos inversores les resulta muy incomprensible ya que como su propio nombre indica, la renta fija incorpora una parte de rentabilidad segura, invariable, firme, garantizada, o como se le quiera decir,… Por tanto nos podemos plantear, cómo es posible no obtener entonces rendimientos positivos con esta parte que se considera garantizada. La respuesta, como siempre, viene dado por las fuerzas del mercado, la ley de la oferta y la demanda, las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés y la prima de riesgo, es decir, los factores que pueden afectar a otros indicadores.

Los puntos clave de la inversión a largo plazo están en que quienes compran un título de renta fija, sea una letra del Tesoro, un pagaré, un bono o una obligación, con intención de mantenerlo hasta que finalice su plazo establecido, llegado el momento acordado, recuperar la inversión y obtener el rendimiento prometido. El probable pero no es seguro se explica por la posibilidad de que quien haya emitido el título no pague los cupones correspondientes o no lo devuelva de manera completa el capital, realice una quita, o ambas cosas a la vez. Si el título se compra en una moneda distinta a la nacional, ganar o perder dinero también dependerá de cómo evolucione la cotización de ambas divisas.

Las cosas pueden cambiar para quien no compró esa letra de Tesoro, pagaré, bono,… con intención de mantenerla hasta su vencimiento, de hecho, todo va ser distinto. Entre los que pueden en cualquier momento vender sus títulos están los fondos de inversión, independientemente de sus intenciones de venta, por tanto, tienen la obligación de valorar de manera diaria sus activos en función de los precios establecidos en el mercado.

Se pueden ver dos ejemplos de esto opuestos totalmente:

  • Se posee un título al 3% anual emitido hace un año, y las últimas emisiones solo ofrecían alrededor del 2%, podría venderlo en el mercado secundario a un precio mayor del que pagó debido a que los inversores están interesados en esa rentabilidad extra.
  • Por el contrario, si se posee un título al 2% anual emitido durante el año y, por algún motivo, se ve obligado a venderlo en el futuro, en un mercado con tipos de interés más altos, con probabilidad deberá pedir menos de lo que pagó, si no, nadie comprará un título de deudo cuando el propio emisor ofrece mejores intereses.

 

El mercado está, por tanto, convencido de que los tipos de interés van a subir a medio plazo. Los buenos datos de la economía de Estados Unidos hacen que cada vez tenga menos sentido la política establecida de manera expansiva de la Reserva Federal Estadounidense. Esta institución está esperando la prueba definitiva que la economía de Estados Unidos está lo bastante fuerte como para garantizar una demanda que mantenga los actuales niveles de empleo. Si la Reserva Federal decide subir los tipos de interés, otros bancos centrales no tardarán en ir en la misma sintonía, para evitar la devaluación de sus monedas respecto al dólar.

Por tanto, los inversores en renta fija están convenidos de que, más pronto que se cree, podrán comprar en el mercado títulos a intereses superiores a los que están disponibles ahora. Por tanto, los que hay ahora en el mercado no les interesan, y por eso, tiran de las cotizaciones a la baja, especialmente, de las deudas a largo plazo.

Por lo comentado, no sólo de las previsiones sobre los tipos de interés está pendiente la renta fija. El mercado valora la solvencia de los emisores, es decir, l garantía de que se obtendrán en realidad intereses prometidos y se recuperará el capital invertido.

Uno de los factores determinantes ha sido la crisis griega que ha multiplicado, una vez más, las dudas de los mercados sobre los estados miembros de la Unión Europea, especialmente, de los países periféricos como España, Italia o Portugal. Por tanto, obligo a los fondos de inversión que ha intentado vender títulos de esos países a aceptar menos de lo que se pagaran por ellos en su momento. Al final y al cabo, se puede considerar difícil encontrar un comprador dispuesto a pagar por un título que, en su vencimiento, puede abonarse con un descuento o incluso a no pagarse.

Y en realidad, qué podemos hacer. Esto significa que es hora de deshacernos de los títulos de renta fija,… Las previsiones orientan que los fondos de duraciones más cortas, con vencimientos de menos de un año, sufrirán menos que los que tienen un plazo con duración más larga en el tiempo. Por otra parte, los fondos de deuda pública sufrirán inicialmente más que los datos de deuda corporativa o de alto riesgo.

Por tanto, los fondos mixtos con menos porcentaje en su renta fija saldrán, por este motivo, tendrán mejor resultado que los que tengan un porcentaje más alto. Eso sí, ya se tenía por sí un mayor riesgo por su porción de renta variable.

Por último, los fondos de renta fija en dólares tienen un margen para compensar esas posibles pérdidas a través de una revalorización del dólar como moneda estadounidense.

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