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La repercusión del descontento

descontento social

Con la situación actual parecería imposible decir que estamos intentando salir del atolladero. Día tras día, miles de representantes de diferentes sectores nos intentan convencer de cosas que, evaluadas desde el sentido común, parecerían ridículas. Los Gobiernos europeos, siguiendo la receta del Fondo Monetario Internacional han decidido implantar las políticas económicas centradas en la austeridad.

Los procesos de austeridad se definen a sí mismos como todas aquellas situaciones en la que un Estado cualquiera decide recortar el gasto público con la única pretensión de poseer un saldo positivo a final de un período determinado previamente marcado. Así, no es de extrañar que los procesos de austeridad hayan venido de la mano con los recortes sociales: es prácticamente, su único efecto. Sin embargo, la rebaja de determinadas prestaciones sociales (es algo que podríamos denominar como un aumento de las obligaciones de la ciudadanía y un descenso de los derechos de esta) trae consigo descontento.

Las huelgas y las manifestaciones se producen en un país porque las situaciones económicas o políticas lo propician. La huelga general del 14 de noviembre en España u otras en distintos países tienen un efecto social y, por supuesto, un efecto económico. Es lo que a mí me gusta llamar la repercusión del descontento. Entiendo como repercusión del descontento todas aquellas situaciones que de un modo u otro son fruto del malestar social. Así, si echamos la vista atrás podremos ver situaciones parecidas a lo largo del mundo. La historia más reciente de muchos países es nuestra más fiel guía.

Cuando en 1917 los bolcheviques se levantaron en armas contra la Monarquía Absolutista de los Zares, Rusia experimentó un cambio social pero también uno económico. (En este caso, el pueblo ruso decidió escoger el sistema comunista inspirado en las teorías de Marx y Engels como forma de funcionar de su Estado.) Así, las Declaraciones de Independencia de los territorios sudamericanos fueron un ejemplo claro.

Argentina, pasó de unos procesos dictatoriales con una economía cerrada y élites que obtenían todo el beneficio dejando literalmente “seco” al pueblo, a una democracia con un intento de economía más abierta. Así, otro tipo de países como Brasil tuvieron una situación similar. Todas ellas tuvieron un descontento social que, inevitablemente, estaba ligado a provocar un cambio que más tarde o más pronto llegaría. Pero como he aprendido, muchas veces lo importante no es el qué sino el cómo. Las actitudes que un determinado Gobierno toma en materia económica se definen como políticas económicas. Así, un sector público con solvencia y que tenga en su haber a buenos profesionales, causará una situación de provecho para la economía.

Repercusión del descontento: una guía histórica

La historia más reciente de muchos Estados es un escaparate perfecto para hablar del descontento. Pero cuando hablo de una historia reciente, lo hago de una forma literal. España, Grecia y Portugal. Todos ellos vivieron una situación de bonanza económica asociada a diferentes sectores en auge. En el caso de España, vivimos de la burbuja inmobiliaria.

En la jerga económica, se considera al Producto Interior Bruto Nominal la cantidad de bienes y servicios producidos durante un año a precios corrientes. El Producto Interior Bruto per cápita, es la relación entre el conjunto del PIB y el número de habitantes de la población que se está estudiando en cuestión.

Grecia era un país que poseía un Estado sobredimensionado. (Esta curiosa afirmación, puesta en marcha desde frentes minarquistas,  también es usada en contra de España por la situación de nuestro sector público; otro gran sector critica a nuestro país por nuestro desmesurada planificación territorial.)

Portugal es otro de los países que han sido emplazados en el grupo de aquellos que más dificultad van a tener (en el largo plazo) en pagar sus deudas. La efectividad con la que se pronuncian argumentos contra nuestra economía es, únicamente, por una serie de políticas económicas que conforman la guía histórica de nuestro país. En otras situaciones, los Estados que fuesen emisores autónomos de su divisa, no tendrían tantos problemas con su deuda. Si bien es cierto que Estados Unidos tiene problemas con el techo de deuda, comparar la economía americana con una de los países del sur de Europa no es sino una necedad.

La guía histórica de los famosos PIGS es como una habitación oscura: todos saben que existe pero nadie quiere atreverse a “encender la luz” por temor a lo que se pueda encontrar. Lo propuesto por entidades financieras internacionales como el FMI o los distintos Bancos Centrales y otros agentes externos, no funciona. Al menos no ahora. Como se dijese en su momento, la expansión y no la recesión es el momento idóneo para la austeridad fiscal.

PIB España Grecia Portugal

Este gráfico corresponde a la variación anual del Producto Interior Bruto de Grecia. España y Portugal. Se puede observar que, a partir de 2008, el crecimiento del PIB descendió drásticamente. (He de decir que he escogido el año 2000 como el inicio de la década; también he de decir que, aunque no se aprecia en el gráfico, la segunda fuente es el Fondo Monetario Internacional. La “I” no se aprecia por problemas del procesado de la imagen.) Este, es un ejemplo de la clara repercusión del descontento. De como los movimientos sociales no deben ser ignorados. De cómo esos mismos movimientos, pueden influir de manera muy activa en el devenir de una economía para, incluso, poder llegar a ser protagonista de la coyuntura económica del país en cuestión.

*Todos estos datos pueden ser perfectamente contrastados en la página web www.datosmacro.com

El descontento: la eclosión de la sociedad y sus costumbres

No es ningún secreto que a lo largo de la historia el mayor debate entre filósofos, economistas y puristas de otras ciencias ha sido una evidente discusión para poder dilucidar qué sistema económico hemos de aceptar: comunismo o capitalismo.

El que escribe estas líneas lo tiene claro. De hecho, hace varios días, publiqué un artículo en el que relataba por qué había caído la URSS en unas pocas líneas. (Aunque no es necesario hablar aquí de ello sí que me gustaría dar un punto sobre lo mismo: la Revolución Rusa dio pie a la creación de instituciones extractivas y al enriquecimiento de una élite que era, en este caso, el Estado. Al no haber ningún incentivo para el ciudadano pero sí represión, la URSS estaba condenada a caer. Esto, sumado a las prácticas económicas que pusieron en marcha como un proceso industrial muy agresivo o el enfoque militar de la economía,  propició la caída de la utopía comunista*.)

La sociedad de muchos países siempre ha ido guiando cómo habría de ser la economía en cuestión en ese país. Así, como vimos antes, un descontento social continuado provocado por la abundante pobreza y por un régimen económico y político feudal, hizo que el pueblo ruso, enfadado, eligiese levantarse con el fin de conseguir una situación en la que no fuesen explotados. Sin embargo (y para sus pensadores, contra todo pronóstico) el régimen bolchevique fracasó unos años después.

La eclosión de la sociedad también es un dato significativo si hablamos de una época como la romana o la griega. Britania, no fue conquistada nunca (de forma total) debido a la insurgencia de los pueblos que allí habitaban. Escocia nunca pudo ser tomada por los romanos. En este caso, la historia nos da una dato importante: la bonanza económica de Roma se basaba en unos pilares muy inestables en la actualidad como eran la venta de esclavos, el cobro de tributos y el comercio con determinados territorios.

Si uno de esos factores caía, significaba que la economía iba a tener ciclos negativos (aunque, por supuesto, esta afirmación solo ha podido ser hecha años más tarde por historiadores y economistas que habían observado la historia económica romana). El descontento, en los países de la antigüedad se dejaba ver en los llamados levantamientos que protagonizaban algunas ciudades o algún territorio en contra de su opresor o de su conquistador. Esta independencia y esta afluencia del nacionalismo más claro fue lo que hizo temblar muchas veces la economía Imperial al dejar de tener esas ciudades para obtener sus suministros (suministros, que luego vendían a otras facciones poniendo en marcha una actividad comercial).

La imagen pertenece a su propio dueño y en ningún caso al autor del artículo*

Otro ejemplo claro de descontento social es el de los monopolios. Hay muchos autores y economistas que defienden que los monopolios creados por el Estado son adecuados. Esta afirmación, responde a la necesidad del Estado de entregar unos servicios y/o bienes mínimos a la ciudadanía con unos riesgos que el sector privado no estaría dispuesto a asumir. Además, al ser el Estado y no una empresa, se puede observar de manera clara que no se pretende obtener ningún beneficio sino proporcionar un servicio. Las colonias eran los monopolios favoritos de las metrópolis.

Cuando Inglaterra colonizó América del Norte, estableció un monopolio comercial por el cual los ingleses les comprarían materias y primas y, a su vez, les venderían a los americanos los productos manufacturados con lo que se producía un coste evidente que el ciudadano americano debía de asumir. Sin embargo, con el motín del Té y pasando por distintas situaciones como la tan famosa matanza de Bostón, Estados Unidos consiguió su independencia consiguiendo cambiar así el devenir de su actividad económica. Y todo esto se había materializado debido al descontento provocado en las colonias. Si Inglaterra hubiese dado un trato justo a dichas colonias, ¿se habrían independizado? No lo podemos saber porque todas las metrópolis siempre han explotado a sus colonias sin preocuparse por los nacionalismos que pudiesen despertarse en ellas.

Volviendo a escribir la historia

Es difícil, sin embargo, hablar de qué sucederá en el futuro. Por ahora, muchos Gobiernos ignoran lo que puede causar el descontento social: la falta de incentivos, el aumento del desempleo, la bajada de interés, la entrada en una recesión más profunda y, sobre todo, lo qué podría suponer una población desmotivada que no tenga interés en causar un beneficio en la propia economía.

Éste último punto es muy importante porque es lo que muchos economistas han considerado como irrelevante mientras que otros lo consideraban como esencial. Sea lo que fuere, tenemos que entender que una población desmotivada y no-contenta no es algo adecuado. En términos macroeconómicos, porque no crece la economía. En términos microeconómicos, porque aumentan situaciones que no pueden ser ni siquiera tolerables en un país como el nuestro. (Por citar: el aumento de la pobreza, el 50% de paro juvenil, el 26% de paro total, la todavía existente discriminación empresarial etc.)

Jaime Bravo es estudiante de bachillerato (16 años) y editor del blog “Economía Plus“. En Twitter es @JaimeMAD.



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