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Los políticos que normalmente tienen poder desde ya hace muchos siglos en tiempos de expansión económica suelen tener delirios de grandeza. En este caso, se puede ver en Estados Unidos con Jeb Bush que cree conocer los secretos del crecimiento económico porque había ejercido de gobernador mientras el país experimentaba una burbuja inmobiliaria y tuvo la fortuna de abandonar el puesto justo antes que empezará los problemas de las subprime. Pero igualmente se puede dar en otros países como en la década de los 80 les ocurrió a los burócratas japoneses antes de que se produjera su largo estancamiento económico que sufren durante décadas.

Nos tenemos fijar en los extraños sucesos que están pasando en el mercado de valores chinos para poder entender lo que pasa. Por sí solo, el precio de los valores chinos no debería importar demasiado. Pero el gobierno ha decidió poner entredicho su credibilidad al intentar controlar también el mercado, y están demostrando que, a pesar del éxito de China en los últimas décadas, el gobierno del país no tiene ni idea de que está intentando hacer.

China se encuentra al final de una era, la era del crecimiento acelerado, provocado por la emigración de campesinos a las grandes ciudades convirtiéndose en mano de obra barata para multitud de fábricas. Esta mano de obra excedente se está reduciendo, lo que significa que el crecimiento por coste salariales bajos se va a producir en menos medida y, por tanto, va a ralentizar la economía.

Pero lo que sucede es que la estructura económica china está construida en torno al crecimiento rápido. Las empresas, muchas son de propiedad del Estado, acumulan sus beneficios en lugar de devolverlos a los accionistas, que tienen ingresos familiares ridículos, al mismo tiempo, los ahorros de los ciudadanos son elevados, entre otras cosas porque la seguridad social del país es casi inexistente, con lo que las familias acumulan efectivo, por lo que pueda pasar en el futuro. Entonces, el gasto chino es muy asimétrico, con impuestos muy altos en inversión pero una cuota baja de demanda por parte del consumidor.

La estructura económica de China es viable mientras existe crecimiento económico ofreciendo así las suficientes oportunidades para invertir, pero ahora la rentabilidad de estas inversiones ha descendido de manera estrepitosa. El resultados es un problema de transición ya qué le pasará a China si la inversión disminuye pero el consumo no sube lo bastantemente rápido para llenar este espacio vacío.

En este momento necesita China son reformas que amplíen el poder adquisitivo de sus ciudadanos aunque hayan dado algunos pasos no han sido suficientes. Es de todo evidente que los esfuerzos realizados se han quedado lejos de las necesidades reales.

Los líderes chinos parecen no saber reaccionar, probablemente por presiones del partido, ante la perspectiva de producirse una recesión que cada vez se ve más cercana bajando de un crecimiento del PIB del 7 por ciento. Han intentado inflar la demanda con barra libre en el sistema de crédito, intentando fomentar así un boom en el mercado valores. Estas medidas pueden de alguna manera funcionar durante un cierto tiempo, y las cosas podrían haber funcionado si las reformas avanzarán a un ritmo más rápido. Pero en este caso no lo están haciendo, y el resultado es una burbuja peligrosa que puede estallar en cualquier momento.

China ha lanzado una gran apuesta para respaldar el precio de las acciones. A los grandes accionistas se les ha impedido vender, a las instituciones gestionadas por el Estado han recibido la orden de comprar acciones, y a muchas empresas están cayendo en picado se les permite suspender las operaciones bursátiles. Estas medidas pueden tomarse durante un espacio corto de tiempo para contener el pánico bursátil irracional, pero China ha decidido aplicarlas de manera sostenida a un mercado que todavía está por encima de su nivel desde hace poco.

A China les preocupa las repercusiones financieras. Por lo que, algunos agentes financieros chinos pidieron grandes cantidades de dinero con sus acciones como garantía, por lo que el desplome del mercado podría dar pie a una suspensión de pagos de manera generalizada. Esto resulta particularmente inquietante porque China tiene un enorme sector bancario en la sombra que no está regulado y podría sufrir retiradas masivas de capitales.

También parece que el gobierno chino, que en su momento incentivo la compra por parte de los ciudadanos de adquirir acciones, ahora piensa que debe proteger los precios de los valores para conversar su reputación. Aunque lo que acabado haciendo es todo lo contrario de lo deseado con gran velocidad por su parte.

Cada vez que las autoridades han hecho todo lo posible para destrozar su credibilidad lo superan con más medidas. En la actualidad, los medios de comunicación chinos están culpando de estas caídas de los valores a una conspiración extranjera contra China. Esto se puede considerar más razonable de lo que se podría pensar en un principio ya que durante tiempo China ha realizado controles para mantener fuera de su mercado de valores a capital extranjero, y resulta casi imposible vender valores que nunca te permitieron comprar.

El crecimiento de China no era un espejismo, convirtiéndose en la primera potenciar mundial, y su economía sigue constituyendo una de las más potentes fuerzas productivas mundiales. Por tanto, los problemas de esta transición a un crecimiento menos son importantes para el gigante asiático, pero es algo que se sabe hace tiempo. El titular no es la economía china sino los líderes que no saben manejar lo que han creado. Y por tanto, no tienen idea de lo que están haciendo ni a lo que están jugando en la actualidad.

    1. Este artículo está inspirado en una publicación mía en el diario digital La red 21 de Urugay sobre un análisis del gigante asiático. Lo puedes consultar en la sección de opinión.

  1. Interesante artículo pero por favor, leedlo antes de publicarlo, tiene demasiados errores e incongruencias como si estuviese escrito a prisas y sin revisar.

  2. Al fin y al cabo es un régimen dictatorial que intenta sobrevivir al colapso económico que ellos mismos han propiciado. Ahora que se lo coman con fideos.

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