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Maestro Gabriel García Márquez

gabo

Ayer incineraban en México a Gabriel García Márquez. Complicado rendirle homenaje con palabras escritas a un genio de la literatura de su talla. Complicado poder definir su dimensión. El tiempo lo dirá. Pero probablemente su obra y ‘Cien años de Soledad’ en particular forma y formará parte por derecho propio como una de las grandes obras literarias de la lengua española.

No voy a ser yo quién intente definirla, pero me atrevería a afirmar que al leer  ‘Cien años de Soledad’ he tenido la sensación de estar leyendo todo un referente de la literatura española, una obra que tiene su lugar, su sitio y su peso entre las más grandes obras que se han escrito, a la altura de El Quijote de Cervantes.

‘Cien años de Soledad’ es ya un tesoro de la humanidad. Un triunfo de nuestra lengua, un homenaje en mayúsculas y letras de oro a nuestra literatura. Una simple genialidad.

Con la muerte de Gabo ha empezado también el inevitable y accidental ruido. Poco han tardado en saltar los críticos.

Los halcones se han afanado en recordar sus fotos junto a Fidel Castro. La izquierda ha querido venderlo como la muerte de uno de los suyos como si la genialidad literaria de Gabo fuera debida gracias a sus pensamientos políticos o como si hubieran sido co autores de su obra.

Ha muerto el escritor y muchos se empeñan en querer hablar de la persona. Ruido, simple, anecdótico patético e intrascendente ruido.

La obra de Gabo sobrevivirá a todos los que enarbolan banderas ideológicas de izquierdas y derechas para bien hacerlo uno de los suyos o atacarlo y desprestigiarlo.

Como hoy nos importa un bledo que ideología tenía Cervantes hace 500 años, nadie lo recuerda a nadie le importa, pero nadie olvida ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse.

La obra de Gabo pervivirá dentro de 100 años, tiempo en el que con un poco de suerte el concepto ideológico de izquierdas o derechas quedará superado y se verá como un anacronismo y un absurdo del pasado. Es posible que en un futuro nuestros descendientes, nuestros herederos se rían de las actuales ideologías de algunos y hasta se espanten, pero todos van a leer ‘Cien años de soledad’ o ‘El coronel no tiene quién le escriba’ con admiración y respeto mientras visualizan esas mariposas amarillas.

Con la muerte de Gabo, llegó el ruido, el sucio e inevitable ruido, pero también llego la inmortalidad de su obra. Rindamos merecido homenaje al hombre que dejó a toda la humanidad una obra de la talla de ‘Cien años de Soledad’,  leamos sus palabras escritas y disfrutemos del maestro para siempre.

Gabo, es también, sobretodo, una historia de superación, de fe y voluntad. De creer en las aptitudes de uno mismo. Sin un peso, vendiendo las pocas posesiones que le quedaban, viviendo de prestado, se encerró durante 18 meses para escribir ‘Cien años de Soledad’. Cualquier otro podría haber tirado la toalla durante un periodo tan largo de tiempo. Gabo perseveró, creyó, y no se traicionó. Fue fiel a lo que era, una gran escritor y gracias a su fidelidad nos pudo dejar ‘Cien años de Soledad’.

García Márquez le presentó ‘Cien años de soledad’ al catalán Carlos Barral, alma máter de Seix Barral, pero dicen que al editor catalán no le funcionó el olfato y le respondió tras leer el manuscrito que “esa novela no sirve”. No todos los días se rechaza una de las obras más grandes de la literatura española. ¿Os imagináis como se debió sentir Gabo el día que Carlos Barral rechazó publicar ‘Cien años de soledad’ tras 18 meses de duro esfuerzo y totalmente arruinado? La historia ya sabemos como acabó. ‘Cien años de soledad’ pudo finalmente ser publicada y con ella a Gabo le llegó su justo reconocimiento.

Por último Gabriel García Márquez tiene también mi especial simpatía. Lo siento, pero era absolutamente pésimo con la ortografía.

El tiempo. Para un escritor es sagrado. Es el bien mas preciado. Y ha de estar bien empleado. Gabo lo sabía y no perdía el tiempo en insignificancias. Lo siento, pero parece que no es incompatible  ser una de los mejores escritores de todos los tiempos y a la vez poderte dedicar a torturar la ortografía. Lo importante, quizás no es tanto como lo escribas sino que es lo que escribes y en esto Gabo trataba las palabras con la delicadeza y el amor que solo pueden hacerlo los verdaderos grandes genios.

Os dejo el alegato de Gabo contra la complicada gramática del español. Algunos siguen pensando que se trataba de una broma de Gabo. Lo siento pero iba muy en serio. Vale la pena escucharlo

Quedo Condoliente.

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