La respuesta simple y llana es NO. Y para argumentarlo os explicaremos a continuación los cálculos que han realizado desde la plataforma InbestMe al respecto y que han publicado en fundssociety.com. Desde Cluster Family Office vemos infinidad de veces las reticencias de la mayoría de inversores a vender sus carteras actuales de fondos o acciones, para seguir así difiriendo las retenciones que les aplicarían a las plusvalías acumuladas en ellos durante años. A priori parece una buena decisión, pero no lo es a poco que los rendimientos de la cartera sean mínimamente mejorables. Y esa es la primera sorpresa para la mayoría de inversores hipnotizados por la mediocridad de los fondos que venden las grandes gestoras internacionales en España, que hay vida más allá de los catálogos de ventas de arquitectura abierta.

Cierto es que en España existe la posibilidad de traspasar los activos de un fondo a otro manteniendo el diferimiento fiscal, con su correspondiente registro en CNMV, un volumen de partícipes mínimo y que sean considerados por el regulador como traspasables. El inconveniente es que, como ya hemos explicado en otros artículos como “Fondos de Inversión: Aún hay clases“, el universo de fondos de inversión registrados en España es muy limitado en comparación con los existentes en todo el mundo. Tan limitado como el 10%, lo cual significa que por culpa de querer aprovechar ese diferimiento fiscal hasta el infinito y más allá, los inversores están cautivos en un universo de inversión que ignora el 90% de los fondos existentes en todo el mundo (otra cosa es que los bancos españoles se nieguen a suscribir fondos más allá de su catálogo de ventas, para lo que también hemos explicado la solución en “Las ventajas de invertir desde Luxemburgo“). Veamos ahora las cifras del ejemplo que calcula InbestMe:

Por ejemplo, con un 3,4% de promedio de rentabilidad anual (rentabilidad de los últimos 25 años), la diferencia de rendimiento entre diferir las plusvalías hasta el final o tributar cada año es de tan sólo un 4,2% acumulado para un periodo de 20 años, o sea un 0,21% TAE. Es decir, que si un inversor es capaz de mejorar el rendimiento de su cartera en al menos un 0,21% anual, mediante la sustitución de fondos mediocres por fondos con rendimientos consistentes y que superen a sus respectivos índices de referencia de manera clara y sostenida, no debe importarle el hecho de que los nuevos fondos no sean traspasables y tenga que tributar las plusvalías anualmente. Aquí cabe recordar que el coste fiscal de las plusvalías latentes es un dinero que no es nuestro sino que lo hemos tomado prestado de Hacienda y que hay que devolver tarde o temprano. Por tanto, utilizar el dinero que le debemos a Hacienda para obtener beneficios, pierde todo el sentido si lo utilizamos de manera mediocre, condenando además a la mediocridad al resto del dinero que sí que es nuestro.

En el ejemplo anterior, mejorar la rentabilidad un 0,21% anual pudiendo invertir en el 100% de fondos existentes y no en sólo el 10%, es no solamente perfectamente posible sino prácticamente una obligación. De hecho, cuanto antes cambie sus inversiones anodinas por otras más potentes, antes recuperará las retenciones aplicadas a las ventas de su cartera mediocre. Y lo que es aún más importante, una vez tributada la cartera vendida, además de tener la libertad para invertir con un mayor rendimiento en cualquier fondo del mundo mundial, también podrá diferir en adelante y para siempre la tributación si dispone de un vehículo luxemburgués con un mínimo de 300.000 euros, aunque cambie de fondos o inversiones en el futuro y no sean traspasables, como hemos explicado en otras ocasiones.

¿Y por qué entonces tanto miedo a tributar plusvalías latentes si son fácilmente recuperables y superables con una cartera de buenos fondos que superen consistentemente a sus índices? Pues ahí entra en acción la banca española, cómo no. En primer lugar ningún banco va a proponer a su cliente que liquide los fondos que le ha vendido y se lleve el dinero a otra entidad (luxemburguesa) para disponer de un vehículo de inversión en el que quepan -y se difieran indefinidamente- los mejores fondos del planeta. Y en segundo lugar, para evitar tentaciones, advierten a sus clientes de manera vehemente del “hachazo” fiscal que tendría si liquida sus posiciones. De ese modo mantienen cautivo al inversor en la entidad, con carteras mediocres que se perpetúan en el tiempo, con un coste de oportunidad descomunal.

Sin duda, el inversor que tenga la capacidad de poder invertir más allá del 10% de fondos registrados en España para su comercialización en banca española, haría bien en buscar el aumento de calidad en su cartera y no dejarse intimidar por su banquero y sus simulaciones fiscales. Al fin y al cabo, con sólo unas décimas más de rendimiento proporcionado por fondos de mayor calidad estará compensando sobradamente el interés compuesto del diferimiento fiscal. O sea, que haría bien en dejar de diferir para invertir mejor y volver a diferir indefinidamente con una cartera mucho más potente. No hacerlo es pan para hoy y hambre para mañana, es decir quedar atrapado sine die en la mediocridad de los fondos que te vende el banco de la esquina, muy contento, eso sí, de estar reinvirtiendo mediocremente los impuestos que uno le debe a hacienda.

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