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Estas han sido las declaraciones de algunos de los imputados por las Tarjetas Black ante el juez Andreu

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El exconsejero delegado de Bankia Francisco Verdú, número dos de la entidad, aseguró ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu que no utilizó la ‘tarjeta black’ que le entregó “personalmente” el ex presidente Rodrigo Rato porque no figuraba en su contrato y por “oficio bancario” ya que en otros bancos se justificaban incluso las cestas de navidad que costaban por entonces “15.000 pesetas”. “No uso y no usaré nunca una que tenga gastos sin justificar”, dijo.

Así consta en la grabación de la declaración de Verdú, a la que ha tenido acceso Europa Press, en la que el fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, le pregunta por qué no utilizó la tarjeta que le entregó Bankia el 17 de febrero de 2012 y que también estaba a disposición de Rato, José Manuel Fernández Norniella y los entonces directores generales Ildefonso Sánchez Barcoj y Matías Amat.

Verdú, que declaró como testigo en la pieza separada del ‘caso Bankia’ en la que se investigan las visas opacas de Caja Madrid y Bankia, rememoró que aquel día “el presidente don Rodrigo Rato” le entregó un sobre con el contrato de adquisición del plástico y le dijo que tenía un límite de 75.000 euros para “poder gastar en gastos sin justificación”.

“Yo no la uso y obviamente ni lo abro”, continuó el compareciente, para recordar que se encontraba en vigor un real decreto que obligaba a reducir a un máximo de 600.000 las retribuciones para los directivos de las filiales de las entidades que habían recibido ayudas públicas, una cantidad que suponía una “cuarta” parte de lo que había negociado y de lo que “ganaba antes”. “No me incorporé al Consejo por temas económicos”, precisó, sobre su llegada a Bankia.

“SEGÚN MI ÉTICA, SE TENDRÍA QUE HABER REDUCIDO ENTONCES MI SUELDO”

“Según mi ética y mi manera de ver las cosas, hubiese tenido que tener menos salario para al final tener menos de 600.000 euros, que es el salario que marca la ley”, destacó Verdú, para enfatizar que principalmente no utilizó la tarjeta porque no estaba incluida en los conceptos retributivos de su contrato y, en segundo lugar, por “oficio bancario”.

En este sentido, señaló que ha sido un directivo “importante” en entidades como BBVA o Banca March y sabe que no puede “usar una tarjeta sin gastos sin justificación”. “Unos bancos en los que se detallaba hasta la cesta de navidad, que costaba 90 euros o 15.000 pesetas, y se declaraba como pago en especie con retención”, puso como ejemplo.

Verdú añadió que disponía de una tarjeta para gastos de representación inherentes al cargo –en la que “obviamente presentaba facturas de mis comidas, aviones, trenes”– y de otra propia para sus compras personales, “como todo el mundo”.

Puso también de relieve que el visado que aparece en el contrato sobre su tarjeta no era suyo y que recuerda “naturalmente” cómo expuso a Rato que “de ningún modo” la iba a utilizar porque le “parecía que era una mala praxis”. “No ésta no es mi firma. En absoluto, no firmé ningún documento de la tarjeta que supongo que contenía el contrato y me acabo de enterar ahora que ponía que el límite era de 68.000 euros”, concluyó.

MORAL SANTÍN

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El ex vicepresidente de Caja Madrid José Antonio Moral Santín aseguró ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu que hubiera preferido tener despacho, apoyo administrativo o técnico y poder disponer de un vehículo de la flota de la entidad, pero le dieron una ‘tarjeta black’, de la que podía disponer “libremente”, sin aceptar justificantes de los gastos.

En su declaración judicial, a cuya grabación ha tenido acceso Europa Press, Moral Santín destacó que el entonces secretario general Ángel Montero le comunicó que se trataba de una “institución consolidada” desde hacía años en la caja de ahorros y que podía destinar el plástico tanto a gastos relacionados con el ejercicio de su actividad, como otros de “carácter más personal”.

Al ser preguntado por el juez por la extracción de una sola tacada de 300, 500 o 600 euros de los cajeros automáticos, Moral Santín reconoció que sacaba este dinero y lo concebía como “una remuneración de la que podía disponer libremente”. “Tenía un flujo de recursos para reparar el automóvil. Tenía una gran dedicación a la caja como consejero y en la obra social y esto me obligaba a tener muchas reuniones con asociaciones, interlocutores institucionales…”, añadió.

“No podía pasar ninguna factura ni la pasé nunca a la caja porque no me la aceptaban, entre otras cosas”, continuó su exvicepresidente, para añadir que “hubiera preferido tener unos recursos normalizados”. “Cuando nos dieron la tarjeta nos dijeron que no íbamos a tener despacho ni podíamos cargar ningún tipo de gasto de ninguna naturaleza, aunque fuera relacionada con la actividad de consejero”.

“NO DUDÉ DE SU LEGALIDAD”

Moral Santín, a quien el juez fijó después una fianza civil de 610.000 euros, aseguró que no tuvo “ninguna duda sobre el sentido legal y legitimo” de la tarjeta porque se trataba de una de las primeras entidades del país, con unos “reputados y magníficos” profesionales.

“Actué con la convicción de que actué correctamente”, precisó. Finalmente, subrayó que los consejeros no tenían competencias en la gestión de las ‘visa’ y que no era un gasto de empresa, sino un “rendimiento de trabajo”. “En este sentido, efectivamente Caja Madrid tenía que retener y cumplir las exigencias tributarias de esas remuneraciones”, concluyó.

 

Varios de los imputados explican que nadie en Caja Madrid les advirtió de que estas tarjetas no tributaban y que tampoco dudaron de que la entidad actuara de manera irregular ante Hacienda. Algunos aseguran que preguntaron por este aspecto, pero que se les aseguró que la caja tenía un acuerdo con la Agencia Tributaria sobre las tarjetas. “Un acuerdo con las grandes corporaciones”, precisa Jorge Gómez Moreno, vocal a propuesta del PSOE.

“Yo recibía el certificado (de retenciones anuales) y con eso liquidaba. Pensaba que estaban incluidas esas cantidades”, asegura Luis Blasco, vocal por el PP, para dar idea de la confianza en la entidad y en sus responsables.

Antonio Romero, exsecretario de Organización del PSM, explica que ni siquiera lo preguntó por esa confianza, pero que otros consejeros sí pidieron información y como respuesta obtuvieron un ‘no te preocupes, se encarga la caja’. “Nunca pensé que en Caja Madrid se pudieran estar haciendo mal las cosas”, afirmó el día de su declaración. “Hemos sido víctimas no sé si de un engaño o de una negligencia”, añadió.

 

ARTURO FERNÁNDEZ

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El expresidente de la patronal madrileña CEIM Arturo Fernández aseguró en su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu que nadie se encargaba de la gestión de las ‘tarjetas black’ de Caja Madrid y Bankia. “Ocuparse, lo que se dice ocuparse, no se ocupaba nadie”, señaló.

Así consta en la grabación de la declaración de Fernández, a la que ha tenido acceso Europa Press, en la que el fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, pregunta al antiguo líder de los empresarios madrileños quién se encargaba de la gestión de los plásticos opacos a Hacienda.

“Creo que era una secretaria que no recuerdo porque tuve poco contacto y nunca pasé del límite. Yo hacía el gasto, al final del año me mandaban el certificado y ocuparse, lo que se dice ocuparse, no se ocupaba nadie porque como yo nunca me pasé del límite…”, afirmó.

Fernández, que gastó 37.300 euros con su tarjeta –10.500 de ellos en sus propios restaurantes–, también dijo que la tarjeta de Caja Madrid se la entregó el que era vicepresidente de la entidad, José Manuel Fernández Norniella, a través del secretario general del Consejo de Administración, y que no recordaba quién le dio la de Bankia.

“(Norniella) me dijo que era una tarjeta para gastos personales con un límite de 25.000 euros y que no tenía que justificar los gastos”, explicó el empresario antes de concretar que le dijeron que podía “usarla en lo que quisiera”. “No teníamos que traer los oportunos tickets de comprobación y para el tema fiscal, Caja Madrid se ocupaba de ello, como no podía ser de otra manera. Así lo entendí yo”, agregó.

El compareciente llegó a calificar la ‘visa black’ de “transparente y sin ningún otro problema” y aseguró que siempre entendió que se trataba de “una tarjeta con todos los atributos de la legalidad que corresponde a una tarjeta de crédito con la fiscalidad correspondiente”.

GASTOS A LA UNA DE LA MAÑANA

En un momento de la declaración el juez Andreu preguntó a Fernández si conocía los restaurantes Cantoblanco, de su propiedad, y por qué los eligió para realizar sus gastos. “Yo todas mis relaciones institucionales las hago en mis restaurantes porque son mis restaurantes y tengo muchos en Madrid y todos mis gastos los hago ahí… Después me pasan una cuenta a final de mes o de trimestre de mis gastos”, dijo.

Su relato continúa así: “Me pasan la cuenta de mis gastos. Como tenía la tarjeta y era para gastos personales, hice la liquidación a final de año pero no sólo era en Cantoblanco, también en otros como La Nicolasa o La Plaza de los Delfines. Utilizaba mi tarjeta principalmente en mis restaurantes. Primero porque son más baratos y lo segundo porque son míos”.

En ese punto el juez instructor le preguntó: “¿Y le redondeaban la cuenta, por lo que veo?”. “No, eran entregas a cuenta y a final de año me hace la cuenta el departamento contable y me dicen: ‘tienes un saldo a favor o un saldo en contra'”, contestó Fernández.

Cuestionado por qué los cargos se ejecutaron a la una menos diez de la mañana, el expresidente de CEIM afirmó: “No tengo ni la menor… La que cierra la caja la haría, no le puedo contestar, no sabía yo que la habían hecho a la una menos diez de la noche… Sería nochebuena, lo harían para cerrar las cuentas, no le puedo contestar… Las cajas las cierran en los restaurantes cuando los cierran”.

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1 comentario

  1.    Responder

    La mayoría de caraduras ni sabían ahora, el único profesional que había le dejó muy claro, dudo que no hablaran entre ellos en los consejos, todo huele tan mal a Marca España.


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