Pagar una compra en efectivo está pasado de moda. Ahora lo que se lleva son las tarjetas, sobre todo entre los más jóvenes. “Los menores de 35 años realizan un 80% de sus transacciones con tarjeta, mientras que solo el 20% corresponde a retiradas de efectivo en cajeros”, de acuerdo con un análisis realizado por BBVA Data & Analytics, que ha estudiado el uso que se le da a las tarjetas emitidas por el banco. El cambio generacional está propiciando que los pagos con tarjeta tengan cada vez más peso, así como el hecho de que casi siete de cada diez comercios españoles ya dispongan de TPV físico o virtual, de acuerdo con el “Barómetro de medios de pago para negocios 2017” de Mastercard.

Pero el avance de la tecnología no cesa y ahora casi cualquier cosa puede convertirse en un medio de pago. Hoy en día, incluso pagar con el móvil ha dejado de ser “moderno” y cada vez es más habitual verlo en la cola del súper, en las máquinas de transporte público o en las taquillas de un cine. ¿Qué será lo próximo? ¿Pagar con una sonrisa? ¿O quizá con unas gafas de sol? Pues sí. Suena a ciencia ficción, pero cada vez es más real. La tecnología está posibilitando que cualquier cosa, literalmente, pueda servir para pagar, desde nuestra propia cara hasta unas gafas, la manga de un traje o una joya.

Pagar con una pulsera…

Ya nada es lo que parece y los accesorios, tampoco. Los primeros “gadgets”, más allá de los móviles, en sucumbir a la revolución de los medios de pago fueron las pulseras. Funcionan como una tarjeta “contactless” y para pagar con ellas basta un movimiento de muñeca por encima del datáfono. Este tipo de pulseras, fabricada en silicona, ajustables y sumergibles en agua, las comercializan en España Banco Santander, imaginBank y CaixaBank, explican los expertos en bancos del comparador financiero HelpMyCash.com.

…o con un anillo

Y si una pulsera puede convertirse en un medio de pago, también puede hacerlo un anillo, un llavero o unas gafas de sol, como las que presentó Visa el pasado año en un evento deportivo, que llevaban un chip escondido en la patilla. Los anillos KRing, antes conocidos como Kerv, disponibles por 99 dólares (86,5 euros), o el NFC Ring (85 libras, que son 97 euros) permiten pagar compras con el dedo gracias a la tecnología NFC que incorporan. Otro ejemplo es el anillo Token, disponible en oro rosa y plata, que actualmente se está probando en la ciudad de Nueva York (los interesados pueden apuntarse a la lista de espera).

A principios de este año, el banco neerlandés ABN Amro llevó a cabo una prueba piloto con 500 clientes para probar los “wearables” como método de pago, concretamente un anillo fabricado con cerámica, una pulsera de cuero o silicona, un reloj suizo con una correa de silicona que incorpora un chip y un llavero hecho de cuero. Aunque la prueba piloto se ha prorrogado, la entidad ya ha sacado las primeras conclusiones: el 78% de los participantes prefiere ahora los “wearables” y solo el 19% se queda con las tarjetas de débito.

Abonar una compra con la manga de la chaqueta

En 2015 Barclaycard y la marca de ropa Lyle & Scott lanzaron una chaqueta que contaba con un chip escondido en el puño de la manga derecha, idéntico al que se encuentra en las tarjetas. El precio de la chaqueta, 150 libras. Por su parte, la división de moda de Samsung (sí, al parecer también tiene una sección dedicada al crecimiento de la industria de la moda), presentó en 2015 un traje inteligente con una etiqueta NFC en el botón de la manga. La compañía surcoreana dio a conocer un año después una camiseta pensada para golfistas que venía equipada con un chip NFC

Pagar con los dedos

En 2017 una compañía de Wisconsin, Estados Unidos, decidió convertir a algunos de sus empleados, alrededor de 50, en protagonistas de una trama de ciencia ficción. Se les implantó un microchip del tamaño de un grano de arroz en la mano con una tecnología similar al NFC con el que podían, entre otras cosas, pagar compras en máquinas expendedoras. También el año pasado una compañía sueca, Epicenter, implantó chips a más de un centenar de empleados con los que podían abrir puertas o comprar en máquinas. Pagar con un movimiento de dedo es ya una realidad.

Pagar con la cara

¿Te imaginas pagar con un “selfie”? Miles de empleados de BBVA ya lo están probando. Se trata de utilizar la tecnología de reconocimiento facial para abonar las compras: “los usuarios de los restaurantes de la sede de BBVA tan solo tienen que mirar hacia las cámaras situadas dentro de unas cabinas junto a las cajas registradoras. Entonces el sistema identifica el rostro del cliente (previamente registrado en el sistema) y realiza automáticamente el cargo en su tarjeta para hacer efectivo el pago”, explica el banco. Un sistema similar se ha probado en china a través de AliPay y la tecnología Face++.

  1. Es normal, cada vez tiene menos sentido llevar dinero en efectivo. Pudiendo hacer los pagos hasta con el móvil… ¿Para qué?

    Lo que no sabía es que ya se podía pagar a través de reconocimiento facial. ¡Qué pasada!

  2. La innovación esta a la orden del día y no me sorprende que en este campo lo haya y cada vez saldrán nuevos métodos para poder pagar tus compras de una manera sencilla y cómoda. Nuestro entorno es pura tecnología y eso hace de nuestro día a día mucho más cómodo la verdad. Ya no solo en el tema de poder pagar con otro tipo de métodos como los que se exponen aquí sino ya en otros ámbitos de nuestro día a día como es el poder controlar el consumo de tu vivienda de luz o de agua, el poder activar tu alarma, asegurarte que has cerrado bien o no te has dejado nada encendido, etc. Hoy por hoy desde nuestros móviles u otro tipo de dispositivos es posible todo. Es increíblemente sorprendente como avanza este campo.
    Un saludo!

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