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Si Steve Jobs fue considerado el CEO de la pasada década después de convertir a una moribunda Apple en la empresa con mayor valor bursátil del mundo, el Papa Francisco parece que va camino de heredar el trono de Steve Jobs cómo uno de los mejores gestores de los últimos tiempos.

Si por un momento nos abstraemos de las cuestiones de la fe y nos centramos en la gestión pura, la tarea que tenía por delante el Papa Francisco cuando fue nombrado cabeza de la iglesia Católica era titánica. Una organización milenaria, que estaba perdiendo “clientes” en todas las geográficas y salpicada por numerosos escándalos y afrontando una dura competencia en su sector con la proliferación de iglesias evangélicas y cristianas mucho más cercanas a los “clientes” y la deserción de miles de fieles que paulatinamente iban perdiendo la fe ante una iglesia que cada vez sentían más y más alejada y que no era capaz de captar la atención y competir contra las nuevas formas de entretenimiento.

A su llegada el Papa Francisco de propuso redefinir el disperso foco de la organización y optar por una especie de “Keep it Simple”.  Poner la fe católica al servicio de los pobres y hacerlo con una forma de management agresiva donde él es el primero que marca ejemplo. Y no sólo marcando ejemplo con su actitud sino también despidiendo aquellos “directivos” de la organización que no se querían adaptar al cambio.

La Banca Vaticana

Definida la estrategia para el “core” del negocio, tocaba también realizar un turnaround de los negocios paralelos de la organización. Una de las tradicionales piedras en el zapato de la Iglesia Católica ha sido la Banca Vaticana. Todo un quebradero de cabeza en cuanto a negocio salpicado también por tenebrosos escándalos, en una entidad que cuenta con unos activos que rondan los $6.000 millones.

Con su llegada, a el Papa Francisco no le tembló el pulso para meterle mano al problema y empezó una limpieza en profundidad de la entidad. Despidió a la dirección, y nombró nuevos ejecutivos con el objetivo principal de implementar estándares internacionales de contabilidad, restringir el acceso sobre quién podía utilizar el Banco (ahora sólo puede servir a la iglesia Católica y no acepta cuentas de terceros), cerrar cuentas opacas y poner en funcionamiento controles contra el lavado de dinero. En 2014 cerró unilateralmente  3.000 cuentas sospechosas.

Los resultados no se han hecho esperar. En 2013 la Banca Vaticana cerró el año con unos beneficios de $2,9 millones. En 2014 ha logrado generar un beneficio de $69 millones con una entidad mucho más transparente que antes.

omentarios
  1. Le iba a mandar el articulo a mi madre, pero maldita manía de usar tantos anglicismos.

    Señor periodista: use su castellano que es una lengua muy rica.

    Por otra parte, enhorabuena por el blog.

    Saludos

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