En España hay casi 54 millones de tarjetas de crédito en circulación. Más plásticos que habitantes. Pero, si fuese por nosotros, todavía habría más. A muchos españoles el banco o la financiera de turno les rechaza su solicitud de tarjeta de crédito. Las razones para que una entidad de crédito desestime conceder una tarjeta de crédito a un potencial cliente son muchas, desde su nivel de ingresos hasta su situación personal o su edad.

Demasiado joven o demasiado mayor

“Lo sentimos, su solicitud ha sido denegada”. Detrás de tan desagradable respuesta pueden estar nuestros datos personales: la edad puede jugar en nuestra contra. Aunque pensemos que a partir de los 18 años tenemos vía libre para solicitar la tarjeta de crédito que queramos y aunque muchas entidades no sean claras con ese filtro, lo cierto es que en ocasiones la edad mínima es superior, por lo que si no se alcanza, la respuesta será negativa. Además, también suele haber una edad máxima. La nacionalidad y el lugar de residencia también pueden ser una barrera. Las razones por las que el perfil del cliente puede ser motivo de denegación son estadísticas: por ejemplo, tradicionalmente, los jóvenes tienen más riesgo, ya que no siempre tienen un trabajo estable y los que están cerca de la edad de jubilación también, ya que se entiende que cuando se retiren ganarán menos.

Residir en España y haber superado la veintena y no rozar la edad de jubilación parece la situación óptima para solicitar una tarjeta de crédito.

Situación económica e ingresos

Una tarjeta de crédito permite endeudarse y para que el riesgo del banco sea reducido, la situación económica del futuro cliente tiene que ser buena. Esto implica tener unos ingresos suficientes y, sobre todo, regulares. Cada entidad fijará un límite por debajo del cual rechazará cualquier solicitud. En ocasiones, el banco también puede solicitar al cliente que le indique su saldo medio en la cuenta corriente para verificar que realmente dispone de una situación financiera aceptable.

Es difícil averiguar cuáles son los ingresos mínimos fijados por cada entidad para conceder una tarjeta de crédito, ya que no es algo que comuniquen públicamente. En cualquier caso, debemos aplicar el sentido común y valorar si con nuestros haberes podemos usar una tarjeta de crédito sin correr peligro.

Situación laboral

Si los ingresos son importantes, también lo es, como es lógico, su fuente. Y esa, generalmente, es el trabajo. Nos preguntarán por el tipo de actividad que desarrollamos (por cuenta propia o ajena, si estamos desempleados, etc.), el cargo que ostentamos, el tipo de contrato (temporal, indefinido, etc.) y la antigüedad en nuestra empresa.

Lógicamente, un contrato indefinido aumentará nuestras posibilidades de conseguir una tarjeta, mientras que uno temporal nos dificultará que la respuesta sea positiva. Si la antigüedad es alta, también tendremos más opciones; por el contrario, si llevamos poco tiempo en la empresa, la financiera entenderá que nuestra situación no es tan estable como le gustaría y podría rechazar nuestra solicitud. Por otra parte, si estamos desempleados, difícilmente nos concederán una tarjeta de crédito, salvo que tengamos ingresos regulares de otras fuentes y estos sean estables y suficientemente elevados.

¿Vivienda en propiedad o alquilada?

Otro dato que suelen requerir las entidades que conceden tarjetas de crédito es información sobre el lugar en el que vivimos. Básicamente, nos preguntarán sobre nuestro régimen residencial: vivienda en propiedad hipotecada o libre de cargas, alquiler, etc. También nos preguntarán el tiempo que llevamos residiendo en ella.

Habitar durante largo tiempo la misma vivienda denota estabilidad, así como disponer de una residencia en propiedad libre de cargas.

Deudas impagadas

Un historial de crédito limpio nos abrirá las puertas de las tarjetas de crédito, mientras que si tenemos deudas impagadas, la respuesta será negativa. El banco o la financiera consultará los registros de morosos en busca de nuestro nombre y si aparece, lo más probable es que no nos conceda la tarjeta. Incluso si la deuda es de escaso importe, fruto de un desacuerdo y de hace dos o tres años.

Así que si queremos una tarjeta de crédito, debemos tener un historial impoluto.

Nivel de endeudamiento.

Los expertos recomiendan no dedicar más del 35 % de nuestros ingresos al pago de deudas y esta medida no solo tenemos que valorarla nosotros, sino que también la tienen en cuenta los prestamistas, sean bancos o financieras. Si tenemos una hipoteca, un préstamo personal y ya pagamos cuotas de otras tarjetas, es probable que entre todas las deudas superemos la barrera del 35 %.

Por ello, lo más probable es que el banco no nos quiera conceder un plástico nuevo. Cuanto menor sea nuestro nivel de endeudamiento, más opciones tendremos de conseguir otro plástico.

  1. No necesariamente una deuda es mala ya que existen deudas buenas y deudas malas como tarjetas de crédito buenas y malas es deber de cada persona responsable de su contabilidad educarse y evitar lo que le este generando pérdidas cuantiosas.

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