A lo largo del presente ejercicio las empresas de telecomunicaciones se encuentran entre las más recomendadas por todos los analistas bursátiles y sin embargo su comportamiento ha sido en el mejor de los casos decepcionante. Esto me lleva a pensar qué está sucediendo en el mercado, qué se nos está escapando y qué hace que los grandes fondos de inversión no estén apostando por los valores que recomiendan sus departamentos de análisis. Desde la perspectiva totalmente objetiva de aquí que no tiene ningún interés (no poseo ninguno e estos tí­tulos), me atreverí­a a aventurar que realmente no valen lo que cuestan, por lo menos a dí­a de hoy. Antes de que de que me quemen en la hoguera por hereje, les pedirí­a un minuto para que me explique, para ello tomaré el ejemplo de Telefónica, ampliamente conocido por todos.

A lo largo de este año hemos visto como trimestre tras trimestre los resultados del grupo han sido muy superiores a los de 2004 e incluso a las expectativas que poseí­an esos seres con capacidades adivinatorias (los analistas).

No obstante, deberí­amos entrar a analizar en detalle esos resultados, para darnos que cuenta que no son fruto de un crecimiento orgánico (es decir que el negocio de la compañí­a no va viento en popa a toda vela, los consumidores no gastamos cada dí­a más en teléfono móvil o internet y no consumimos más servicios de los que se nos ofrecen) sino que provienen de un crecimiento estructural (a través de la adquisición de otras compañí­as que incrementan los resultados consolidados). El año pasado Telefónica compró los activos de Bell South, este año entre otros ha adquirido a Cesky Telecom, una participación del 5% en China NetCom y por último la sonada compra de O2.

Estas compras como es lógico han aumentado los ingresos y beneficios del grupo a tasas superiores al 20%, no obstante ¿han crecido los flujos de caja libre a la misma tasa? (Para aquellos menos familiarizados con el mundo de las finanzas, diremos que los flujos de caja libre, vendrí­an a ser el dinero que realmente genera la compañí­a una vez se ha ajustado el beneficio sumándole aquellas partidas que no suponen un gasto real para la compañí­a como las amortizaciones, y se les ha restado las inversiones que si­ suponen un desembolso real y sin embargo no aparecen en la cuenta de pérdidas y ganancias) La respuesta es clara, estos flujos de caja libre que son los que utilizan los analistas para obtener los precios objetivos de las compañí­as, en el caso de Telefónica no han crecido ni de lejos a las mismas tasas que sus beneficios como consecuencia de los motivos expuestos anteriormente, y no sólo no han crecido sino que es posible que en el presente periodo tiendan a disminuir.

 

Por tanto, nos encontramos con un sector en el que existe una competencia brutal entre los diferentes operadores, los gastos comerciales y de promoción son elevadí­simos con el objetivo de arañar cuota de mercado a sus competidores, las tecnologí­as relacionadas con el sector evolucionan velozmente introduciendo nuevos elementos de presión sobre los operadores, ya sea a través de operadores virtuales o de la telefoní­a VOIP en general y de Skype en concreto ( recientemente en alemania ya tienen Skype sobre telefonia 3G en terminales Motorola), o nuevas iniciativas que puedan surgir de la nada como la ropmedora FON, lo que puede truncar las previsiones de aumentos de los ingresos medios por cliente esperado, al menos, en lo referente al negocio de la transmisión de voz propiamente dicho, otra cosa es si las operadoras serán capaces de vendernos con éxito nuevos contenidos y servicios.

Todo esto me lleva a pensar que las tasas de crecimiento que requiere el sector para que su valoración sea justificada distan, de momento, mucho de las que las compañí­as pueden conseguir, y digo de momento porque también es cierto que en esta lucha llegará un momento en el que el rival más fuerte, al igual que en la ley de la selva, será el que consiga sobrevivir y el que realmente consiga obtener la gallina de los de los huevos de oro, no obstante el problema se nos presenta al resto de los mortales porque deberemos decidir cual de los operadores actuales es el que tiene más posibilidades de sobrevivir, pues lo que parece claro es que, al igual que sucedió con el negocio de internet, en el mercado no existe suficiente espacio para todos ellos.

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