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Aparentemente este mes de Agosto de 2013 está siendo el inicio de la recuperación económica de la Eurozona. Las primas de riesgo periféricas se encogen como pasas, al mismo tiempo que el bono alemán cae de precio (yield al alza) emulando al bono del Tesoro norteamericano. La estabilidad parece que por fin llegó, o al menos la clase política y el establishment mediático occidental así lo bendicen, mientras cruzan los dedos para que la profecía se autocumpla.

Sin embargo las matemáticas son obstinadas. Y la economía también. A pesar de la fe y las opiniones malintencionadas o ignorantes de políticos y analistos, como dijo Galileo: e pur si muove. O sea, que el déficit español, su recesión económica y su deuda impagable, muestran la cruda realidad: Estamos lejos, muy lejos de crecer y de recuperar la solvencia. Por eso las reducciones de la prima de riesgo no son más que espejismos en un desierto de recesión y desapalancamiento que apenas hemos iniciado. Una mejora transitoria e injustificada que es fruto de la propaganda política y de la ineficiencia consabida de los Mercados. 

Al fin y al cabo, es lógico que el aparato propagandístico del poder político y mediático reme en la misma dirección. Y ese rumbo no es otro que el de extender a la población en general el sentimiento de que las cosas están mejorando y se están estabilizando. Porque ese optimismo generalizado suele tener unos efectos positivos que ayudan a reactivar la economía, del mismo modo que, al contrario, el pesimismo ahonda la crisis. Esa estrategia, unida al optimismo innato de todo político electo que trata desesperadamente de ser reelegido, lleva a la mayoría a obviar la situación real y cruda de las economías periféricas.

Pero a pesar de que todos preferimos creer que las cosas están mejorando, sólo es cuestión de tiempo que Mr. Market vuelva, aunque sea fugazmente, a cotizar de manera eficiente los riesgos y las insolvencias de las economías y activos periféricos. Y cuando eso ocurra, lo cual puede ser cuestión de semanas o meses (no creo que queden años para ello), estaremos ya muy cerca del desenlace para el cual se realizó el Experimento Chipre. Es decir, un escenario de rescate interno (bail-in) en el que se confisque todo el valor necesario para rescatar al Estado y a la Banca, tanto de cuentas corrientes como de inmuebles. Y donde los euros españoles -los que queden- ya no volverán a ser jamás exactamente igual que los euros alemanes u holandeses.

Mientras tanto, los que prioricen el resultadismo a corto plazo sobre la seguridad de sus inversiones, podrán disfrutar distraídamente de este espejismo transitorio centrándose en sus rendimientos a 31 de Diciembre, a riesgo de ser amputados en cualquier momento. En cambio, para los que sean conscientes de que la economía española sigue empeorando y que no hay futuro sin una confiscación masiva (otra más a añadir a preferentes y pérdidas en acciones de bancos) y un default o reestructuración de la deuda soberana, los refugios para nuestro dinero siguen siendo las acciones y los bonos de empresas bien seleccionadas del mundo emergente. Invertir allá donde las economías crecen, y hacerlo a través de bancos situados fuera de nuestras fronteras para evitar el riesgo que tiene este país, que es mucho.

La recuparación está llegando, pero no a la periferia europea. La economía norteamericana quizá pueda decirlo con mayor fundamento, aunque no exenta de riesgos encubiertos. Por ejemplo los efectos implícitos de la más o menos inminente reducción de las facilidades cuantitativas (QE), o sea la ralentización de las imprentas de dinero electrónico. Porque esa disminución de los estímulos, a pesar de ser positiva para la economía norteamericana, conlleva el desplome de la cotización de los bonos del Tesoro americano y la pérdida de presión alcista de su bolsa. Ambos activos están tan artificialmente inflados en los últimos años, que su racionalización puede suponer caídas que arrastren a otros muchos activos por contagio. Y ahí es donde, una vez más, será clave la calidad y la solvencia de los activos donde hayamos depositado nuestro dinero. Porque si nos hemos apoyado en activos crecientes, solventes y baratos, sólo será cuestión de tiempo que recuperemos lo perdido (por ejemplo en renta fija) y mucho más. Pero si hemos confiado en activos cuyos fundamentales no son sólidos, o dependían en exceso de los estímulos artificiales de los bancos centrales desarrollados, las pérdidas pueden ser definitivas. Y en estos tiempos de desapalancamiento y de New Normal, es precisamente de esas pérdidas definitivas de lo que deben huir los inversores como si del mismísimo demonio se tratase.

La recuperación puede estar llegando a la economía norteamericana o incluso a algunas del norte de Europa, pero lamentablemente no a la periferia del sur. Digan lo que digan los dogmas de fe y demás discursos ignorantes y/o malintencionados respecto a una estabilidad incipiente… eppur si muove.

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