BCE OMT

En la última semana se han alzado algunas voces prestigiosas que proclamaban abierta de nuevo la veda de caza mayor de bonos soberanos. Nos referimos a la inversión nada menos que en deuda española e italiana. Estas voces son auténticos gurús de la gestión, como Bill Gross de Pimco, Édouard Carmignac de la gestora con su mismo nombre, y otros de su talla equivalente aunque no tan mediáticos. El caso es que las promesas de Draghi están, aparentemente, surtiendo efecto en algunos de los grandes inversores. Y decimos aparentemente, porque no sería la primera vez que alguno de ellos proclama en medios una estrategia, cuando en realidad la que aplica a sus fondos es muy otra.

No obstante, evitando ser malpensados, parece que algunas manos fuertes están retornando a invertir en renta fija periférica, confiando en que el BCE pase por encima del cadáver de Merkel como parece haber prometido. O dicho de otro modo, esperando que Merkel se tumbe al suelo haciéndose la muerta para que Draghi puede pasearse sobre su falso fiambre.

some_text

En cualquier caso, estas compras de deuda soberana periférica no son más que especulaciones que apuestan por el auxilio final del BCE, que es quien tiene la máquina de fabricar euros. O sea, que dicha deuda sigue siendo manifiestamente insolvente por lo que al emisor se refiere. Simplemente, ante la insolvencia del emisor, los especuladores esperan que el BCE fabrique a vencimiento nuevos euros para que se los devuelvan; o bien que sostenga el precio de mercado de esos bonos de forma unilateral y artificial. Es como comprar deuda a un emisor quebrado, pero subvencionado por un ente externo capaz de fabricar dinero nuevo de forma infinita. Extraña forma de invertir, ¿verdad?

La cualidad de emisor soberano, que algunos interpretan ahora semi-recobrada por la periferia, es la que perdió la renta fija de los Estados europeos justo cuando cedimos la capacidad de fabricar moneda a un banco central externo. Entonces nos encontramos de la noche a la mañana con un BCE sin capacidad de emitir, por la inexistencia de un Tesoro emisor europeo, aunque en ese momento a nadie le preocupó puesto que los respectivos Tesoros colocaban su deuda sin problemas. Pero fue en ese instante en el que la deuda soberana europea pasó a ser más deuda que el resto de deudas públicas del mundo mundial. Desde entonces las primas de riesgo de los bonos estatales periféricos comenzaron a cotizar con los criterios de cualquier deuda corporativa, siendo su propia solvencia la única clave de su cotización de mercado. La máquina de imprimir billetes salvadora la habíamos regalado, inconscientes del callejón sin salida al que nos enfrentaríamos cuando llegase la resaca de la borrachera del crédito.

Pero parece que las cosas pueden volver a cambiar. Si el BCE realmente ejerce a partir de ahora un rol de banco central pseudoemisor, y adquiere bonos italianos y españoles como si se tratasen de deuda soberana de la UE (mientras Merkel mira hacia otro lado), estaríamos de nuevo cercanos al escenario de las inversiones tradicionales en renta fija soberana de cualquier país. Es decir, renta fija cuya prima de riesgo es menor que la de la renta fija corporativa porque, en caso de insolvencia, el emisor puede comprar esa deuda a manos llenas y/o fabricar dinero de la nada para devolver los vencimientos. Y eso es lo que, presuntamente, está llevando a algunos grandes gestores a apostar de nuevo por la deuda periférica.

¿Es este un gran negocio? En nuestra opinión no lo es, a pesar de que la jugada les puede salir bien a estos gurús y llevarse un dinerito especulativo a sus respectivos fondos. Pero no debemos olvidar que siempre asumiremos un riesgo menor si invertimos allá donde hay solvencia y solidez contable, en lugar de hacerlo allá donde hay insolvencia con decisiones políticas que nos pueden salvar de la quiebra. Por muy golosa que parezca la apuesta periférica, el riesgo es muy superior al que encontraremos en el mundo emergente bien seleccionado.

Para nuestro dinero debemos preferir renta fija con emisores con fundamentales sólidos, endeudamiento escaso y potentes crecimientos y perspectivas económicas. Y eso ya no se encuentra en el mundo desarrollado sino en el mal llamado mundo emergente (puesto que buena parte ya ha emergido). Por tanto, no caigamos en la tentación de comprar papeles mojados a la espera de que sean subvencionados, porque eso es mucho más arriesgado que prestarle nuestro dinero a un Estado o una empresa emergente solvente y bien seleccionada. Sin ninguna duda. Y lo mismo podríamos decir de la inversión en acciones de empresas emergentes bien elegidas, sin deuda, baratas y con unos balances y perspectivas de expansión inconcebibles para la mentalidad recesiva del mundo desarrollado.

Se ha abierto la veda de la deuda periférica. Pero tened cuidado, no vaya a ser que al final el animal prometido sea un mero espejismo y los cazadores se disparen los unos a los otros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

También te gustará

Empieza la masacre de los Autónomos

Hay cerca de 2 millones de personas físicas que son autónomos en…

Aprobado el canon AEDE. La ley más infame de la historia de internet

Hoy, 22 de julio la Comisión de Cultura del Congreso aprobó con…

Condiciones extraordinariamente desfavorables

Me ha gustado mucho el nuevo verbo creado, o al menos publicado,…