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¿Se ha pasado la bolsa de optimista?

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“Los fondos de inversión baten récord de 5 años” es el titular de portada de Expansión. Según el diario financiero las instituciones colectivas incrementaron el patrimonio hasta los 165.080 millones de euros durante el mes de marzo, un dato que confirma también la buena evolución de la renta variable. Esto es una prueba que los ahorradores han modificado sus preferencias de los últimos cinco años y han evolucionado hacia un perfil arriesgado, ya que las opciones más conservadoras, como son los depósitos a largo plazo, ofrecen pocos beneficios.

Además de productos garantizados y renta fija, la inversión en acciones vuelve a estar de moda. Gusta a los clientes particulares, a las empresas y, como no, también a los expertos. BME informó que el volumen negociado durante el mes de marzo aumentó un 24,5%, y los profesionales que asistieron a las jornadas sobre financiamiento para Pymes recomendaron a las empresas que busquen los recursos financieros en los mercados de capitales, según LasProvincias.es, en sustitución a las entidades tradicionales como son los bancos. La bolsa ha perdido aquella máscara de monstruo intimidatorio que asustaba a quién tuviera cuatro cuartos en el bolsillo.

Una de las propuestas que confirma la buena marcha de las expectativas se encuentra en el mercado de derivados financieros español. Este propone a los inversores negociar futuros basados en los dividendos de las 6 grandes empresas del Ibex (Inditex, Telefónica, Iberdrola, Repsol, BBVA y Santander) y también del mismo selectivo. A través de estos productos los interesados podrán especular en la variación del reparto de beneficios de las compañías. Esta sofisticación financiera da por supuesto un componente elemental; que el dividendo se mantendrá ad infinitum. Un supuesto que hasta hace cuatro días fue incierto incluso en compañías tan consolidadas como Telefónica.

Los inversores prefieren el parqué a otros productos bancarios tradicionales, pero aún les asusta el más pequeño movimiento que hace temblar la economía; sea un conflicto geopolítico o un informe pesimista. Esto se traduce en la volatilidad de los parqués. En cuestión de una semana el Ibex se ha movido más de un 4%, desde los 9.913,10 puntos que cerró el lunes 24 de marzo, hasta los 10.328,9 que llegó el fin de semana. No era un movimiento ascendente en solitario, sino que servía para recuperar el techo de los 10.300 puntos donde ya había llegado a principios de marzo. Es el mismo contexto de inestabilidad que el gestor de Carmignac Gestión, Ignacio Lamas, advertía en una conferencia de estrategias de inversión en la Bolsa de Barcelona.

Es evidente que el mercado de renta variable ha dejado de ser aquel paraíso donde los profesionales batallaban casi en solitario tras el estallido de la crisis. La acumulación de capital de las bolsas, a través de inversiones discrecionales o dirigidas por los fondos, se refleja en las cotizaciones hinchadas de las compañías o la aparición de más nombres nuevos en el parqué. Todo ello porqué los nuevos “turistas financieros” quieren participar de revaluaciones extraordinarias que se han dado en el MAB, con cabezas de cartel como Gowex o Carbures, o tener la suerte de encontrarse en la cartera con una participación de una futura Tesla o un Netflix.

En “The Race is On”, Howard Marks expuso a finales de 2013 un conjunto de motivos para empezar a desconfiar de las cotizaciones del mercado. Aunque su relato no era una llamada a las trincheras, era un clamor, cada vez más compartido entre analistas, hacia el escepticismo. La economía se recupera a marchas forzadas, sobre todo en las finanzas domésticas, pero la bolsa ya hace tiempo que ha pasado página y se está estudiando otro capítulo.

Via The Money Glory

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