Si en el siglo XX se estandarizó la profesión de médico y hoy no podemos imaginar una medicina sin doctores, es más que probable que más pronto que tarde, en el siglo XXI no podamos imaginar la medicina sin la inteligencia artificial aplicada al diagnóstico médico en donde doctores y algoritmos se complementen. Vamos a por un ejemplo:

Hace pocos días Google anunciaba que había desarrollado una herramienta para ayudar a los doctores a diagnosticar el cáncer de mama usando inteligencia artificial.

La herramienta, llamada LYNA (Lymph node assistant) podría algún día actuar como una especie de “corrector ortográfico” para los patólogos, los médicos responsables del diagnóstico de pacientes con cáncer a través de imágenes de sus células.

El tejido que se extrae de los ganglios linfáticos puede ser una forma de detectar si el cáncer de mama de un paciente se ha diseminado más allá de los senos y permite a los patólogos hacerse una idea de cuánto  se ha diseminado un tumor de un paciente y qué tan agresivo podría ser el cáncer.

Google señala que el diagnóstico de metástasis en los ganglios linfáticos (determinar si el cáncer se ha diseminado o no) puede ser bastante impreciso, y en el caso del diagnóstico realizado sólo bajo el ojo humano la tasa de acierto de una muestra individual puede ser ta baja como del 38%. La tasa de acierto en la detección de LYNA es del 99%. 

El comportamiento del algoritmo no deja de ser muy diferente al que puede tener un corrector ortográfico. Detecta a la perfección los errores (si has escrito una v en lugar de una b) pero puede fallar si por ejemplo has escrito dos veces seguidas la misma palabra.
En las pruebas realizadas sobre el algoritmo ha quedado de momento claro que los patólogos que usan la herramienta cometen muchos menos errores en la detección de las células cancerosas en las imágenes que aquellos que no la usan.
izquierda: muestras con ganglios linfáticos  con una pequeña metástasis de cáncer de mama. . derecha: la misma imagen con apoyo de la herramienta LYNA que marca el tumor.

Dentro de unos años, seremos los propios pacientes los que exigiremos que nuestras pruebas diagnósticas no sean analizadas sólo por un médico sino también por una herramienta de inteligencia artificial.

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